5 COLORES

NATALIA

1n

-miércoles 1 agosto-

En Villa Mulos nunca pasa nada. Es un pueblo olvidado y apartado de donde todos quieren irse. Solo quedan campesinos, granjeros y algunos jubilados amantes de la tranquilidad que se respira en estos parajes.

Todos los vecinos se conocen y pasan el rato en la plaza, hablando de sus hijos, sus nietos y otros parientes que viven en la ciudad. Normalmente, solo se comunican con ellos por teléfono, pero ha llegado el agosto y flota la ilusión en el aire.

Remedios le cuenta a su vecino Manuel que hoy llega su familia. Vienen de visita para disfrutar de la naturaleza, la paz y los cuidados de la abuela que, a pesar de sus años, sigue tan complaciente como de costumbre.

****

Alfonso conduce, estresado, con los críos montando escándalo en el asiento de atrás. No le apetece pasar esos calurosos días en el pueblo donde nació, pero su voluntad flaquea frente a la firmeza de los compromisos familiares.

¿Cómo negarles tan esperadas vacaciones a sus hijos?

Se aburrirá, como cada verano, y su hermano pequeño, Doro, le seguirá restregando todos sus éxitos en la vida: dinero, respeto, niños bien educados, una esposa más guapa…

Mira a su derecha, donde duerme su fea mujer, roncando, ajena a los gritos de los niños. El calor le agobia y no para de sudar al volante de su ruidoso coche de segunda mano.

Imagina a su hermano, con su clásica sonrisa de superioridad, conduciendo su nuevo monovolumen con aire acondicionado, con los niños bien sentaditos, atrás, y con su bella esposa; cantando, todos, una alegre canción que refleja su optimista visión de la vida.

Doro siempre fue el hijo favorito, el vivo ejemplo de lo que Alfonso nunca llegará a ser. Gracias a él, a su madre no le falta de nada y vive como una reina. Además, la llama varias veces por semana y derrocha dulzura cada vez que la trata.

Alfonso es un hombre más arisco y de poca conversación. Aunque intenta ser amable con Remedios, siempre se le nota forzado y termina colgando el teléfono prematuramente. Al menos, cuando están en familia, el grupo da fluidez al encuentro y se disimulan sus propias limitaciones empáticas.

Su deshonra no sería tan insultante si se tratara de su hermano mayor, pero, ya a temprana edad, Doro le superaba en muchas cosas: notas, chicas, sueldos, logros varios… Alfonso no es tan resuelto con su vida. Apenas paga las facturas y encima le debe dinero a su querido hermano.

Por fin llegan. Subiendo la colina se encuentra la casa más moderna del pueblo. Conserva toques rústicos, pero tiene todas las comodidades tecnológicas y una vista envidiable. Rodeando la estancia, hay un jardín bien cuidado. Es tan amplio que cuenta con varios niveles que se unen a través de una escalera de piedra. Doro costeó todas esas reformas con sus grandes ganancias en la bolsa, hace unos años.

“Todo es poco para mi madre preferida” repite cada año.

Pronto empezará el escarnio público y la humillación de esas fraternales comparaciones.

Son la seis de la tarde cuando llegan y el Sol aún aprieta. Muchos besos y abrazos aquí y allá. Su madre le dice que está delgado y pellizca los mofletes de sus nietos. Alfonso no da crédito cuando ve lo gorda que se ha puesto su cuñada, y apenas puede contener la risa al contemplar a su sobrino obeso. Parece que la familia de su hermano tiene un problema de sobrepeso.

2n-Doro ¿Dónde está tu hija? Hace tanto que no la veo…-

-Ahora vendrá Fosy, se ha ido a vestir. Los niños estaban en la piscina hasta ahora-

-Ahá, ¿Aún sigue tan estudiosa? Recuerdo que no hacía nada más que leer y estudiar-

Natalia era una niña de lo más sosa. La última vez que la vio, a sus doce años, ya empezaba a estar regordeta también. Usando una regla de tres, en base a la gordura del resto de la familia, intenta imaginar hasta qué punto puede haber engordado la hija de su hermano, quien ya es gordo por naturaleza. El día se está arreglando por momentos.

