PAPÁ ME QUIERE MÁS A MÍ

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ENSÉÑAME A BESAR

1 enseñame a besar

-viernes-

 

Katia y Selena andan por el puente cogidas de la mano. Unos metros por detrás, les siguen sus padres de bracito. Mariela comenta el inesperado final de la película de esta tarde cinéfila en familia. Daniel va asintiendo y soltando algún monosílabo, pero su cabeza está en otro sitio. Mientras mira a sus hijas piensa si no debería ponerse más firme con el asunto de la vestimenta.

Es cierto que los tiempos han cambiado, es cierto que todas las chicas visten así ahora en verano, es cierto que ya tuvo suficientes broncas el año pasado con el asunto… A pesar de ser el único hombre de la familia, parece que no es él quien lleva los pantalones en casa. Su enojo habla en silencio:

Para pantalones: los que llevan las niñas !Eso no son pantalones ni son nada! ¿No podrían hacer los bolsillos más largos? Si se trata de que sobresalgan más allá del alcance de la tela, ese sería el modo. De lo contrario, esas prendas transgreden los límites más elementales de la decencia. El año pasado ya vestían corto, pero algo ha cambiado. ¿Puede que con quince años llenen mejor sus ropas? !Demasiado bien!

El calor de medianos de junio todavía no es lo suficientemente firme cómo para sobrevivir a esas últimas horas del día. Más allá del resplandor de las farolas, reina una oscuridad, casi absoluta, por la que se adentra el río Aguado. Se escucha, a lo lejos, la voz de unos enormes árboles de hojas perennes peinadas por la suave brisa primaveral. El sonido acompasado de los zapatos de Mariela contrasta con el sigilo por el que transitan los pasos de goma del resto de la familia.

Dani está intrigado por los cuchicheos de sus hijas. Últimamente le ponen muy tenso. No se lo explica:

Puede que sea por el estado alterado que me produce la medicación que me recetó Maite, o la imperiosa necesidad que tengo de impedir que ningún chico se acerque a mis niñas; es posible que mi inquietud tenga algo que ver con esta especie de rivalidad que tienen por ser mi preferida…

Este juego siempre ha existido, pero antes no implicaba ningún equívoco: no ocurre nada si tu hija de seis años te da un beso en la boca, no es raro si a los ocho se empeña en ponerte crema solar en el pecho, no es censurable que a los diez se siente en tu regazo y solo una mente viciosa vería vergonzoso jugar a las cosquillas con ella a los doce o pegarle un cachete en el culo con catorce. El caso es que muchas de esas pequeñas cosas han seguido ocurriendo ahora que están a punto de cumplir dieciséis.

Hay algo todavía más preocupante que esta clase de comportamientos. Se trata de algo más intangible: algo que hay en sus ojos, en su tono de voz; algo que entrañan esos inocentes roces recurrentes; la manera que tienen esas manos traviesas de salpicar lo cotidiano de indecencia…

Día a día, Katia y Selena premian a su padre con una ternura familiar que se nutre de una serie de caricias desprovistas, aparentemente, de connotaciones sexuales: caricias en la calva, en las orejas, en el cuello, en la cara y, de un modo pretendidamente accidental, en la boca: cómo pidiendo ser besados. Sus carantoñas suelen terminar con un último gesto de propina, antes de perder el contacto, tan innecesario como significativo que parece decir: “Quisiera más” refrendado por una mirada seductora y fugaz que añade: “¿Te das cuenta?”.

Ese perfume solo se huele de cerca. A menudo, Mariela presencia dichos juegos y nunca se ha dibujado un mínimo atisbo de desaprobación en su rostro.

Mientras estas ideas transitan alborotadamente por su cabeza, Daniel se sorprende a si mismo mirando el enlace de los dedos de las niñas, así como el hipnótico balanceo de unas jovencísimas nalgas adolescentes, a duras penas enfundadas en unos pantalones estudiadamente estropeados.

 

-¿Por qué hacen eso?-   dice contrariado.

-¿El qué?-   contesta Mariela cómo despertando de repente.

-Cogerse de la mano. Ya son mayores-   refunfuñando.

-Déjalas Dani. ¿Cuántos padres quisieran que sus hijas se llevaran tan bien?-

-Bueno, cuando se enfadan tienen tela marinera-   con un suspiro de resignación.

-Chillan mucho, pero solo son rabietas de niña pequeña-   condescendiente.

-Sí, ya pero… !¿Pero qué?! !!¿Has visto ese negro?!! !!!!¿Pero tú qué miras negro?!!!!-

 

****

 

Daniel no puede dormir. No es por los leves ronquidos de su mujer, ni por el viento que azota las ventanas. Se le ha quedado clavada la mirada de sus hijas después de que él arremetiera contra ese mirón baboso.

Solo las ha ojeado discretamente al cruzarse con ellas. ¿Por qué me hierve la sangre así?He perdido los nervios. Me merecía un buen puñetazo

El hombre le ha mirado como a un loco; eso le importa poco, pero ellas… No lo entendían. Ni siquiera logra recordar lo que le ha gritado. Solo recuerda haber avergonzado a su familia.

Sabe qué si él fuera también un negro joven, con un buen pollón de negro, hambriento de chochetes jóvenes, tampoco habría podido evitar un buen repaso a tales bellezas; no con esas ropas tan cortas y ajustadas.

Con los ojos como platos fijados en el techo, pasan las horas farragosamente. Siente cómo esa inquietud que tiene con las niñas empieza a convertirse en una obsesión. Aun así, no tiene la más mínima intención de comentarle nada a su psicóloga. Ella siempre lo vincula todo a el sexo y a ciertos vínculos primarios de fondo erótico con las personas más inadecuadas; eso le incomoda sobremanera.

No, no es nada. Solo se trata de una fase por la que estoy pasando. Me estoy emparanoiando a base de bien. Tengo que dejar de imaginarme todas estas cosas. Suerte que mañana es sábado y no tengo que madrugar

 

-sábado-

 

El sol se esconde tras el horizonte un día más. Por la mañana, Daniel ya se ha percatado de que la obcecación de la pasada noche quedaba atrás y que, después de haber dormido un puñado de horas, todo se relativizaba. En el almuerzo nadie ha hecho mención del desagradable incidente que perpetró junto a ese individuo de piel oscura y todo ha vuelto a la normalidad.

En el salón, las niñas están mirando un reality cutre y se ríen de sus protagonistas mientras él, sobre la mesa, pone un poco de orden en su portátil. Trabaja concentrado hasta que levanta la vista y se encuentra con que Katia y Selena se están comiendo la boca, la una a la otra, sobre el sofá. Se queda pasmado sin saber reaccionar. Los instantes permanecen suspendidos mientras Daniel intenta asimilar lo que ocurre con la respiración detenida.

De pronto, Selena repara en la mirada estupefacta de su padre e, instantáneamente, contagia la dirección de sus ojos a Katia. Las dos estallan en una carcajada mientras intentan explicarse:

 

-No papaáh, no..no es lo que pa..parece-   consigue pronunciar Katia.

-Solo me está, me está enseñando cómo besar-   completa Selena.

-¿Para qué necesitáis aprender eso si ni siquiera tenéis novio?-   casi sin vocalizar.

-Katia sí que tiene-   mirándola con picardía.

-!Ssssssh! !Tiaaaaah!-   replica su hermana escupiendo indignación vehementemente.

-No pasa nada Katia, es normal-   dice Selena abriendo mucho los ojos y los brazos.

-No es novio-novio-   intentando tranquilizar a su padre   -Es solo un… un novio-

-!Es un skater!-   dice Selena para complicar aún más la situación.

-!!!Tiaaaaaaaaahh!!!-   aún con más desespero.

 

Dani no sabe qué cara poner y opta por callar. Es bien sabido, en el seno familiar, que odia irracionalmente a los skaters: ese aire modernillo y molón, ese pavonearse sin camiseta haciendo acrobacias sobre un juguete infantil, esa improductividad rodando arriba y abajo de las rampas durante tardes enteras, esos tortazos consecuencia del escaso ángulo visual que provocan unos flequillos tan poco razonables, esa absurda admiración que provocan en las chicas…

La pesadilla se ha hecho realidad. Temía que este día llegaría. No hay nada que yo pueda hacer

Baja la mirada y finge que sigue con lo suyo. Ensimismado, escucha unos leves sonidos salivales. Katia vuelve a instruir a su hermana mordiéndole el labio inferior. Aún aturdido por el shock de la noticia, observa de reojo a sus hijas. Las ganas de pegar un grito y mandarlas cada una a su cuarto se desvanecen de golpe cuando nota cómo crece la virilidad de su falo.

La calma por la que navegaba este apacible sábado se ha visto fustigada, de pronto, por violentas olas emocionales que golpean sus valores haciendo que se tambaleen: Vergüenza, lujuria, indignación, sofoco, preocupación, parálisis, desazón, miedo…

 

-!!La cena está lista!!-   chilla Mariela desde la cocina.

 

Las niñas interrumpen su actividad besucona y, de un bote, se dirigen animosas hacia la cocina estorbándose revoltosamente.

 

-domingo-

        

El día transcurre con la tranquilidad propia de un festivo. El sol empieza a cortejar a la montaña, dando un color mágico al atardecer. Daniel reposa en la hamaca que tiene atada entre dos pinos, en el jardín. Se ha pasado todo el día sin hacer nada y se siente flojo y desanimado. Todo le da vueltas. Necesita conectar con algo firme, así que alarga el brazo para tocar el árbol que le hace de cabecera. Ha cometido la imprudencia de doblarse él mismo la medicación para combatir su desánimo. Poco a poco va recuperando el equilibrio hasta que oye un portazo en la entrada principal. Se extraña, dado que no esperaba visitas.

Todavía es muy pronto

Mariela se ha llevado a las niñas de visita a casa de su hermana y tenían previsto quedarse a cenar con ella. La curiosidad rivaliza con la pereza. Finalmente logra levantarlo y encaminarle hacia el interior de su hogar. Después de tropezar con los zapatos de Selena, la encuentra llorando desconsolada en el sofá.

 

-¿Qué te pasa cariño?-   dice enternecido.

-Odio a Katia-   entre sollozos.

-No digas eso tonta. Si no podríais quereros más-   mientras se sienta con ella.

-!No papá! es una zorra-   terminando con un susurro lleno de resentimiento.

-¿Cómo dices eso amor?-   con una curiosidad temerosa.

-¿Te acuerdas de Javi? Es el jardinero de las tías Antonia y Dolores. Pues ese chico siempre me gustó. Teníamos algo especial. Coqueteo con él cuando lo veo y hoy hemos pasado un buen rato flirteando hasta que ha aparecido Katia. De repente solo tenía ojos para ella y he dejado de existir. No se han cortado ni un pelo. !Y ella tiene novio!. Luego se han ido a dar un paseo y yo me he quedado ahí sola, con las tías, muerta de asco. Y después, cuando nos hemos juntado todos para comer en la mesa…-

 

Dani pierde el hilo de la explicación y no puede evitar sumergirse en algunos de sus razonamientos:

Ciertamente, Katia tiene un cuerpo muy exuberante. Puede que su belleza impresione más de inicio, pero, aun así, Selena es una verdadera preciosidad sin peros que valgan. Es mucho más lista que su hermana. Mas buena, más sensible, más dulce… Me cuesta entender que Katia haya podido eclipsarla. Mírala, con esos ojazos de color de miel tan llorones…

La expresividad de la niña no tiene nada de actuación o de pose. Más allá de sus palabras entrecortadas, Daniel ve en sus gestos el sufrimiento de un corazón herido. Lo ve en la dirección inquieta de su mirada, en la manera que tiene de zarandear los brazos despechadamente, en el tono de una voz que se debate entre la ira y el victimismo.

Le apetece decirle que no es nada, que eso que le parece tan importante será algo de lo que se reirá en unos años, que los amores vienen y van y que tienden a parecer reales, aunque no lo sean… pero se calla. Sabe que esos argumentos no le servirán por muy certeros que sean.

Poco a poco, el ritmo de la chica va menguando y la aceleración de su habla se disipa junto con el movimiento corporal. Ella se encuentra de rodillas, en el otro lado del sofá, con una postura recogidamente femenina. Dani siente que debería decir algo para consolarla y tras planteárselo en un breve momento silencioso dice:

 

-¿Sabes que eres mi preferida?-   en voz baja llena de secretismo.

 

Selena vuelve a focalizarse en los ojos de su padre después de tanto mirar sin sentido. Esgrime algunas lágrimas más, pero, esta vez, parecen de emoción. En su rostro se dibuja una sonrisa balsámica. Él nunca se había pronunciado sobre este asunto. No lo encontraba ético y tampoco habría sabido a que hija otorgarle semejante honor; pero los últimos sucesos le han ablandado el corazón y ha terminado por pronunciar esa controvertida frase.

Daniel está formalmente sentado, mirando al frente. Selena gatea hacia él, hasta que logra colocarle una de sus rodillas a cada lado, para darle un sentido abrazo. Él duda, pero termina por devolverle el gesto consciente de que está logrando animar a su pequeña. Se siente el mejor padre del mundo.

 

-Ya no me volveré a hablar con Katia. Que le den-   haciendo morritos.

-No digas eso tonta ¿Quién te va a enseñar a besar sino?-   sin mucha reflexión.

 

Se produce un silencio que redirecciona ambos pensamientos hacia una respuesta común, tan inadecuada como evidente; más aún dada su proximidad física. Mientras Dani intenta, sin éxito, pronunciar alguna palabra que corte esa deriva, Selena le acaricia una oreja permaneciendo encima de él y, sin divagar, verbaliza un presentimiento de lo más tendencioso:

 

-Seguro que tú besas bien-   susurrando entre risas juguetonas.

-Mm. Pregúntaselo a tu madre, p.por eso se casó conmigo-   a penas sin tartamudear.

-¿Mamá era guapa de joven?-   elevando la mirada hacia el hemisferio imaginativo.

-No tanto como tú-   ya completamente embobado mientras la mira tan de cerca.

 

Selena trae de vuelta a sus ojos. Tras unos instantes de intriga, con la boca medio abierta, se humedece los labios y, bajando la mirada con timidez, le pregunta:

 

-¿Me enseñas a besar?-   bajando lentamente el índice por la camiseta de su padre.

 

Él guarda un silencio colapsado. Se siente incapaz de apartar la mirada de esa hermosa carita mojada. Aún tiene las manos algo suspendidas, sin saber muy bien dónde ponerlas.

La chica acerca, lentamente, su rostro inclinado al de él hasta que ambos comparten el mismo aliento. Se aproximan hasta que sus labios entran en contacto de la manera más suave.

Poco a poco, empiezan a articular sus bocas y todo empieza a fluir. Daniel, arrastrado por los acontecimientos, se permite acariciar los muslos de su hija. Esos pantalones han dejado de parecerle demasiado cortos y ahora goza de su brevedad. Ella empieza a suspirar levemente mientras susurra:

 

-¿Así?… ¿Así?-   buscando la aprobación de su padre.

-Siií, sií, muy bien cariño-

 

Mientras Daniel saborea la lengua de Selena, nota cómo su extensión varonil adquiere ya un vigor notable. Sus manos se infiltran, furtivamente, por debajo de la camiseta de la niña. Ascienden guiadas, únicamente, por la osadía de unos dedos lujuriosos que no dejan de trepar por esa espalda tan estrecha. Al encontrarse con el sujetador de la niña empiezan los problemas:

 

-¿Qué haces?-   susurra ella sonriendo.

-Nada cariño… no… no hago na. nada-

 

En contra de lo que dice, Dani se acaba de enzarzar en una aparatosa trifulca para liberar esos apetitosos pechos cautivos. Torpemente, consigue levantar la prenda por encima y empieza a disfrutar del magreo de dichas redondeces carnales.

Ella contesta emitiendo tímidos gemidos sin apartar su lengua de la de su padre. El sugerente sonido infantil de su voz sonoriza un peculiar y místico trance que los atrapa irreversiblemente. Una atmósfera nublada inunda ese salón hogareño con los embriagadores perfumes morbosos de un incesto platónico que empieza a hacerse realidad inesperadamente. Como regresando de golpe a la realidad, Selena se detiene en seco, se aparta y dice:

 

-Papá ¿Me estas tocando las tetas?-   con fingida sorpresa.

 

La aguja que hacía sonar ese tocadiscos virtual, con música divina, ha hecho un quiebro y ha puesto punto y final a esa melodía celestial con una ruidosa rascada. Un áspero silencio expectante convierte el edén fastuoso en el que se encontraban en el terrenal comedor doméstico que tantas escenas familiares ha sustentado desde que las niñas eran apenas unos bebes.

 

-No cariño, claro que no-   negando lo obvio.

-Ah, vale… espera que me molesta el sujetador-

 

Con la naturalidad de quien se quita una pulsera, solventa el estropicio indumentario que le ha hecho su padre. Un par de gestos cotidianos son suficientes para hacer salir el sostén por la parte inferior de la camiseta.

Daniel la observa con atención. De alguna manera, esperaba que algo detuviera esta locura, pero el modo en que Selena retoma el besuqueo, tras esa breve pausa, parece indicar que no tiene la más mínima intención de ponerle freno.

Ese respetable padre de familia entra en el cielo a través de los jugosos labios de su hija, mientras que un sinfín de femeninas caricias, originadas por unos deditos fríos y puntiagudos, se recrean en su cabeza despejada, en sus orejas y en su cuello.

Las manos de Dani realizan un breve recorrido circular por encima de esos indecentes shorts que tanto odiaba, pero no tardan en regresar bajo esa holgada camiseta verde en busca de las maravillosas redondeces mamarias que esconde. Una vez las ha encontrado, las aprieta con fuerza, instintivamente, desatando las sugerentes quejas doloridas de la chica.

 

-!oOh!… CuidadoOh… … … …Te gustan mis tetas papá-   melosa como nunca antes.

 

Escuchar esa obscenidad dictada por la tierna voz de su propia hija le revela, todavía más claramente, la bochornosa carnalidad de la escena tan sórdida que están representando; aun así, es tarde ya para oponerse. No sabe muy bien cómo ha llegado hasta aquí, pero, ahora mismo, su moral tiene el estatus de una sola mano intentando detener el caudal de un río desbordado por su propia concupiscencia.

Dani nota cómo Selena empieza a balancearse, imprimiéndole empuje con sus caderas. Se mueve desde atrás hacia adelante, repetidamente, cada vez con movimientos más marcados e inequívocos. Ella respira profundamente, con el pelo despeinado cubriendo gran parte de su rostro. Sus contoneos se aceleran, perniciosamente, alimentándose de su propia impaciencia.

 

SELENA:  Mmmh… mMmmMh… mMmMmmMh… oOOh…

 

Los jadeos de la niña cada vez son más profundos y se acompañan de gemidos crecientes. Hacía décadas que Dani no estaba tan cachondo; desde luego: nunca había experimentado un deseo que confundiera tanto a sus sentimientos, a su moral, a su concepto de familia…

Sin siquiera haberlo planeado, Selena empieza a llegar al éxtasis montada en algo más que una simple simulación. Galopa enérgicamente obligando a su padre a sujetarla fuerte por la cintura para que no salga despedida.

Él se da cuenta, perfectamente, de lo que ocurre, pero hay tanta energía entre los dos que no logra asimilarla y vuelve a sentirse mareado y sobrepasado por las circunstancias.

La sensual voz de Selena abraza su mente, empapándola por completo de erotismo con cada gemido y transportándole a otra dimensión más elevada y caótica.

 

SELENA:  !oOoh!…  !!OoOooOh!!… !!!Siiiíiíi!!!… !MmMgh!

 

La chica grita, con su tono más agudo, mientras una implosión de placer desata una serie de clamorosos orgasmos, obligándola a abrazar con fuerza a su padre. Él, a pesar de su imperturbable silencio, mantiene todavía los ojos muy abiertos. Se siente sometido a la voluntad de su niña como un vil juguete.

Ese frenesí tan censurable termina por desvanecerse, pero Daniel, todavía con la respiración acelerada, aún ve estrellitas eclipsando la imagen de su acogedor hogar.

Selena no se atreve ni a mirarle a la cara. Se coloca el pelo con un gesto inseguro mientras empieza a disculparse con un hilo de voz casi imperceptible.

 

SELENA:  Papá, lo siento, no sé qué me ha pasado.

DANIEL:  No pasa nada cariño, es cosa de la edad, tienes las hormonas disparadas.

 

Dani intenta mostrarse comprensivo, aunque tiene la polla tan dura que apenas le llega riego sanguíneo al celebro para pensar. Se le ha aclarado la vista, pero todo gira aún a su alrededor. Desearía arrancarle la ropa a su hija y follarla violentamente pero aún le queda un poco de cordura.

La situación se ha desmadrado porque ella estaba muy vulnerable, pero… ya pasó

Sin proponérselo, sigue acariciándole los muslos con ternura. Aún con un bajísimo tono de voz, ella sigue excusándose:

 

-Qué vergüenza, estoy toda mojada-   palpándose los pantalones.

 

En ese preciso instante, el sonido de la cerradura de la puerta principal sacude, con gran urgencia, el pulso de sus corazones. Sin apenas tiempo para reaccionar, se abre la puerta para dar paso a la vehemente entrada de Katia. Totalmente ajena al truculento acto que acaba de perpetrarse en el seno de su propia casa, le da tiempo de ver cómo Selena, aún despeinada, salta de encima de su padre. Atónita, parece percatarse de que es ropa interior lo que su hermana se apresura a recoger del sofá antes de desaparecer, con paso ligero, en la profundidad del pasillo.

 

-¿Qué hacíais papá?-   con un tono muy firme y estricto.

-¿Cómo que qué hacíamos? ¿No te da vergüenza robarle el novio a tu hermana?-

 

Daniel intenta cambiar de tema burdamente. Todavía está un poco sudado y le falta el aire. Se le nota nervioso y eso ofende soberanamente a su hija. Katia busca la manera de verificar sus sospechas, más fundamentadas a cada segundo que pasa.

 

-¿Te puedes levantar papa?-   desafiante, pero con más suavidad.

-No tengo porque levantarme Katia, me duele la espalda-   fingiendo.

 

La negativa de Daniel, con una excusa tan pobre, alimenta los temores de la chica. Sabe que su padre no podría disimular la vergonzosa erección que esconde bajo sus pantalones si se encontrara erguido.

Mientras tanto, aparece Mariela cargada con bolsas:

 

-¿Cómo dejas que tu madre cargue con todo?-   dice ella con resentimiento resignado.