Los niños se muestran tímidos al principio, pero Alberto ya empieza a gastar algunas bromas a sus recién llegados primos. En ese preciso instante aparece Natalia con un andar tranquilo y distraído. Tiene el pelo aún mojado y va ligera de ropa. Por un momento, de lejos, Alfonso no la reconoce; hasta que su padre la llama:

-Natalia, hija, ven a saludar-

3nAlfonso pierde el aliento mientras contempla esa preciosidad:

¿Dónde está ese tapón con gafotas, hierros en los dientes y el pelo corto de champiñón? ¿Dónde está la gorda sin encanto alguno que esperaba encontrar?”

Ella camina de un modo turbador, luciendo unos pantalones de un tamaño insignificante que dejan ver parte de sus jóvenes nalgas. La camiseta, ligeramente mojada por la humedad de su cuerpo mal secado, tiene una leve transparencia que, junto con su poco grosor, ayuda a vislumbrar el relieve de esos pezones que coronan unas delirantes tetas puntiagudas.

La chica saluda a sus primos y a su tía. Ya de cerca, Alfonso pude comprobar lo tremenda que está su sobrina y se ve sumergido en un sofocón dramático. Empieza a notar una repentina presión en sus pantalones. Quiere sentarse, pero no hay sitio. Natalia habla con su padre y parece que ignora a Alfonso que, violento, se siente desnudo y temeroso de que alguien note su incontrolable erección.

Ella se queda un momento en blanco, como si se hubiera olvidado de algo, hasta que, al fin, tropieza con la mirada de su tío. Con una sonrisa, se acerca para darle esos dos besos de rigor protocolario y se aparta, sin más, para hablar con la abuela.

Alfonso ha aprovechado que nadie le presta atención y se ha ido un rincón. No puede creer que su tienda de campaña haya pasado inadvertida.

Todo el mundo actúa como si nada; como si nadie se diera cuenta que esa niña va enseñando su precioso culo, como si nadie viera que lleva la camiseta mojada sin sujetador, !Cómo si nadie viera lo buenísima que está!

-jueves 2 agosto-

Alfonso se despierta solo, en la cama de la caseta de la piscina, su “espacio de invitados residuales”. Mira el reloj y se siente molesto al comprobar que son las doce del mediodía y nadie le ha despertado, pero piensa:

¿Qué más da?

Por la noche, la abuela le dijo a Natalia que se vistiera para cenar, pero, en la retina de Alfonso, quedaron grabadas esas sobrecogedoras imágenes que le llevan camino de la obsesión.

Después, durante la ducha, volvió a empalmarse y, sin dejar de pensar en su sobrina, tuvo que machacársela, hasta llegar al tercer orgasmo, para sentirse mínimamente aliviado. Aun así, no consiguió conciliar el sueño hasta altas horas.

Los gritos de los niños, jugando en la piscina, son lo que le ha despertado. Aparta las cortinas y los ve. Los ojos se le ponen como platos al comprobar que Natalia está con ellos, luciendo su escueto bikini blanco.

¿Cómo pueden jugar con ella como si fuera un niño más? Mis hijos tienen seis y siete años, y el gordo de Alberto diez, pero aun así…

De pronto, la chica se acerca a la ducha del jardín, justo al lado de la ventana tras la que se encuentra su tío. Alfonso se incomoda y la saluda con la mano, pero ella no le ve, pues la habitación está oscura y el Sol refleja por afuera, o puede que sea cosa del cristal.

Natalia empieza a ducharse ignorando que su tío la mira, babeando, apenas a un metro. Vigila que los niños no la vean y se sube la parte de arriba para sentir mejor el agua fría sobre sus increíbles pechos adolescentes.

4n

Al otro lado del cristal, Alfonso entra en shock al ver esas tetas turgentes tan de cerca. Ella mira su propio reflejo y se gusta. Posa para sí misma y, sin saberlo, también para su tío. Practica miradas sexys y se masajea sus preciosos pechos mojados.

Con la polla tiesa como nunca, su tío sufre convulsiones pélvicas y, tras bajarse el pantalón del pijama, se corre en el cristal de la ventana sin si quiera tocarse. Es tanto su desahogo que cae el suelo medio inconsciente.