-Eso papá ¿Por qué no te levantas y ayudas a mamá?-

 

Sigue con ese tono, excesivamente musicado, que insinúa más de lo que dice. Katia encierra su furia en una mirada que se asoma entre los parpados de unos ojos medio cerrados. Su padre la ignora y coge el mando de la tele para despachar el asunto. La chica se va a su cuarto con prisas y una vez en ella, da un fuerte portazo que expresa su ira mejor que cualquier palabra.

 

-¿Qué le pasa a la niña?-   dice Mariela asomándose intrigada desde la cocina.

 

Dani se encoge de hombros como si no supiera a que viene ese colérico desaire. En cuanto su mujer vuelve a la cocina, suspira y reflexiona desatendiendo las frívolas imágenes de la pantalla. Se siente aliviado porque ya ha pasado el momento más crítico, pero es consciente de que será difícil restaurar la normalidad familiar después del depravado altercado sexual que acaba de protagonizar junto a su hija preferida.

Aún está malo. No consigue rebajar la firmeza de su miembro.

Quizás debería… No, no tengo la costumbre. De hecho, no recuerdo mi última eyaculación. Esto no puede ser bueno

Intenta visualizar la desnudez de su viejuna suegra Angustias. La imagen de esa septuagenaria en cueros acabaría con la mejor erección del semental más potente.

Lentamente, su fogosidad se va disipando entre pensamientos cada vez más insulsos:

¿Cómo alguien puede escoger ‘Angustias’ cómo nombre para su bebe? ¿Las feas son feas porque tienen nombres feos o tienen nombres feos porque es su destino de fea? Es como el experimento ese en el que escribes ‘odio’ en un pote, y el agua que contiene cristaliza de peor forma que el que lleva escrito ‘amor’

 

EXAMEN MAMARIO

2

-Sí que estáis calladas niñas-   dice Mariela extrañada por una cena tan silenciosa.

-Déjalas mujer. Por una vez ya va bien un poco de tranquilidad-   suaviza Daniel.

-Eso es lo que teníais antes de que llegáramos ¿no? tranquilidad-   dice Katia enfadada.

 

Su madre se intriga un poco por esa insinuación, pero está muy lejos de enfocar, acertadamente, cualquier sospecha. Termina por atribuir la hostilidad del tono de su hija a otra más de las rabietas que tan a menudo se suscitan entre ella y su hermana.

A pesar de disponer de una cocina espaciosa, la familia Valverde siempre suele reunirse en el salón para comer y para cenar. Solo el desayuno y la merienda quedan relegados de dicho privilegio.

Dani tiene un buen sueldo que le permite financiar esa vivienda en una de las urbanizaciones más bien estantes de Fuerte Castillo.

 

MARIELA:  Carmen y Conchi vuelven a estar peleadas de nuevo.

DANIEL:     !Vaya! Las otras. Parece que hoy es el día mundial de las hermanas enfadadas.

 

Katia le dedica una mirada asesina que nadie querría ni para su peor enemigo. Dani baja la mirada y fija la vista en su plato mientras levanta las cejas. Reza para que no se desate ninguna discusión indiscreta delante de su mujer. Sus ojos andan de puntillas, ahuyentados por cada gesto hostil de la chica.

 

MARIELA:  Al menos ellas no viven bajo el mismo techo. No tienen que verse si no quieren.

DANIEL:     Carmen también suele pelearse con Manolo. Con ese no tiene escapatoria.

SELENA:     Menudos vecinos. ¿No papá?

KATIA:       Psssssst.

 

El oclusivo chasquido vocal de Katia pretende ridiculizar el comentario de su hermana. Selena no responde a dicha provocación y sigue ignorando a quien intenta ofenderla.

Durante largos segundos, los cubiertos parecen ser los únicos que se atreven a mancillar el silencio de tan incómoda velada.

 

-!Ay nenas! !Cómo sois! ¿Eh?-   dice Mariela resoplando y sin recibir respuesta.

-Hoy hacen esa peli tan buena que dijimos-   Daniel, intentando cambiar de tema.

-Uy no-   dice su mujer   -Estoy muy cansada. Me iré a dormir ya mismo-

-Yo también. No estoy de humor-   se desmarca Katia.

-A mí sí que me apetece papá, yo la veré contigo-

 

Selena intenta mantener un tono anormalmente neutral que a oídos de su hermana resulta todavía más desafiante.

La cena finaliza sin abandonar esa calma tensa. Mientras Mariela acaba de recoger la mesa, los demás terminan sus postres.

Al encender la tele se percatan de que la película justo empieza. Selena se acurruca al lado de su padre mientras Katia se sienta en el sillón sin abandonar su rictus enfurruñado. Las dos visten con unos pijamas infantiles que, este año, ya han quedado pequeños.

 

-¿No te ibas a dormir Katia?-   dice Selena con naturalidad.

-¿Qué te importa?-   calmada, sin siquiera mirarla   -Me iré a dormir cuando yo quiera-

-Vamos niñas, ya está bien de riñas, disfrutemos de la película-   conciliadoramente.

-Buenas noches a todos-   grita Mariela a modo de despedida.

 

La cinta pretende ser intrigante, pero, por lo menos a ojos de Daniel, no logra cumplir con esa aspiración. Puede que la culpa sea de Selena. Esa niña tan traviesa está cautivando la atención de su padre hasta tal punto que tan distraído espectador ya no sabe quiénes son los policías y quienes son los prófugos. Lo que en un inicio parecían roces accidentales por dejadez, ha propiciado que ella le esté cogiendo la mano. La chica juega con sus dedos mientras finge seguir la trama que se produce tras la pantalla.

Katia les observa de reojo hirviendo de celos. Las caricias de su hermana van más allá de los límites que está dispuesta a tolerar. Aun sin ninguna evidencia, de algún modo, siempre se había sentido ganadora en su contienda para ser la preferida de papá; no solo la de él, se considera la favorita de todos.

Nunca desperdicia ninguna ocasión para evidenciar su reinado. Lo de hoy no ha sido más que una prueba. Una muestra más de su incontestable hegemonía. Ni siquiera le gusta Javi, solo necesitaba reivindicarse de nuevo; pero la competición por el amor de su padre es algo mucho más importante. Un asunto sagrado que se remonta más allá de sus primeros recuerdos.

Siempre nos picamos entre nosotras de una manera más o menos evidente, pero sin perder el buen rollo ni cruzar ninguna línea roja. Con lo de Javi solo quería poner a Selena en su sitio, pero eso que estaba ocurriendo cuando he abierto la puerta es un golpe demasiado bajo

Daniel se da cuenta de que Katia les observa con disimulo y percibe su inquietud enfurecida. Aun así, no se siente capaz de rechazar las carantoñas de Selena. Sus caricias, cada vez más ambiciosas, ya empiezan a trepar brazo arriba.

Ese respetable cabeza de familia tiene que acomodar la postura para disimular una más que llamativa tienda de campaña. Una vez asegurada su discreción, empieza a devolverle las caricias a su hija, resiguiendo con cautela los carnosos límites de la moralidad.

 

-Papá, ¿El asesino sabe quién es ella en realidad?-   pregunta Selena.

-¿Qué? ¿Qué asesino?-   contesta Daniel completamente despistado.

-Fffffh. Qué rollo de película. Me voy a dormir. Buenas noches tortolitos-   remuga Katia.

 

Se marcha asqueada para no terminar perdiendo los estribos. Una vez en la cama, decide poner fin, de la manera que sea, a esa insultante parcialidad paterna. Siente la imperiosa necesidad de restaurar su reinado y humillar a la usurpadora de su hermana.

Mientras tanto, en el comedor, Daniel y Selena llegan hasta los títulos de crédito sin dejar de acariciarse mutuamente de un modo ciertamente cuestionable. La chica se despereza sensualmente para terminar con un “Buenas noches papá” acompañado de un beso en la boca, fugaz pero muy meloso. Él no deja de contemplar los sugestivos andares de esa fascinante figura, sin soltar palabra, hasta que su niña desaparece, dedicándole una última mirada, antes de adentrarse en la oscuridad del pasillo. Está compungido:

¿Esto va ser así siempre? No. No pude ser. Lo de antes ha sido un accidente; una cadena de despropósitos: Los efectos de mi medicación, las hormonas adolescentes de Selena, su vulnerabilidad por esas heridas amorosas, el contexto de nuestra aproximación circunstancial…

No quiere contemplar ningún otro camino que no sea el de la vuelta a la normalidad familiar, pero la corriente de los últimos acontecimientos parece empujarle lejos de la corrección de su decente y monótono estilo de vida. Sumergido en un mar de dudas, Dani se encamina hacia su dormitorio con la intención de seguir consultando sus quebraderos de cabeza con la almohada.

Ya en la cama, contempla cómo su gorda mujer duerme a pierna suelta y, escuchando sus rudos ronquidos, se plantea si ese es todo el erotismo al que puede aspirar el resto de su vida.

Mariela seguirá en declive hasta que muera: más fofa, arrugada y estropeada a cada día que pase

Tan cruda realidad le asfixia, amargamente, hasta que, como si una bocanada de aire fresco se tratara, respira el recuerdo de ese último beso de Selena, tan breve como significativo. De pronto vislumbra el camino a su manantial de juventud virginal, al frescor de su turgente belleza, a su embriagadora feminidad adolescente… Es consciente de que podría escabullirse, sigilosamente, al cuarto de su hija para azotarla con su incuestionable virilidad.

Desde lo más profundo de su ser, emerge un ilustre sentimiento que cierra esa puerta de un portazo. Un nada desdeñable amor paterno fustiga a esos pensamientos obscenos con su pureza y retiene a su hacedor, atándolo a la cama con cuerdas de resignación. Su estado de ánimo está montado en una montaña rusa que transita por raíles de razonamientos contrapuestos.

 

    -lunes-

 

Daniel todavía está soñoliento mientras se lava los dientes a la luz de un nuevo amanecer. Ha dormido pocas horas, pero, a pesar de ello, se siente bastante bien. Su nobleza le da palmaditas en la espalda congratulándose por haber superado la dura prueba de anoche. Después de darle muchas vueltas, tomó la determinación de hablar con Selena para apaciguar la fogosidad que hay entre los dos. Durante su cepillado, intenta escoger las palabras sin presión:

Cariño, es importante que entiendas que volver a caer en ese error podría conducirnos a un oscuro escenario de ruptura familiar. Comprendo la curiosidad propia de tu edad, pero no puedes permitir que tu inmadurez te lleve a confundir un sano amor hacia tu padre con inquietudes del todo inapropiadas. Además, es digno de mención que…

Una urgencia repentina interrumpe sus elucubraciones sorprendiéndole aún con el cepillo en la boca. Katia se ha levantado más temprano de lo habitual para ducharse antes de ir al cole y, procedente del otro lavabo, entra como una exhalación reclamando la atención de Daniel:

 

-!Papá, papá! !Tengo cáncer!-   con su rostro desencajado y empapado en lágrimas.

-Pero ¿qué dices cariño?-   sin dar ningún crédito a sus temores.

 

La niña solo lleva unas braguitas grises y sostiene una pequeña toalla que no alcanzaría para secar ni una porción de su cuerpo mojado. Dani repara en esa semidesnudez nada más superada la sorpresa inicial. En comparación, sus pectorales desvestidos quedan en una mera anécdota. Sintiéndose asaltado, no tarda en poner en tela de juicio la veracidad de las lágrimas de su hija.

 

-Me noto un bulto, !Aquí!-   mientras deja caer la toalla.

 

Katia coge la mano de su padre y la rellena con una de sus firmes peras. Daniel la aparta con urgencia, cómo si quemara. Siente que ha salido del fuego para caer en las brasas.

 

-Pero papaaaah-   llorando y ondulando su tono teatralmente.

-Perdona Katia, pero no… … no puedo tocarte las tetas-   excusándose contra la pared.

-¿Puedes tocarle las tetas a Selena porque estás cachondo y no a mí para diagnosticarme una enfermedad mortal?-   con cara de asco.

-¿Pe.pe.pero q.qué di.dices? … yo n.no-   con un severo tartamudeo.

-¿Me lo ha dicho vale? !Lo sé todo!-   destripando su autoridad moral con semejante mentira   -Papaahaa-   agudiza su llanto impaciente.

 

Acorralado y aturdido por esa falsa revelación, Daniel se somete a las súplicas de Katia y empieza a examinar, cuidadosamente, el primer integrante de ese prodigioso binomio mamario. Después de apartar unos mechones de pelo negro, todavía empapados, la palidez mojada de los preciosos pechos de su hija le cautiva con un poderoso embrujo y empieza a derretir su férrea moral paterna.

Solo un fino pantalón corto de pijama defiende su decencia frente a la grave amenaza que representa su inminente erección. Se siente tan desamparado que ni siquiera intenta guardar las apariencias mientras esa tela gastada se tensa y dibuja una bochornosa protuberancia en su perfil. Coincidiendo con los últimos sollozos de la chica se apresura a decir:

 

-No soy médico… …  pero yo diría que estás bien-   alucinando con lo buena que está.

-¿Y en el otro?-   suavemente, pero conservando un tono de seria preocupación.

 

Daniel suspira viendo cómo Katia le rehúye la mirada y, con cierta indecisión, usa su otra mano para atender también al otro pecho sin abandonar el primero. Arrastrado por un ansioso deseo pecaminoso los aprieta con fuerza y avidez provocando un “ah” lleno de fragilidad y erotismo.

La luz del alba, proveniente de una ventana que deja ver el mar desde lo alto de la colina, ilumina grácilmente esa pavorosa escena incestuosa de difícil justificación.

 

-¿Así no estoy mala papá?-   con voz infantil.

-No, no estás mala cariño-   rendido y sin parar de mover sus manos.

-Si no estoy mala ¿quiere decir que estoy buena no?-   con una sonrisa pícara.

-Estás buenísima niña, estás tan buena… que casi no lo puedo soportar-   babeando.

-¿Así no has notado un bulto o algo duro?-   haciendo morritos.

-¿Algo duro?… … … … Tus tetas están duras-   susurrando con desesperación.

-Ahahah. Creo que no soy la única que tiene algo duro-   insinuando con la mirada.

 

Dani casi se había olvidado ya del revelador relieve de su bajo vientre. Katia se acerca un poco más para afianzarse ese bulto. Su agarrón provoca un repentino gesto de rechazo por parte de su padre, quien la aparta de su lado bruscamente.

 

-Vamos papá, quiero tocar una polla-   con gestos de niña mimada.

-!Pero!… … ¿Qué te pasa Katia? Tú no eres así-   en tono de súplica.

-Tú no quieres que sea así, pero ya no soy una cría. ¿Tú me has visto?-   posando.

 

La chica se aproxima de nuevo y, con sus frías y húmedas manitas, empieza a acariciarle el pecho mientras busca su mirada huidiza y desconcertada. El aplomo de ese hombre se desmorona:

No. Eso no… No puedo… No es posible. ¿A caso no han servido de nada todas mis reflexiones nocturnas? ¿Es que no soy capaz de salvaguardar mi honor frente a una simple niña?

Daniel siente cómo la cautivadora feminidad de su jovencísima hija ningunea su integridad hasta convertirla en una salpicadura más sobre el suelo del lavabo. En la desesperación de la derrota, nota el malintencionado recorrido descendente de unos deditos juguetones que llegan, sin oposición alguna, a la tensada goma de su pijama. Esa prenda está tan vieja y dada de sí que un suave tirón le basta, a la chica, para poder darle los buenos días al poderoso trabuco de su padre. Ese pedazo de carne enrojecido sale rebotado hacía arriba e impacta cómicamente con la barriga de su dueño.

 

-Hoolaaah-   dice Katia con una sonrisa de fascinación mientras lo agarra.

 

Nunca hubiera imaginado que su padre tuviera semejante pollón escondido ahí abajo. De repente, siente un renovado respeto por esa virilidad paterna, tan subestimada a lo largo de todos esos años.

Daniel siente una mezcla de orgullo y vergüenza elevadas al máximo nivel. Hacía demasiado tiempo que su libidinoso amigo no revelaba su verdadero potencial, pero nunca pensó que sería su propia hijita quien se sobrecogería admirándolo. Ella lo acaricia repleta de curiosidad hasta que, inesperadamente, dedica un firme apretón a esos peludos huevos colganderos.

 

-!!Aah!!-   con dolorosa sorpresa.

-¿Lo ves? Te debía una. Tú antes me has apretado las tetas-   aleccionadoramente.

 

Dani apoya las manos en el mármol sometiéndose al cercano dominio de su nena. Su pelo, todavía húmedo, le roza la piel, mojándola sutilmente mientras un afrutado olor a champú infantil empapa su olfato. En un momento dado, ella transforma el caótico movimiento de sus caricias fálicas en un masaje bien reconocible. Su padre despierta repentinamente de su trance y la para en seco.

 

-No Katya, eso NO-   enfatizando su intransigencia.

-Vamos papá, no me hagas reír. Lo has intentado…-   con una sonrisa triunfal.

 

Ciertamente, el vigor de su verga es extremadamente sincero y deslegitimiza cualquiera de sus inútiles intentos de oponerse a tan perverso hechizo. Por otro lado; y aunque el caminar de la coyuntura hacía previsible ese devenir; el notar su prepucio tensándose a manos de su hija hace que un último resquicio de decencia se pronuncie con una contracción de rechazo. La chica se lo reprocha con cierta indignación teñida de amenaza:

 

KATIA: Alguien va a salpicarme hoy; puedes ser tú o puede ser mi novio skater.

 

El flash visual de un niñato estúpido corriéndose sobre su niña termina abruptamente con cualquier oposición residual. Sin dejar de mirarla a los ojos, se sienta sobre los azulejos consecutivos al relieve de la bañera. Katia interpreta esa mirada acertadamente y desciende, arrodillándose sobre la tupida alfombra, mientras agarra de nuevo la gruesa polla de su padre con las dos manos.

El abrazo grupal de todos sus dedos sube y baja con un ritmo lento pero creciente. Ella mira el portentoso manubrio venoso que están sosteniendo sus manos, con la boca abierta y una expresión hipnotizada, mientras la piel del prepucio intenta cubrir ese capullo una y otra vez sin terminar de lograrlo.

 

-¿Por qué?-   dice Dani con un tono victimista   -¿Por qué me haces esto?-

-Anda, cállate… … … me vas a decir tú ahora que no te gusta lo que hago-

 

Recobrando cierta verticalidad sobre sus rodillas, Katia fija la mirada en los delirantes ojos se su padre. Sin dejar de mirarle, derrama, como por accidente, un esporádico torrente salival que cae calculadamente en la cima de ese glande pletórico, dotándolo de un licuado esplendor. El vertido ha sido lo suficientemente generoso como para contagiar de humedad a todos sus dedos.

La calentura de Daniel está desatada y empieza a ponerse malo, infectando de ansiedad hasta el último milímetro cubico de su ser:

 

DANIEL:  Chupamela cariño. Metetela en la boca.

KATIA:    Siíi hombreeh.

 

La chica le estrangula la polla con tanta fuerza que parece inminente su explosión; incluso percibe el flujo sanguíneo que palpita con cada latido acelerado. Temiendo por la integridad fálica de su padre, Katia cambia de técnica y empieza a golpearse las tetas con ese manubrio colapsado que ya ha adquirido un color alarmante. Se azota con toda la fuerza que le permite esa desmesurada longitud cárnica y gime de placer con los ojos cerrados y la cabeza hacia arriba.

 

KATIA:    Wah… … Menuda polla tienes papá. ¿Quién lo iba a decir?

DANIEL:  Síií… … Es verdad… … Tengo el pollón más grande que cualquiera de tus amigos.

KATIA:    EsoOh… Eso tendré que decirlo yoOh… … ¿no? En mi clase hay un negroOh.

DANIEL:  Nooo… noOh… cállate… deja de… … deja de picarme de una vez.

KATIA:    Soy malaah… ah… soy tu hija malvada… pero te gusto. Te gusto más que Selenah.

DANIEL:  No… noOh… cállate de una vez.

 

Dani no puede dejar de mirar las ondas expansivas resultantes de esos libertinos golpes fálicos en las pálidas tetas de su hija. Se sorprende de su propio grosor que parece crecer a cada minuto.

Tras recuperar la visión, Katia acoge la virilidad erecta de Daniel entre sus espléndidas tetas. Vuelve a escupir; esta vez le queda un hilo de babas colgando que une su boca con el engendro que está abrazando con sus duros pechos adolescentes.

La chica está muy cachonda, pero hay algo que todavía le excita más que su propio orgasmo: ese juego que controla por completo desde que ha entrado fingiendo su llanto, esa capacidad de doblegar la moralidad de su padre, esa desmesurada erección que ha provocado y, sobre todo, la recuperación del trono que la define como a la hija preferida. Se le ocurre algo mejor que dejar que su papi se le corra encima: dejarlo con las ganas.

 

-Papá-   dice lentamente entre suspiros.

-Cariño-   disfrutando del masaje mamario.

-Llego tarde al cole-   aún con un tono erótico.

-¿Qué?-   sin acabar de asimilar esa frase.

-Que me voy, que llego tarde-   abandonando por completo su entregada actitud.

 

Daniel abre sus ojos para ver como Katia recoge la toalla y se dispone a abandonar la estancia sin cumplir con su cometido. La frustración del orgasmo fallido de ayer, con Selena, se suma a este nuevo agravio y crece hasta apoderarse de la motricidad de ese desdichado santurrón. Se levanta con urgencia para impedir la espantada de su hija y la sujeta violentamente. La empotra sobre la pica, delante del espejo, e intenta bajarle las bragas. La niña intenta resistirse asustada por esos bruscos mangoneos llenos de urgencia y, sintiendo la irrefrenable calentura de su padre a su espalda, opta por suplicar:

 

-No papaáah, no me violes… … no me violes que soy virgen-

 

Él la oye, esclavizado por su lujuria, e intenta luchar para proteger a su hijita, pero algo inevitable está a punto de suceder:

 

-Aprieta las piernas cariño, !Apriétalas!-   sintiendo su tranca ya entre los muslos de ella.

-Vale-   dice ella flojito con una mezcla de temor y premura.

 

Daniel empieza a imprimir presión con las caderas. Se aprieta contra las nalgas de su hija mientras su húmeda polla se desliza asomando el capullo por delante. Katia se muerde los labios, sin emitir sonido alguno, mientras se somete a ese intenso ajetreo paterno. Él tampoco gime, pues ni el uno ni la otra olvidan que Mariela duerme muy cerca de ellos, bajo ese mismo techo. A pesar de su prudencia, sus fuertes respiraciones se suman a los golpes cárnicos articulando la particular acústica de la cerámica.