Alfonso no da crédito a lo que ha pasado. No se considera eyaculador precoz. Puede que se le hayan cruzado los cables ante una situación tan inverosímil. Después de limpiar cómo ha podido el pringue, se ha limpiado él un poco. Ahora se encuentra tomando el Sol con los ojos cerrados.

Los niños siguen jugando, pero Natalia, después de su excitante ducha, ha subido otra vez a la casa. Su tío no puede parar de pensar en lo cachondo que se ha puesto en pocos segundos, en la tensión asfixiante de su propia calentura y en el chorro catártico que le ha dejado tumbado en el suelo, exhausto de placer, después de salpicar el cristal.

Los minutos van corriendo, cada vez más suaves y, finalmente, se queda dormido en la tumbona.

Los niños no callan, pero no le molestan. Juegan a la guerra con las pistolas de agua. Cuando uno es alcanzado se cae y no se puede levantar hasta que la enfermera le cura. Ahora que no está Natalia, el enfermero es Toni, el hijo menor de Alfonso.

Una voz femenina le rescata de repente de sus confusos sueños:

-!Alberto! Dice mamá que subas-

-Natalia, Natalia, ven aquí, mira esto…-   le contesta su hermano.

Los tres niños tienen los rifles de agua cargados y se esconden para tenderle una emboscada. Valentín, casi no puede contener su entusiasmo y le hace la señal del silencio a su padre.

-¿Qué pasa?-   un poco molesta por haber tenido que bajar las escaleras.

5n

Los niños la asaltan en medio de gritos histéricos y la rocían, mojándola bien, mientras ella intenta escapar corriendo. Se enfada airadamente, pero, en cuando se hace con el rifle de su hermano, empieza a repartir agua a diestro y siniestro.

Alfonso lo mira todo con cara de tonto. No se ha despertado por completo y está un poco mareado por tanto Sol.

Esos críos no paran de correr y Natalia les persigue con la camiseta totalmente mojada. La tela se le pega al cuerpo transparentando sus tetas, las cuales no paran de balancearse al ritmo de sus juguetones movimientos. Sus pantalones son más cortos, si cabe, que los del día anterior. Esa tela es tan fina que revela, con atrevida elocuencia, el relieve de esas nalgas de infarto.

Acalorado, su tío no le quita ojo:

!Ese culo debería de estar prohibido! ¿Cómo le permiten ir vestida de ese modo? ¿Cómo se puede ser el padre de una nena así sin querer follarla? Yo no podría

La vergüenza ajena se transforma, rápidamente, en una tensión fálica que hincha su miembro con cada latido.

De pronto, el gordo de su sobrino resbala y cae en la piscina. Alfonso, aún un poco atontado y con la polla tiesa, sale corriendo para rescatarle, pero, antes de lanzarse, resbala él también y cae.

Al niño no le pasa nada, pero él se ha golpeado la cabeza y está desorientado. Ha hecho un buen sprint y ha caído en la parte poco profunda de la piscina.

Alberto está ahí, mirándose sus arañazos. Toni, consternado por la violencia de la caída de su padre, se acerca para percatarse de su estado.

Alfonso se siente extrañamente ligero en el agua y repara en que su bañador ya no le cubre. Ha sido una buena hostia y, mientras caía, la tela se le ha enganchado en la escalera metálica, se ha roto y ahora se encuentra totalmente desnudo.

Valentín ha llegado corriendo y Natalia viene caminando. Toni está asustado:

-Papá… ¿Qué te pasa en el pito?-   señalándolo con el dedo.

6n

El pollón de su padre sigue tieso a reventar a pesar de agua fría. Sin pensar dice:

-No te preocupes hijo; es que estoy enfermo y a veces me pasa esto-

Presenciando la escena, Valentín le dice a su hermano:

-Tú eres el enfermero. !Cúrale!-

Alfonso lo mira sin entender el sentido o propósito de esas palabras. Natalia acaba de llegar y se muestra extrañada. Toni, sobrepasado por las circunstancias, protesta:

-!Yo no sé! Natalia es la enfermera jefa. Mira Natalia, mi padre está enfermo, mira lo qué le pasa en el pito. !Cúrale!-

La chica guarda silencio y, levantando las cejas, emite un suspiro de resignación. Se mete en el agua mientras todos la miran pendientes de lo que hará. Alfonso está terriblemente avergonzado; la situación le supera. No sabe qué hacer ni que decir y no entiende lo que dicen los niños.

¿Quién es enfermero? ¿Quién me puede curar? ¿Alguien se cree que realmente estoy enfermo? Mis hijos son pequeños y tontos, pero: ¿De verdad que no entienden que su prima está tan buena que me ha puesto a cien con sus micropantalones y su camiseta mojada?

Se siente desnudo y vulnerable. El golpe le ha dejado grogui y el irreparable bochorno le tiene paralizado. Su mirada, oscilante, recorre, uno por uno, a los niños hasta centrarse en Natalia que, inesperadamente, le coge la polla con fuerza y dice:

-Estás muy enfermo. Esto es muy grave. Si no intervengo te podría explotar el pito, suerte que soy la enfermera-   con cierta soberbia.

Ya no está tan duro, pero todavía conserva un gran tamaño. Natalia empieza a sacudirlo violentamente y, en pocos segundos, recupera su máxima solidez. Alfonso contempla, fascinado, como su sobrina escupe sobre su nabo, una y otra vez, mientras usa sus dos manos para recorrerlo con entusiasmo; acompañándose del hipnótico movimiento de sus maravillosos pechos mojados. Observa a sus hijos y a su sobrino, quienes no se pierden detalle.

El pensamiento de ese jubiloso paciente empieza a nublarse. La fragilidad de su desnudez, el dolor del golpe en la cabeza, la insolación, el miedo a que un familiar adulto les sorprenda, el temor a las ideas que estarán pasando por la mente de los niños… son sensaciones que han perdido su razón de ser y que se han unido en una lujuriosa mezcla que intensifica su gozo, disparado frente a la subida del rimo de Natalia y sus jadeos:

7n

-Mh… … sí… … va… … ahora, un poco más, mmsi… … ya-

-!!JoooOh Natalia!!-

El chorro sale tan presurizado que se eleva varios metros, dando un licuado sonido a cada contracción fálica.

****

Durante la comida familiar, ninguno de los demás adultos percibe nada; a pesar de la mirada perdida de los niños, que están extrañamente callados. Alfonso intenta adivinar qué es lo que pasa por sus cabecitas traumatizadas.

Natalia, en cambio, actúa como si nada hubiera pasado y sigue bromeando, alegremente, con la familia.

8n

Alfonso solo puede pensar en lo que ha ocurrido hace poco más de una hora. Apenas ha probado la comilona de la abuela.

La chica se ha cambiado, pero, aun así, y a pesar de haberse corrido varias veces hoy, su tío sigue completamente fascinado por ella. Natalia lo ignora por completo; ni lo mira.

Después de los postres, Doro lleva a los niños a la cabaña del río. Un refugio que construyó, con su hermano, cuando los dos eran pequeños. Natalia prefiere irse a tomar el Sol.

Cuando las mujeres terminan de recoger la mesa, se disponen a fregar los platos.

Alfonso se ha quedado solo en la terraza. Se levanta y baja, muy lentamente, los escalones que conducen a la piscina. En un mar de dudas, solo está seguro de algo: quiere follar con su sobrina; y es que la manera en que ella le ignora hace que la desee todavía más.

Cuando llega, Natalia está tumbada bocabajo, leyendo un libro, sobre su toalla de Hello Kitty. Él intenta entablar conversación torpemente, pero ella lo desoye:

-Que calor ¿Eh Natalia?… … ¿Cómo te van las cosas?… … ¿Qué tal los estudios?… … a ver si te quedarás dormida al Sol ja, ja, jah-

Ella a penas contesta con un “bien” sin interés.

-Verás, estoy muy enfermo y cómo tú eres enfermera…-   dice inseguro.

-Eres un asqueroso. Déjame en paz. Cómo se lo diga a papá…-   asediada.

-Nonono, tranquila. Era una broma. No quiero molestarte-   reconciliadoramente.