La chica se observa en el espejo vislumbrando el sacudido reflejo de ese acto inmoral. Nota cómo el candente trabuco de su padre, duro y repleto de pasión, se abre paso entre sus muslos fregando la parte inferior de sus bragas mojadas en cada incursión. Se encuentra sexy y ardiente mientras nota cómo se menean sus tetas, víctimas de esa indecente agitación matutina.

Tras apartarse el pelo de la cara, logra contemplar el reflejo de Daniel, con el rostro enrojecido, empujando con toda la rapidez que le permite su cuerpo maduro. Todavía azotada por esas bruscas embestidas, Katia alcanza a ver cómo se le ponen los ojos en blanco y cómo abre mucho la boca conteniendo su grito de placer. Simultáneamente, a ella se le escapa un tenue gemido:

 

KATIA:   oOh

DANIEL:  Ah

 

Dani se corre experimentando un infinito desahogo que se canaliza a través de su polla, eclipsando por completo todos sus sentidos. Ni un solo pensamiento logra progresar, arrinconado por el ímpetu de esa desmesurada sensación.

Katia rebosa satisfacción por todos los poros de su tersa piel. Las torrenciales salpicaduras albinas de su padre, mediante violentas contracciones fálicas, están mojando sus nalgas y sus muslos generosamente, dando fe de ese catártico orgasmo. Esa situación, tan nueva y prohibida, hace gozar a la chica en un plano psicológico que flota sobre sus fluidos vaginales, otorgándole una merecida victoria en la eterna contienda que mantiene con su hermana.

Después de dar unos pasos titubeantes, Dani consigue sentarse de nuevo al tiempo que intenta recuperar el aliento. Su noción del tiempo está nublada. Las estrellitas de su visión alterada dejan paso, gradualmente, a los rallos de sol. Le sorprende el sonido de la ducha. Se trata de Katia: está limpiándose el pringue.

 

-Qué vergüenza papá, nunca pensé que fueras tan depravado-   en tono burlón.

 

La niña sale alegremente del lavabo, como si nada hubiera pasado. Mientras, su padre reflexiona con la mirada perdida. Intenta asimilar los inesperados acontecimientos con los que ha empezado el día. Le va a costar subirse al tren de su rutina diaria después de esto.

 

CANTOS DE SIRENAS

3

Sensaciones confusas de confort se desvanecen cuando regresa la conciencia a través de las fisuras de la persiana, desafiando la oscuridad con definidos rayos de lucidez. Selena abre lentamente los ojos acomodada entre sus ositos y sus grandes almohadas. Busca, con la mirada, un reloj despertador al que solo le restan unos segundos para sonar. Se apresura a silenciarlo antes de que tal cosa ocurra.

Hoy es el último día de cole. La chica se incorpora superando su pereza con esfuerzo. Guarda un instante de quietud cargando la energía que necesita para realizar su próximo movimiento.

Un sonido foráneo despierta su curiosidad. Mientras pisa la alfombra acolchada, al pie de la cama, crece su inquietud ahuyentando su nublada desidia. Asomada por el pasillo, escucha respiraciones aceleradas y unos golpes cárnicos que se escapan a través de la puerta entreabierta del lavabo de sus padres.

Intenta procesar esos sonidos completando su percepción estereofónica con los personales ronquidos de su madre al lado derecho del pasillo. Parece distinguir un gemido de Katia al tiempo que un “Ah”, masculino y cargado de urgencia, se corta señalando un punto de inflexión que interrumpe los jadeos.

La quietud matinal regresa, unos segundos más tarde, adornada por el tenue sonido del agua de la ducha. Selena agarra con fuerza el marco de la puerta de su cuarto y sigue a la expectativa con el corazón en un puño. Sus peores temores se consolidan dando forma a una tremenda traición en cuanto escucha:

 

-Qué vergüenza papá, nunca pensé que fueras tan depravado-   en tono burlón.

 

Al ver cómo se abre la puerta del lavabo, la chica se refugia, con premura, en la oscuridad de su habitación. Una estrecha ranura vertical de luz dibuja una línea en su rostro tembloroso y le permite vislumbrar el fugaz paso del cuerpo desnudo de su hermana. Ella permanece inmóvil, de pie, boquiabierta, desolada, bañada por unas sombras que aún no se ha desperezado con la luz del nuevo día. No puede imaginar un despertar más amargo. Su egocéntrico prisma adolescente le empuja a preguntarse una serie de retóricos lamentos encogida dentro de su burbuja de realidad infantil:

¿Por qué me ocurre esto a mí?

¿Puede haber algo peor en el mundo?

¿Por qué la zorra de mi hermana es tan zorra?

¿Por qué papá ha caído en sus asquerosas garras?

 

****

 

El colegio de las niñas se encuentra a unos diez minutos a pie. Solían recorrer ese camino juntas, pero en estas últimas horas se ha dilapidado cualquier vínculo afectivo que pudiera unirlas.

Los pasos de Selena enfocan todo su odio hacia Katia, quien va unos cien metros por delante. Odia su modo de andar, odia su ropa, odia a quien la saluda y hasta a quien la mira.

Lo de Javi ya fue una bajeza, pero lo de papá…

esto no tiene nombre.

Sé que se trata de una respuesta a mi calentón de ayer,

pero eso fue diferente, no lo planeé, simplemente ocurrió.

Él solo intentaba consolarme. Una cosa llevó a la otra y…

¿Cómo imaginar que Katia llegaría justo cuando…?

Ni siquiera me quité la ropa; ni él.

Y por supuesto, papá no se corrió.

Ese es el límite. Hubiera sido… … enfermizo.

Aunque yo… … yo sí lo hice,

pero… … eso fue un accidente. Todo se descontroló y…

Lo de ella… Lo de ella es premeditado y perverso.

Katia hervía en celos cuando nos vio haciendo manitas durante la película.

Ahí: ahí lo planeo todo.

Ha aprovechado que yo dormía para usar sus más bajas artimañas.

!¿Cómo ha sido capaz de follarse a papá?!”

Durante toda la mañana, miles de pensamientos dañinos, cargados de resentimiento, abordan a Selena. Se ve obligada a contemplar la pletórica pose de Katia, quien asiste a su misma clase. En la hora del recreo, Selena rompe a llorar escondida en un rincón y termina por toma una sórdida decisión:

Puedo ser más zorra que Katia si es necesario, pero voy a derrotarla

 

****

 

Takeshi es un oriental, con pinta de Otaku, cuya habilidad para resolver todo tipo de problemas informáticos le ha llevado a firmar un contrato fijo con SigmaSoplo, la empresa de Daniel. Empezó en la oficina de becario, con la aspiración de llegar a convertirse en un buen comercial; no en vano, sus estudios lo habían encaminado hacia esa dirección; pero unas escasas dotes sociales y una timidez desmedida no le auguraban demasiada brillantez en dicho campo. Sin embargo, pronto empezó a destacar su faceta más resolutiva, en asuntos de software, y, poco a poco, se ha ido consolidando como alguien indispensable.

 

TAKESHI:  ¿Mira porno desde este ordenador? ¿Webs de reputación cuestionable?

DANIEL:    No. Por Dios. Claro que no. Te aseguro que solo lo uso para fines laborales.

TAKESHI:  No se ofenda. No estoy incriminándole. Solo intento prevenir.

DANIEL:    No soy el único que accede a este ordenador. Así que…

TAKESHI:  Los virus pueden entrar de mil maneras distintas, pero es que había muchos.

DANIEL:   ¿Has conseguido limpiarlos todos?

TAKESHI:  Parece que sí. Le he puesto una mejor protección. De todas maneras, coméntele a cualquiera que use este ordenador que, a poder ser, no visite webs peligrosas. La empresa me pide que pase partes cuando los problemas afectan reincidentemente a empleados concretos.

DANIEL:   De acuerdo. Se lo comentaré. Mil gracias por tu ayuda. Me salvas la vida.

 

En cuanto ese eficiente japonés cierra la puerta tras de sí, Dani efectúa un hondo suspiro de alivio. Ha perdido casi dos horas de trabajo con ese incómodo asunto informático.

 

****

 

Katia llega sola a casa a la hora de comer. Su alegre expresión se interrumpe cuando encuentra a Mariela, desolada, llorando sola en el comedor. Una angustia glacial le hiela la mente creyendo descubierta su travesura mañanera. Dani aparece con actitud incómoda y con una bolsa llena de ropa colgando de su mano. Su mujer consigue argumentar esa tristeza entre lágrimas:

 

MARIELA:  La tía… La tía Dolores está muy… muy enferma. Le que.queda poco de vida.

DANIEL:     Tú quédate aquí y cuéntaselo a tu hermana, yo voy a acompañar a tu madre. Estará unos días fuera, con Antonia, para ayudar en todo lo que puedan.

 

La chica apenas puede disimular su alivio. Finge empatía mientras abraza su madre, pero, en el fondo, se siente una persona horrible por preferir la muerte de su tía.

Hubiera sido tan catastrófico que mamá se enterara…

La chica observa como sus padres salen por la puerta al tiempo que mantiene ambas manos en su pecho. Después de un par de minutos, y antes de que pueda asumir la trágica noticia, aparece su hermana con peor cara de la que tendría si ya la conociera. Katia pronuncia un escueto “Hola” a modo de sondeo. Selena prefiere no contestar y la ignora dirigiéndose a su cuarto.

 

-!Tía Dolores se muere!-   usando esa fuerza mayor para inquietar a su hermana.

-!Qué pena que no seas tú quien se muera!-   replica después de su sorpresa inicial.

-Zorra-   susurra Katia ya sin esperanzas de que su huidiza hermana la escuche.

 

****

 

Todo excelentes para Selena. Solo se le ha escapado algún notable en gimnasia y química. En el fondo no le importa mucho. Se interesa por las reacciones de Katia mirándola con disimulo:

 

-!Solo cuatro cates!-   exclama triunfalmente, mofándose de sus nefastas notas.

 

Revoloteando a su alrededor, varios chicos peloteros buscan su complicidad mientras le ríen las gracias. Por contra, su hermana no siente más que desprecio por esa actitud pasota. El resto de la clase, ya en ausencia de su profesor, no para de comentar sus más y sus menos por tan dispares calificaciones.

Selena mira el horizonte vislumbrando un futuro académico prometedor solventada la E.S.O..  Pronto regresa al presente de su aula para burlarse interiormente de Katia:

Ríete cuanto quieras perra.

Estás a punto de perder un año repitiendo curso.

Ya verás cuando se entere papá

No tarda en caer en la cuenta de que su escenario familiar ha cambiado fruto de esa bochornosa escena matinal en el lavabo.

¿Cómo serán los próximos días sin mamá?

Vete a saber cuánto tiempo tardará realmente Dolores a morirse

Se siente despreciable al pensar en su tía como un simple condicionante en lugar de centrarse en su dolor y su desgracia.

Selena abandona la muchedumbre estudiantil, donde no cuenta con demasiados amigos, y se dirige hacia su hogar.

 

****

 

Daniel no ha pasado un buen día hoy. Más allá del lamentable asunto de Dolores, se siente acosado por su propia culpabilidad y, después de darle muchas vueltas, por fin se ha plantado. Está reunido con sus hijas en el salón, verbalizando su alegato de un tirón, con calma y con una elocuencia ejemplar:

 

-Ahora que os tengo a las dos juntas, creo que es un buen momento para dejar algunas cosas claras. Veréis: en estos últimos días han pasado un par de cosas… … difícilmente justificables por así decirlo. Podríamos pasar horas divagando sobre quién hizo qué, sobre quién tiene la culpa o sobre qué es peor que qué, pero eso no nos llevaría a ningún sitio más que a más riñas y malas caras. He estado todo el día de hoy intentando perdonarme y creo que puedo afirmar que estaré en paz, conmigo mismo, en cuando hayamos zanjado este asunto y todo quede como una desafortunada anécdota. De ahora en adelante, necesito que esta vuelva a ser una familia normal que convive en armonía y en la que cada miembro tiene un rol adecuado a su condición-

-¿Y qué es un rol?-   pregunta Katia sin mucho entendimiento.