Se queda allá plantado unos momentos, de pie, mirándola con cara de tonto. Ella suspira y dice:

-¿Qué quieres?-

-Emmm, nada Natalia, lo que estaba pensando que hace mucho Sol y no creo que sea bueno para tu piel estar…-

-Cállate anda-

-No, de verdad: creo que mi mujer tiene crema solar. Espérate que la voy a buscar-

Va y viene a toda prisa. Al llegar, ya sin su camiseta, dice:

-Aquí la tienes-

La chica sigue ignorándolo por completo y no despega los ojos de las páginas de su tomo. Sin pensarlo demasiado, Alfonso quita el tapón y le echa un chorro en la espalda. Ella ni se inmuta hasta que su tío empieza a masajearle la espalda para esparcir la crema. Natalia parece inquietarse al sentir sus manos. Después de otro profundo suspiro protesta:

-Joh tío, qué cansino eres-

Alfonso no se da por aludido y sigue con lo suyo, pero la cantidad de crema es demasiada. Decide aprovechar el excedente para rebañar bien las nalgas de su infartante sobrina. La braguita del bikini le estorba, así que decide deshacer los nudos laterales que la mantienen sujeta y lanzarla bien lejos.

Natalia pasa una de esas páginas y no reacciona a los tocamientos. Su tío aprovecha para realizar el magreo de su vida, manoseando con intensidad ese precioso culo quinceañero.

A los dos minutos, ella se da la vuelta, irritada, y lo aparta con un “!Quitaah!”. Se desprende también de la parte de arriba y dice:

-No quiero tener las tetas blancas. ¿Hay más crema?-

Alfonso sujeta la botella y le dispara un chorro, todavía más exagerado, sobre los firmes pechos de su sobrina. Ella pone mala cara. Todavía de rodillas y tras un “xcht” molesto, le da la espalda. Su nueva pose no impide que su tío, desde atrás, deslice sus largos dedos hasta sus juveniles senos. Natalia se deja tocar con indiferencia. Esas grandes manos se mueven rápidamente, como si quisieran tocarla por muchos sitios a la vez. Le estruja tan fuerte las tetas que la chica emite otro chasquido de enfado. Cuando su tío ha recorrido ya casi todo su cuerpo ella le dice:

9n

-¿Eres tonto o qué? ¿Ni esto sabes hacer bien? Mira cómo me has puesto. !Estoy tan  pringada que doy asco! !¿Qué quieres que haga con tanta crema en las tetas?!-

-Natalia… … no te enfades… … deja que intente limpiarte-

-!Quitaaaa!… … Túmbate. Te voy a pasar la crema que me sobra-

Alfonso, emocionado como nunca, se tumba en la toalla, bocarriba, y deja que su sobrina restriegue sus tetas saturadas de crema sobre su propio pecho. Intenta tocarla, pero ella se lo prohíbe y le sujeta las manos sobre el césped.

-Quieto. Ya me has tocado suficiente. Si no te estés quieto se lo voy a decir a mi padre-

Alfonso intenta bajarse el bañador al tiempo que su sobrina se desliza encima de él con su resplandeciente y resbaladizo cuerpo completamente desnudo.

Por fin, su polla queda liberada. La nena sigue moviéndose, horizontalmente, empeñada en transferirle hasta el último chorretón de crema que aún permanezca en ella.

El pene de su tío se ve vapuleado por esos incesantes vaivenes hasta que, de pronto y como por accidente, esa enorme polla entra en el coño de la chica impulsado por uno de sus viciosos movimientos. Ella se detiene y lanza un “!Oh!” de sorpresa. Como si no supiera lo que ha pasado.

Mantiene cara de extrañada hasta que rompe su quietud con una ráfaga de movimientos pélvicos en círculos. Empieza a gemir, aceleradamente, mientras se mueve a toda prisa.

Alfonso nota cómo todo su ser se proyecta a través de su miembro viril, se siente tan bien acogido dentro de su sobrina que nada más parece importarle ya en su vida.

Ese ajetreado tráfico genital le proporciona más gozo del que ha sentido en toda su vida, haciendo que todas sus frustraciones y sus complejos familiares quedan muy lejos.

10n

Se trata de un placer que trasciende a muchos niveles físicos, pero sobre todo mentales.

Durante unos minutos extasiantes, follan como locos ajenos a cualquier prejuicio que pudieran suscitar tan censurables actos.

Alfonso se estremece en silencio y se corre mientras Natalia no para de moverse haciendo sonar sus choques a modo de palmas. Él no es capaz de detenerla a pesar del dolor. Ella se pronuncia al respecto:

-Sí… … sí… … sí… … sí… … SÏIÏ-

Su polla consigue mantenerse los instantes suficientes para que la niña se corra en medio de esos alarmantes y desinhibidos gritos de placer. Sus movimientos se ralentizan al tiempo que el pene de su tío empieza a flojear. Dicho pedazo de carne, ya sin consistencia, se queda fuera en uno de esos últimos impulsos. Natalia, exhausta, intenta recuperar el aliento con el pelo mojado encima de la cara de su tío.

Alfonso por fin se siente como un triunfador y agradece el haber venido a Villa Mulos de vacaciones. Desearía poder restregarle, a su querido hermano, lo que acaba de hacer, pero el sentido común más elemental se lo impide. Ni siquiera tiene la seguridad de que las mujeres de la casa no se hayan percatado.

 

****

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HELENA

1h

-sábado 4 agosto-

Hoy es el cumpleaños de Julio. Ha sido un día intenso repleto de atenciones: primero en el trabajo, luego los vecinos y amigos y, por último, su familia le ha montado una fiesta sorpresa en su casa. En medio de tanta expectación, justo antes de soplar las velas, ha pensado bien su deseo:

Quiero volver a tener diecisiete años y olvidar mi vida presente

Ha soplado y, al sentir los aplausos y el jaleo, se ha sentido mal; no solo por seguir ahí, sino por haber deseado algo tan ruin.

No es que no quiera a su mujer o a sus hijos, no es que deteste su trabajo, no es que aborrezca a sus vecinos ni que ya no crea en sus amigos; pero la vida que lleva: su día a día, la rutina, las responsabilidades… Nada le ilusiona y está en crisis.

Recuerda cuando era un chico y todo era diversión. Lo único que importaba era la fiesta, los amigos, las chicas.

!Qué chicas aquellas!

Su mujer, Adriana, está mayor y gorda. Cuando la mira no ve en ella nada de lo que le cautivaba. Lo de sus hijos podría ser peor: Álvaro, de doce, es muy gamberro y Helena, con solo quince, empieza a ser un poco zorra. Lo de la niña es lo que lleva peor. Ya se lo temía hace años:

De la manera que crece la juventud hoy en día…

    Su amigo del trabajo, Aaron, ya le dice:

“¿De verdad te crees que tu hija no folla como una loca a tus espaldas?”

 “!Qué falta de sensibilidad! !Si solo tiene quince añitos! Es normal que quiera salir y probar cosas nuevas, pero…

Julio hace ya tiempo que va de caída, pero cumplir los cincuenta es un golpe de efecto. No se debería sentir fracasado. Tiene un montón de dinero, una casa bonita, un puesto de importancia en la empresa, respeto…

-domingo 5 agosto-

Al amanecer, Julio intenta tomarse la vida con más serenidad. No ha dormido bien y está un poco atontado, a pesar de la ducha que se está dando. Hoy es el primer día de una nueva etapa. Se propone dejar sus penas y preocupaciones atrás junto con el número cuatro que precedía su edad hasta ayer. Cuando sale de la ducha, encuentra a su hija lavándose la cara.

-Hola papá. Buen pito. !ja, ja, jah!-   con toda naturalidad.

-!Helena! pe.pero qué, pero…-   tartamudeando.

Helena se ríe…

KIANNA

1k

-viernes 17 agosto-

Carlos es un poco tonto. Nunca fue resuelto en los estudios y mucho menos con las relaciones personales. Era el blanco de las burlas de sus compañeros; el típico niño que recibía collejas en clase. Eso le llevó a ser introvertido e inseguro. Al crecer, sentía pánico solo de pensar en hablar con una chica que le gustase.

Los años fueron pasando y, después de fracasar en estudios y empleos, su madre, resignada, le asignó la tarea de ocuparse de la limpieza y las chapuzas en los apartamentos que tiene en Salou: un pueblo turístico en la costa. Viene gente de todas partes; se entregan a la playa por el día y a la fiesta por la noche.

Carlos no es mal tipo. Está lleno de complejos y miedos, pero parece que ha encontrado su sitio en el mundo. Ocuparse del mantenimiento se le da realmente bien: es un manitas.