 

Selena se ríe para ridiculizar la ignorancia de su hermana.

 

-¿De qué te ríes lista?-   ya con gritos

-De lo tonta que eres-   sentencia aguantándole la mirada desafiantemente.

-Tú sí que eres tonta que no sirves ni para tener un solo amigo-   pasando al ataque.

-Puede que prefiera tener pocos amigos que un puñado de pelotas lamiéndome el culo y babeando porque llevo ropa de zorra-

-Hhhhhhhap!-   aspira indignada   -envidia que me tienes cabrona-

-¿Envidia de qué? ¿De ser tan puta?-

 

Ese último comentario empuja a Daniel tomar cartas en el asunto de una vez con un potente grito:

 

-!BASTA NIÑAS! Ninguna es puta ni zorra… ni tonta-

-Eso no es lo que dicen sus notas papá-   replica Selena llena de placer.

-¿Por qué no cierras esa bocaza cerda?-   sorprendida por esa bajeza.

-¿Cómo? ¿Ya tenéis las notas de fin de curso?-   con una repentina curiosidad.

 

Daniel está tan aturdido por los recientes acontecimientos que había olvidado que hoy era el último día de clase.

 

-A ver esas notas. ¿Dónde están?-   mientras se pone las gafas.

-Toma papá, mira primero las mías-   dice Selena, con repentina alegría.

-Yo no las tengo, me las he dejado en el aula-   intentando escurrir el bulto.

-No me vengas con esas Katia, dámelas ya mismo-   autoritario.

-Fíjate papá-   dice la hija estudiosa   -ocho excelentes y dos notables, piensa en eso para consolarte cuando mires las de ella-   con tono burlón.

 

Daniel compara ambas calificaciones. Levanta la vista y mira; primero a una y luego a la otra. Tras un hondo suspiro:

 

-¿Y ahora qué tengo que hacer?-   tocándose los lagrimales con los índices.

-Pues yo diría que está claro ¿no?-   dice Selena   -Premiar a una y castigar a la otra-

-Para mí ya es suficiente castigo repetir curso-   Katia, con su tono más rebajado.

-Eso que lo decida papá-   intentando meter el dedo en la herida.

 

Ofendida, Katia se levanta y se va a toda prisa hacia su cuarto. Selena se queda con su padre mirándole victoriosa.

 

SELENA:  ¿Qué castigo le vas a poner? Tiene que ser gordo.

DANIEL:  No deberías alegrarte de sus fracasos hija.

SELENA:  Ella me quita todo lo mío por pura crueldad así que sí, me alegro.

DANIEL:  Ella no te quita nada ¿De qué hablas?

SELENA:  Me robó a Javi ¿Te acuerdas?… Tú me consolaste ayer dándome eso tan especial, pero lo has estropeado follándotela esta mañana.

 

La chica le clava una mirada de odio humeante que provoca el estupor de su padre:

 

DANIEL:  Pe. Pero ¿Q. qué dices. es.? yo n. no he fo.follado a…

SELENA:  ¿Cómo qué no? Os he escuchado perfectamente.

DANIEL:  No. no ha sido eso. Ha ocurrido algo, pero no. no. eso no.

SELENA:  Pero te has corrido ¿Verdad?

 

Daniel hace el gesto de negación sin mucho convencimiento mientras baja la cabeza, avergonzado. Su hija contraataca:

 

-Piénsate un buen castigo para Katia y un buen premio para mí, porque créeme si te digo que estoy herida y necesito un poco de justicia. Me merezco algo más. Si no quieres premiarme delante de ella, dámelo por la noche, en mi habitación. Piénsalo bien, no vayas a equivocarte-   terminando con un tono ya más amable.

 

Selena se marcha acariciando levemente la calva de su padre.

 

-viernes 29 junio-

 

En la consulta de Maite abundan las texturas de madera: suelo de parqué, muebles de roble, techo laminado… Se trata de una estancia extremadamente elegante que refleja el estilismo de tan reputada terapeuta.

Sentado en el diván, Daniel lleva algunos minutos divagando. Le cuesta ser explícito a la hora de relatar su tumultuosa realidad paternofilial. Su oyente empieza a impacientarse:

 

M:  Deberías traerlas a las dos aquí.

D:   Ni de broma Maite. No es una posibilidad.

M:  Tengo que hacer mi trabajo y necesito todas las cartas sobre la mesa.

D:   Ya te cuento yo todo lo que hay.

M:  No. Tú me cuentas tu versión, pero no sé yo hasta qué punto…

D:   ¿Te crees que me lo invento? Estoy aquí para que me trates a mí, no a ellas.

M:  Te seré sincera: creo que en tu historia hay mucha fantasía, no dudo de ti, pero…

D:   Sé que parece una locura, pero debes creerme.

M:  Un cierto flirteo es normal, común de algún modo.

D:   Noooo, noo, no…no . Hay cosas que ni siquiera me atrevo a contarte.

M:  Lo de Selena ya lo hemos hablado, fueron unos besos en un momento de confusión.

D:   No. Hubo más. La cosa se calentó… No te daré detalles sórdidos, pero…

M:  Tienes que contármelo todo, las pequeñas cosas pueden ser importantes.

D:   No nos quitamos la ropa, pero… … hubo una simulación y ella… ella llegó a correrse.

M:  … ¿Estás seguro que ocurrió tal cosa?

D:   Siií. No fue algo sutil. Fue salvaje. Eso que pasó no se presta a equívocos.

M:  ¿Y lo de Katia? ¿Hubo algo más aparte del examen mamario?

D:   … mmmmmmm…  ¿Estoy protegido por el secreto profesional?

M:  Garantizado. Llevo más de veinte años en esta profesión y nunca he revelado nada.

D:   ¿Nunca?

M:  Ni siquiera las veces en que lo ha requerido el juez. Es vital para mí.

D:   … Como te dije, eso del cáncer era una ocurrencia suya. Una trampa.

M:  Te pidió que le tocaras los pechos por si había algún bulto y…

D:   Después quiso tocarme el pene. Yo lo tenía muy duro. Es algo incontrolable.

M:  ¿Y tú la dejaste?

D:   !No!… … Al principio no, pero empezó a chantajearme.

M:  Cuéntame de qué modo puede chantajearte una chiquilla de quince años.

D:   Me dijo que si me negaba se acostaría con su novio ese mismo día.

M:  ¿Y tú pensaste que era mejor que tuviera su primer acto sexual contigo?

D:   Noooh. No hicimos… … no, no la penetré.

M:  ¿Qué ocurrió entonces?

D:   Me la toco… …  Me hizo una paja y me corrí.

M:  ¿Eso fue todo? ¿No hubo forcejeo ni penetración entonces?

D:   !Claro que no! ¿Me crees capaz de violar a mi propia hija?

M:  Esto que me cuentas… … no es una violación, pero está a medio camino.

D:   ¿En qué universo eso se podría considerar violación?

M:  No hace falta viajar a otro universo. Con quince años, legalmente…

D:   No me hables de legalidades ahora. No se trata de eso.

M:  No hablemos de leyes. Hablemos de moral entonces.

D:   ¿Por qué te hablo de esto Maite? ¿Crees que lo haría si no tuviera un conflicto?

M:  Estamos a viernes Daniel y eso que me cuentas ocurrió…

D:   El… … el pasado domingo y el lunes por la mañana con Katia.

M:  Y ¿por qué has tardado tanto en contármelo? Vienes los miércoles.

D:   Es un tema que me incomoda profundamente y tú…

M:  ¿Yo qué? ¿Hago algo que me haga desmerecedora de tu confianza?

D:   Siempre lo vinculas todo al sexo.

M:  !Oh! Perdona. Supongo que esto que te ocurre no tiene nada de sexual.

D:   No, ya sabes. Me refiero a antes. Con pequeñas cosas. Con todo el mundo.

M:  Créeme si te digo que el ser humano es mucho más primario de lo que parece.

D:   No me vengas ahora con esas.

M:  Hay muy pocas emociones básicas que lo mueven todo y el sexo es la más fuerte.

D:   No empieces ahora con tus teorías freudianas.

M:  De acuerdo. A ver: me contaste que eso ocurre desde siempre, en cierto modo.

D:   Sí, pero era algo discreto y razonable. Ahora se ha desmadrado.

M:  Pero me has dicho antes que hablaste con ellas para aclarar las cosas.

D:   Sí. Medí muy bien mis palabras y fui muy claro al respecto.

M:  ¿Lo entendieron pues?

D:   Sí. Pero… … ahora que no está su madre…

M:  Ah sí, me dijiste que está cuidando de su hermana ¿no? que está enferma.

D:   Las niñas siguen peleadas y se han propuesto… … cómo decirlo.

M:  ¿Siguen… … acosándote?

D:   De algún modo. Verás: con la excusa del verano y el calor… … van casi desnudas y…

M:  ¿No puedes impartir un poco de disciplina sobre ese tema?

D:   Lo he intentado, pero… … técnicamente llevan ropa. Quiero decir, en la playa…

M:  No es acertado tomar como referencia la indumentaria playera comparativamente.

D:   !Claro! Es diferente fuera de contexto. Además, no es la cantidad de tela sino…

M:  ¿Quieres decir que no es la carne visible lo que te provoca? ¿Si no la ropa en sí?

D:   También. Pero es que… … no sé. Es Katia sobre todo. Lleva unos pantalones que…

M:  ¿Son cortos?… … ¿Muy cortos?

D:   Son tejanos, pero son poco más que un tanga. Sus nalgas se asoman impunemente.

M:  ¿Y cómo le permites vestir así?

D:   Tuvimos una discusión y acordamos que no se pusiera eso fuera de casa.

M:  ¿Y a cambio se lo podía poner en casa? !Pero hombre Daniel!…

D:   Sí, lo sé: me llevan por donde quieren, pero ahora no puedo cambiar el acuerdo.

M:  ¿Y Selena? ¿Qué ocurre con ella?

D:   Aparenta no ser tan descarada, pero ocurren algunos accidentes… … accidentales.

M:  ¿Qué clase de accidentes?

D:   … Minifaldas y camisetas anchas, se prestan mucho a según qué indiscreciones.

M:  ¿Te refieres a que, según la postura, te enseña más de lo que debería.

D:   Sí. No lleva sujetador cuando está por casa y… creo que tampoco bragas.

M:  Mmmmmmh, entiendo.

D:   Además, hay como una teatralidad erótica rondando en mi hogar.

M:  ¿Te refieres a representaciones fruto de esa rivalidad entre las dos?

D:   Sí. Palabras, miradas, roces, besos… hasta en el modo de bailar.

M:  Ah ¿Es que bailáis?

D:   No. Yo no bailo, pero el otro día tuvimos una cena con las vecinas y…

M:  ¿Después de la cena hubo baile?

D:   Sí. En el jardín. Las vecinas son buenas amigas de Mariela. Son cuarentonas.

M:  No sabía que tuvierais una relación tan estrecha con ellas.