Las antiguas frustraciones han quedado atrás y, entre otras cosas, ha tirado la toalla respecto a sus relaciones personales. A sus treinta años, sabe que nunca le gustará a una chica y ni si quiera se plantea intentarlo. Con esta mentalidad, siente que su existencia es más ligera; aun así, no puede evitar sentir que algo arde en su interior cada vez que una chica guapa está cerca de él y eso le turba sobremanera; sobre todo en esta época del año. Casi no puede salir a la calle. Está lleno de chicas guapas, ligeras de ropa, jóvenes y juguetonas.

Carlos es consciente de que hay chicos que salen de pesca cada noche y se follan a muchos pibones de esos durante el verano. Eso le hace enrabietar:

!!Qué injusto es el mundoooh!!!

Ha pensado incluso en esterilizarse para librarse de esa ansiedad veraniega, pero no se atreve a planteárselo a su madre. Además, la poca seguridad que tiene en sí mismo se la da su enorme pene. ¿Quién sabe dónde caería su autoestima si perdiera su vigor?: con una mente tan obsesiva y paranoica…

“Mejor dejarlo todo como está y pensar en las cosas buenas que me da la vida: la suerte que mi familia sea adinerada y de que yo pueda contribuir, a mi manera, sin ser una carga, tengo salud, dinero y una madre que me quiere”

Por un momento se siente afortunado con estos pensamientos positivos. Camina por la calle abarrotada, mirando al suelo, como de costumbre, para no ver a las tremendas jamelgas que le perturban. De repente, choca violentamente con un enorme alemán que le insulta enfurecido. Carlos se queda pasmado viendo cómo el tipo se da la vuelta y sigue caminando sin dejar de emitir palabras malsonantes; claro que con el alemán nunca se sabe; a lo mejor está diciendo lo bonito que es el día.

Cuando todavía no ha apartado la mirada de su enfurruñado compañero de acera, este se desvía y, tras de sí, aparece, caminando de frente, una chica con unos muslacos de lo más apetitosos. Son gruesos y morenos y sus pequeños pantalones no alcanzan a cubrirlos ni un poco.

Él sigue acercándose. Al pasar por su lado, Carlos se cruza con su mirada y se encuentra con una cálida sonrisa exótica. No es de una belleza incontestable, pero su cara de guarra termina de encender la ardiente llama lujuriosa del chico; incendiada como no lo estaba hacía mucho tiempo; quemando, incluso, su protocolo de comportamiento que tanto le ha ayudado a mantenerse estable estos últimos años.

Disimuladamente, empieza a seguirla fascinado por ese enorme culo que se contonea a cada paso. Ella va con sus padres, pero él ni si quiera los ha visto. Después de un breve recorrido por el paseo marítimo, llegan a su apartamento, a pie de playa. Para sorpresa de Carlos: es uno de los apartamentos que regenta su madre.

Se queda allá plantado. Asomado entre los arbustos, mira si ve algo por las ventanas. Sus pensamientos, habitualmente tan pausados, fluyen ahora con una rapidez inaudita:

La chica me ha sonreído. ¿Hablará algo de español? Tengo una copia de las llaves. ¿De qué país habrá llegado? A lo mejor se reía por haber visto mi encontronazo con el alemán. ¿Se bañará desnuda en la piscina cuando sus padres no están? Ella me pone tan, tan cachondo… ¿Podría colarme y espiarla?…

Ideas y preguntas se suceden sin ningún orden ni propósito, fundamentando los cimientos de una nueva obsesión.

ÁNGELA

1a

-domingo 19 agosto-

En casa de Ángela está todo siempre muy limpio y reluciente. Vive con su marido y con su hija en una zona adinerada; a las afueras de la ciudad.

Mientras termina de limpiar el suelo del comedor, escucha voces en el cuarto de Sara. Había olvidado que había alguien más en casa.

Nico, el novio de su hija, está con ella jugando a videojuegos. Ángela está un poco preocupada porque, a sus diecisiete años, Sara no tiene amigos ni sale nunca con nadie. Ahora que ha encontrado novio, espera que haya algún cambio en su actitud y deje de ser una niña tan friki. Puede que se le quite la mala uva y no sea tan cerrada y antipática.