D:   Ahora que mi mujer no está, me echan una mano. Son muy atentas.

M:  ¿No será que ellas también necesitan de tu atención?

D:   !No te burles! Son gordas y feas, pero con un par de copas de vino se desmelenan.

M:  ¿Entonces terminó la cena y os pusisteis a bailar?

D:   No. Primero hubo un poco de karaoke. Me parecía un poco inapropiado, pero…

M:  ¿Por lo de Dolores? ¿Por la situación familiar?

D:   Sí. Mariela acompañando a la Dolores mientras se muere y…

M:  Entiendo: y vosotros cantando y bailando.

D:   Aun así, me pareció una buena manera de disipar la tensión sexual por una noche.

M:  Pero la cosa se torció ¿no?

D:   Durante el karaoke aparecieron esas miradas… …  y luego empezaron a bailar.

M:  ¿Cómo eran esos bailes?

D:   … … Indescriptiblemente inapropiados. Yo estaba sentado de público.

M:  ¿Y seguían mirándote del mismo modo?

D:   Eso era lo peor.  Si no, me hubiese limitado a sentirme incómodo.

M:  ¿Y las vecinas? ¿Cómo se llaman?

D:   Carmen y Conchita. Creo que ellas todavía agravaban más la situación.

M:  ¿Cómo puede ser eso posible? Me has dicho que son gordas y feas.

D:   Por eso mismo. Dan tanto contraste con mis preciosas hijas.

M:  ¿Insinúas que son tan horribles que, a su lado, tus hijas te parecen más atractivas?

D:   No solo porque sean más feas cuando se ríen, sino por lo patosas que son.

M:  ¿Por su gordura son patosas al bailar?

D:   Sí, pero no es solo por eso. Son cómicas. Mis niñas son tan sexys a su lado.

M:  Entiendo.

D:   Se movían de un modo… y me clavaban esas miradas… saben lo que me ocurre.

M:  ¿Seguro que no hay nada más que no me hayas contado?

D:   Hay pequeñas cosas, todos los días, a todas horas. Te explicado lo más revelador.

M:  Si se tratara de una tensión sexual no resuelta que se pudiera resolver…

D:   ¿A qué te refieres?

M:  Suelo aconsejar a mis pacientes que resuelvan esas cosas para poder pasar página.

D:   Crees que se resolvería si…

M:  !No! Por supuesto que no. Estoy hablando de casos éticos y legítimos.

D:   Ya, pero mi caso es diferente. Ya lo sé.

M:  La adolescencia es una edad difícil y confusa. Tu papel de padre consiste en otorgar, a tus hijas, unos valores que ahora parece que se les escapan. No te culpo, ni a ti ni a Mariela, ni siquiera al sistema educativo. Son tiempos difíciles y la crisis más grave, a mi entender, no es la económica. La crisis de valores es la que ha llevado a esta sociedad a la decadencia global que vivimos.

Katia y Selena reciben, desde todos los medios, inputs inmorales de conducta; juicios erróneos sobre la popularidad, el sexo, la decencia, el esfuerzo, el mérito… Ahora lo que está de moda es la holgazanería y la superficialidad. Los jóvenes de hoy viven a través de pequeñas y grandes pantallas y a menudo confunden lo que en ellas se representa con la vida real. Es llamativo lo más inadecuado y en muchas ocasiones optan por destacar a cualquier precio para no verse arrinconados.

Tus hijas están dejando de ser niñas y necesitan encontrar su identidad; cosas que las definan. Buscan la aprobación de los demás, compiten para encontrar su sitio, para reafirmar sus calidades y su potencial. Se ponen a prueba constantemente.

Debes ocuparte de enseñarles que una chica con personalidad rara vez se siente intimidada por el éxito de los demás, rara vez necesita competir con alguien que no sea ella misma. Sé que puede parecer imposible que te hagan caso, que te escuchen y te comprendan, pero de ti depende encontrar el mejor modo de inculcarles buenos valores que contrarresten toda esa porquería que viene de fuera.

Te seré sincera: si las cosas son como me las has contado, opino que has sido un muy mal padre: débil, permisivo, calenturiento… indecente. La situación se te ha complicado mucho al dejar que tus niñas se descarríen de ese modo. La convivencia en tu hogar se ha vuelto enfermiza y temo que esa tensión sexual siga acumulándose hasta que regrese Mariela. Te puedo prometer una cosa: si bien es difícil para una mujer sentir que su marido preferiría a otras, le es completamente imposible aceptar que esas otras mujeres sean sus propias hijas.

Me da miedo Daniel. Me da miedo que esta situación se te haya escapado de las manos y te explote en la cara. Hace bastantes años que te trato y te puedo certificar que tus depresiones y tus ansiedades pasadas se pueden quedar muy pequeñas al lado de lo que te espera si no sabes solventar esta situación adecuadamente. Tu familia y tu hogar son los pilares fundamentales que sostienen tu vida. Podrían desmoronarse si ese trastorno sigue corroyendo sus cimientos.

Lo que te ocurre es muy grave. He visto disolverse familias por mucho menos. Tengo pacientes hombres que han tocado fondo, muy abajo, después del divorcio. Las mujeres suelen sobrellevarlo mejor, pero tú… No te veo a ti muy capaz de empezar de nuevo, solo y con esas cargas familiares pesando en tu bolsillo.

Piénsalo. Es impredecible lo que ocurrirá cuando regrese tu mujer. No sabes hasta dónde puede llegar la inconsciencia y el egoísmo de tus hijas a tan tierna edad; enzarzadas en esta escalada de rivalidad inmoral. La discreción es muy complicada cuando se trata de acontecimientos que ocurren en el seno familiar. Katia os sorprendió a ti y a Selena primero, y luego Selena os escuchó a ti y a Katia después: esto prueba lo poco hermética que es la intimidad entre personas que comparten un mismo techo. No es una aventura con la secretaria, esto va mucho más allá en todos los sentidos.

Céntrate Daniel. Voy a modificarte un poco la medicación y te voy a recomendar un par de libros. Te diría que hicieras leer eso mismo a tus hijas, pero dudo que sea una lectura apropiada para ellas, especialmente para Katia. Esa niña no parece tener muchas luces. Te lo apunto todo aquí. También te recomiendo hacer ejercicio, como más mejor. No es la primera vez que te lo digo, pero en momentos de ansiedad, es el mejor remedio.

Nos vemos el próximo miércoles y… … hazme caso: toma alguna determinación antes de que sea demasiado tarde. No confíes en el raciocinio de tus hijas porque ahora mismo lo tienen muy disperso. Puede que para ellas deje de ser prioritario ese secretismo que tanto necesitas si la situación sigue tensándose entre las dos. No se lo permitas. No permitas que se equivoquen. Déjales las cosas muy claras.

 

****

 

KATIA:    No papá, no puedes hacerme esto.

DANIEL:  Claro que sí. Ya te advertimos que si no te esforzabas habría consecuencias.

KATIA:    Con lo de no salir en un mes es suficiente ya.

DANIEL:  No salir es poco si te pasas el día enganchada al móvil.

KATIA:    Pero eso es demasiado, no puedo vivir sin el móvil y sin internet.

DANIEL:  Solo será un mes, no te morirás.

 

La chica, alentada por una irrefrenable ansiedad, se levanta del sofá y junta las manos a modo de súplica.

 

-Pero es que tú no sabes lo que me estás haciendo-   asomando sus primeras lágrimas.

-Te vendrá bien para superar esa adicción-   abrumado por la reacción de su hija.

-No, de verdad. Me va a dar algo. Pídeme lo que sea. Hare lo que sea de verdad-

 

Katia está al borde de un ataque de nervios y Dani se ve sobrepasado de nuevo. Podría haber consultado el castigo con su mujer, pero está tan disgustada, con el tema de su hermana, que no logró plantearle el tema en su última conversación telefónica.

Ahora no puedo echarme atrás con el castigo.

Sería otra batalla perdida frente a sus mangoneos.

Ya me ha manipulado suficiente durante esta semana

El llanto y los sollozos de Katia no parecen una actuación esta vez. Quizás su ciberadicción sea más grave de lo que pensaba.     Sin Mariela, no para de meterse en jardines. Fustigado por las desesperadas lágrimas de su hija, Daniel encuentra la manera de matar dos pájaros de un tiro:

 

D:  De acuerdo Katia. Tendrás WIFI si haces una cosa por mí.

K:  Dime… lo que sea-   volviendo a levantar su mirada con la cara mojada.

D:  Tienes que disculparte con Selena y reconciliarte con ella de la manera que sea.

K:  Pero si es ella quien está enfadada, yo no le he hecho nada.

D:  Le quitaste a Javi, eso le dolió mucho. Fue el principio de todo.

K:  Eso solo fue… nada… no sabía que le importara tanto.

D:  Sé qué piensas que no es justo y puede que tengas razón, pero es eso o tu castigo.

 

Daniel se muestra inflexible con sus condiciones. Katia lo piensa detenidamente, pero finalmente acepta el trato:

 

-Vale, pero mañana todavía no. Déjame un par de días para que vaya calmando la cosa-

-Cómo quieras, pero tiene que ser antes de que vuelva tu madre, que no tardará ya-

 

Se siente ingenioso al haber jugado bien sus cartas. Mira hacia un futuro no muy lejano donde reinará la paz y la armonía:

 

*Selena: contenta con su moto nueva y con las disculpas de su hermana.

*Katia: contenta por poder seguir enganchada a su móvil y a internet.

*Mariela: contenta de reencontrarse con la familia tras su pérdida.

*Daniel: contento por haber solucionado todos sus problemas.

 

La reconciliación de las niñas

es indispensable para esa

oportuna vuelta a la normalidad.

A partir de ahí, la familia podrá superar su

pequeña crisis lujuriosa sin daños colaterales.

En unas semanas todo quedará olvidado,

o en todo caso,

enterrado bajo un mutismo eterno

 

-sábado 30 junio-

 

Dani permanece pensativo en la sala de espera del hospital Mortencio Mórtimer. Nunca le han gustado esta clase de sitios. Enmascarados tras una pulcritud impecable, se esconden miles de enfermedades y microbios provenientes de sus perecederos lugareños. La muerte acecha a los pacientes y los tullidos caminan, como zombis, por los pasillos con pasos titubeantes y delicados.

Katia y Selena están concentradas en las pantallas de sus móviles, ajenas al mundo que les rodea. Guardan una proximidad y una simetría posicional sorprendente dadas sus últimas riñas.

Les han pedido que aguarden un poco. Dolores está en su lecho de muerte ya y han venido todos a despedirse de ella: Mariela, Antonia, su madre Angustias, Daniel, Katia y Selena.

 

-Niñas, cuando entremos quiero que apaguéis eso de inmediato-   severamente.

-Vale papá-   responden las dos al unísono.

-Señor Valverde:  ya pueden pasar-   dice el enfermero.

-Vamos… … … !VAMOS!-   impaciente.

-!Vale ya va!-   protesta Katia.

 

Ya en la habitación, empieza el calvario. Daniel nunca se ha sentido muy unido a su cuñada, pero, cuando alguien se muere, es necesario que la familia permanezca unida para dar el último aliento de cariño a quien abandona este mundo.

Dolores está muy desmejorada: ha perdido mucho peso y no le queda nada de pelo. No parece muy consciente. Parpadea, pero ya no se percata de nada; ni siquiera reconoce a los seres queridos que ahora mismo están rodeando su cama. Vacía de inquietudes, su mirada perdida permanece impasible mientras el monitor del electrocardiógrafo dibuja, uno a uno, sus pasos hacia la muerte.