Pepe está fuera. Es presidente de un club deportivo. Está muy poco en casa y, cuando está, solo habla de fútbol; de lo importante que es su trabajo y de lo estresante que es su vida. Se ha convertido en alguien lejano, diferente al hombre con quien se casó.

Nico se agobia observando cómo su novia repite, una y otra vez, el mismo circuito, con su moto virtual, intentando mejorar su marca. Él, con la mirada perdida, no deja de pensar en los pechos de su madre: unas tetas cómo no había visto en su vida.

Desde que la vio por primera vez, el martes pasado, lleva días cachondo perdido pensando en ella. Ese día no iba tan ligera de ropa; y es que hoy hace calor. Ángela lleva unas prendas cortas y ceñidas y sus generosas carnes asoman por todas partes.

Sara sigue dándole a los botones con entusiasmo y rabia. No parece tener ninguna clase de inquietud fuera de la pantalla.

Cada vez que Nico intenta un acercamiento, ella lo ahuyenta; como si de una mosca cojonera se tratara. Empieza a pensar que no llegará a follar nunca con ella. Para su sorpresa, se da cuenta de que eso no le entristece demasiado. Solo quiere salir ahí fuera y arrancarle la ropa a su madre para poder besuquear y lamer bien esas enormes tetas.

-¿Has perdido ya?-   le pregunta él con hastío.

-!No todavía no! Una partida más !es la última!-

-!Joh! !Eso mismo has dicho en las seis anteriores!-

-!Ala! !Exagerado!-   negando con la cabeza.

-¿Está tu madre por ahí? Voy a por un vaso de agua-

Ángela está lavando un par de platos que la joven pareja ha dejado al merendar. Nico la observa, sigilosamente, admirando su espléndido culo apenas enfundado dentro de un cortísimo pantalón blanco de tela fina. Hipnotizado, ni si quiera puede reaccionar a tiempo cuando ella le sorprende repasándola.

SANDRA

5 SANDRA

Sandra es una niña muy mala que siempre habla en clase. Hoy, el profesor de lengua, que es también el director del colegio, le ha castigado sin recreo. En lugar de salir a jugar, ella tendrá que escribir una redacción. Poco puede imaginar, el señor Aguado, las consecuencias de su elección para la temática de tal castigo.

Lo que más me gusta es… – por Sandra Castillo.

Lo que más me gusta es poner cachondos a los viejos. Sé que apenas he cumplido once años y que, para la mayoría de los nenes de mi clase, solo soy una niña gorda. Pero parece ser que mis redondeces llaman mucho la atención de los abuelos. Acostumbrados, quizás, a estar tan arrinconados por la sociedad, piensan que nadie repara en su conducta vergonzosa y miran mi cuerpo con poco disimulo.

La primera vez que me di cuenta fue en la piscina. Me sentí sorprendida, sucia, avergonzada… pero a medida que me siguió ocurriendo, me fue gustando más y más. Disfruto tanto con sus miradas pervertidas, que suelo ir a jugar al parque con mi hermanito solo para sentirlas. Allá está lleno de abuelos: jugando a la petanca, echando comida a las palomas, con los nietos…

Solo llegar, empiezo a montar escándalo y en pocos minutos ya noto su calentura. Luzco ropita especialmente escogida para la ocasión: prendas cortas, infantiles… que se presten a “accidentes”. Salto, bailo, corro y me contoneo mientras voy echando miraditas insinuantes a cada uno de los viejos que, perplejos, apartan la mirada avergonzados. Me encanta imaginar sus pollas, flácidas por tanto tiempo, hinchándose poco a poco…”

!¿Pepeppero qué le pasa a esta niniña?! !¿Ququé es esto?!

El señor Aguado está descolocado. No entiende lo qué está ocurriendo. Un gran sofoco invade su ser mientras lee tan inapropiada redacción en su despacho. Se mezclan, con su sorpresa, sentimientos de excitación y vergüenza. Debe reaccionar y cortar esto de raíz:

-!Mario! Mario, escucha: ve a buscar a Sandra Castillo a 6º A y dile que venga a mi despacho ahora mismo.

El becario obedece sin alterarse por los malos modales del director, que siempre lo menosprecia.

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