Selena se emociona, al fin, con tan deprimente estampa. Sus ojos adquieren un brillo que se alimenta de tristeza y sus gestos han perdido ya la indolencia juvenil que tenían justo antes de hacer acto de presencia en la sala. Por su lado, Katia sigue masticando ese llamativo chicle azul, sin cerrar sus labios, en una clara, aunque inconsciente, muestra de falta de respeto.

No hay nada más triste en el mundo que ver como se te muere la hija ante tus propios ojos impotentes. Angustias lo intenta, entre lágrimas, pero no logra articular su tedioso discurso de despedida. Luego vendrá el turno de Antonia, Mariela, y puede que las niñas improvisen algo; no han escrito nada que se sepa.

Un gran globo del chicle explota delante de la cara de Katia. Ella misma se da cuenta de lo inadecuado de su filigrana. Daniel la mira ofendido con urgencia. Katia le devuelve una expresión sorprendida y avergonzada justo antes de bajar la mirada.

Es eso. A eso me refería cuando hablaba con Maite:

Ese contraste entre lo feo, estropeado, rancio,

caduco, moribundo, arrugado, farragoso, deprimente,

desteñido, grisáceo, aburrido, enfermizo, pesado…

frente al resplandor de mis niñas,

con sus destellos de su refrescante juventud,

su enérgica vitalidad, su tierna virginidad, sus cautivadores

encantos, su incontestable y sublime belleza…

Incluso algunos de los incorregibles defectos de sus hijas, que deberían provocarle rechazo, le resultan extrañamente atractivos. Eso es lo que le ocurre, por ejemplo, con la frivolidad y la mala educación de Katia. Esa incorrección infantil le parece tan sugerente que llega a provocarle un bochornoso riego sanguíneo en su libertino miembro. Dani se ve obligado a sentarse en la única silla de la sala para disimular su más que inadecuada erección.

¿Cómo es posible?

¿Cómo se me puede poner dura, pensando en mis hijas

y en el lecho de muerte de mi cuñada, mientras el resto de la familia riega, con sus lágrimas, tan lamentable pérdida?

Daniel considera, por primera vez, que su caso es el de un enfermo mental. Ese nauseabundo ambiente hospitalario empieza a hacer mella en su hipocondríaca consciencia y parece que su nueva medicación está agravando sus punzantes mareos. Con su pensamiento alterado, empieza a retroceder en sus convicciones cuestionándoselo todo.

Puede que Maite acertara en dudar de mi versión de los hechos.

Puede que esté padeciendo cierto grado de esquizofrenia.

¿Es posible que Selena no se corriera jadeando sobre mi regazo?

¿Es posible que Katia no me masajeara la polla viciosamente?

 

Siempre ha tenido miedo de convertirse en uno de esos locos que no saben que lo son. Su abuelo padeció de demencia, a una edad prematura, y sabe Dios que los genes no son misericordiosos.

Si tuviera problemas mentales, preferiría ser consciente de ello. Cuando ya empieza a temer por la contención de sus propios vómitos, decide acercarse al oído de su mujer y labrarse una salida digna para huir de tan preocupante escenario. Susurra:

 

-Cariño, no me encuentro muy bien, me estoy mareando, tengo que salir de aquí-

 

Ella no le hace caso sumergida en un manto de lágrimas.

Daniel coge la mano a su cuñada Dolores a modo de despedida y, acto seguido, sale de la habitación apoyándose en las paredes del pasillo mientras busca un ascensor.

Ya en el exterior, se tumba bocarriba, sobre el césped, y respira hondo oliendo la verde humedad que le acaricia la piel. Observa cómo las nubes algodonadas realizan movimientos cuestionables.

¿Se mueven ellas o se mueve mi percepción?

 

****

 

Después de una discreta cena, Daniel se dispone afrontar otra noche solitaria sin su mujer. Está sentado en una esquina del colchón, oculto en la oscuridad de su dormitorio. Al otro lado del pasillo, tras el umbral de la puerta abierta de su cuarto, Selena se desprende de su escasa ropa diaria para vestirse con un pijama de Snoopy todavía más breve. Lo hace despreocupadamente, de un modo tan grácil que resulta difícil de creer que no se sepa observada: mirándose en el espejo, tocándose el pelo, posando…

El calenturiento abrazo de la inmoralidad incestuosa envuelve de nuevo el pensamiento de ese atormentado padre de familia.  Su mirada, estática y trastornada, se acompaña de un rostro boquiabierto que permanece aturdido e inerte frente a esta nueva provocación. Hace días que Daniel ha dejado de preguntarse si esas situaciones tendenciosas son accidentales o intencionadas.

El corazón le late con fuerza y su tranca está dura como una mala cosa. Se ve a sí mismo entrando en la habitación de su hija y follándola salvajemente, pero, una vez de pie, su maltrecha decencia le da fuerzas para cerrar su propia puerta discretamente.

Se toma un somnífero adicional, se tumba e intenta dispersar su mente. Durante la última semana, ha estado pajeándose como un mandril pensando en sus hijas; pero se ha propuesto firmemente dejar de hacerlo, pues eso no puede ser bueno para su cordura.

Cada vez que empieza a tocarse, se obliga, a sí mismo, a imaginase con otra mujer, pero, irremediablemente, su disciplina pensante acaba por torcerse y siempre termina salpicando a una de sus hijas en el último momento. Está convencido de que esas ineludibles fantasías, ligadas a cada uno de sus orgasmos, están tergiversando sus sentimientos de sano amor paterno.

Si no puedo controlar mis propios pensamientos,

será mejor que no empiece

 

****

 

Unos jadeos místicos zarandean la mente de Dani eróticamente. Suenan como música celestial enriquecida con incontables caricias. Un sinfín de besos jugosos le premian con un afecto que esconde, tras su pura ternura filial, una aberrante lujuria intergeneracional.

Violentas contracciones fálicas son las que le despiertan mientras nota como la tela de su pijama se empapa mediante templados chorros de esperma. Desentendiéndose de su propia vergüenza, cierra los ojos y se somete a tan impetuoso gozo.

!Joder! ¿Qué coño me pasa? Hacía…¿Cuánto?

Casi treinta años que no sufría esta

clase de accidentes nocturnos.

¿Puede que la medicación de

Maite me ponga más cachondo?

Tengo que planteárselo en la próxima sesión.

Maldita sea.

Quizás hubiera sido una buena idea sacudírmela

antes de acostarme después de todo

Siente cómo el flujo se derrama por su cintura y eso le empuja a incorporarse para ir al lavabo a limpiarse. Primero echa un vistazo al pasillo. Teme despertar a sus hijas dado que ninguna de las puertas está cerrada. Mediante pasos de nula elegancia, consigue llegar a su destino sin hacer demasiado ruido. Una vez encerrado, mete el pantalón en el cubo de la ropa sucia, quedándose completamente desnudo, y entra en la ducha. Se enjabona bien bajo el chorro de agua. Lo siente caliente y purificador.

Todavía un poco adormecido, sale de la ducha:

¿Dónde están las toallas?

Daniel cae en la cuenta de que las puso a lavar y descuidó reemplazarlas. Mojando el suelo, se apresura a caminar descalzo, intentando no resbalar, deseando reencontrarse con el tacto de la tupida alfombra de su habitación bajo los pies. La oscuridad es más severa cuando uno proviene de la luz. Sin ver prácticamente nada, intenta regresar a su cama cuando detecta que ya hay alguien en ella.

 

-Papá, he tenido una pesadilla. Tengo miedo. No puedo dormir-   llorosa.

-Katia… … ¿Qué haces aquí?-   susurrando a la vez que regañándola.

-Estoy temblando, he soñado una cosa… … horrible, déjame quedar contigo-   suplica.

-No puede ser cariño, tendrás que irte a tu habitación, o con Selena-

-No, todavía está enfadada conmigo, no puedo ir con ella-   protesta.

 

Las pupilas de Daniel empiezan a dilatarse y desafían lo opaco de esa oscuridad nocturna. A media que vuelve a vislumbrar su entorno, se siente más desnudo e indefenso frente a la situación que le acecha. Los ojos de Katia le llevan ventaja:

 

-¿Cómo es que andas sin ropa?-   pregunta ella rebajando el tono.

-No… … eso no viene a cuento, solo… …. solo tenía calor-   buscando alguna prenda.

-No te preocupes, ya sé cómo la tienes. ¿No te acuerdas?-   llena de picardía.

 

No encuentra nada con lo que pueda vestirse, pero no desiste. Otra voz interrumpe su búsqueda inesperadamente.

 

-¿Qué pasa? ¿Por qué hacéis tanto ruido?-   pregunta Selena encendiendo la luz.

-Nada cariño. Tututu hermana ha tenido una pesadilla y nono puede dormir-

 

Katia cierra sus párpados molesta mientras Selena intenta vislumbrar la escena con los ojos entreabiertos. Daniel se apresura a apagar de nuevo la luz.

 

-¿Por qué estás desnudo papá?-   pregunta extrañada ella también.

-He tenido que ducharme y no había toallas-   con tono exasperado.

 

Katia prende la lámpara de la mesita, con una luz más suave.

 

SELENA: ¿Y qué hace Katia en tu cama?

DANIEL:  Ya te lo he dicho: yo volvía ahora de la ducha y la he encontrado aquí.

 

Daniel se siente ridículo excusándose, desnudo, frente a su hija. Necesita coger las riendas de esa situación y toma la iniciativa:

 

-Katia necesita decirte una cosa hija, escúchala bien-   mirándolas a las dos.

 

Se hace un silencio sostenido donde transcurren razonamientos dispares a cada cual, pero, finalmente, Katia recapacita y percibe que la ejecución del acuerdo con su padre es ya inaplazable.

Mira a su hermana, quién navega en una mezcla de ira, sorpresa y curiosidad, y empieza su argumentación:

 

-Selena… (traga saliva) … eres mi mejor amiga y siento haberte herido con lo de Javi. No sabía que te importaba tanto. Fui egoísta e insegura y quise demostrar que yo era más atractiva y que podía hacer lo que quisiera. Si fueras fea y gorda no necesitaría hacer estas cosas, pero eres… … eres preciosa y a menudo me intimidas, porque si además de ser mucho más lista también eres más guapa… … ¿Dónde me deja a mí eso? Lo último que quiero en esta vida es hacerte daño y sé que estos últimos días me he equivocado mucho. Solo necesitaba recuperar un poco de confianza en mí misma pero lo que he perdido es algo mucho más importante para mí…-

 

A lo largo de ese brillante alegato, Dani contempla cómo ambas chicas inundan sus ojos. Se pregunta hasta qué punto es sincera la convincente disculpa de su hija. La trascendencia de la situación le hace olvidar su propia desnudez.

Selena se sienta en la cama, cerca de su hermana, y con una mirada intensa pero enigmática dice:

 

-Has sido una zorra-   intentando mantener la seriedad segundos antes de sonreír.

 

Katia, conservando una expresión afable, derrama un par de lágrimas justo antes de derriba a Selena con un sentido abrazo. Dani se siente aliviado. Parece que todo se está arreglando. Tras emitir un profundo suspiro, se da cuenta de que algo no va bien.

La emotiva reconciliación de sus hijas empieza a nutrirse de unos besos notoriamente inapropiados. Los ya poco recatados límites de sus joviales pijamas veraniegos se ven propasados por confusas caricias que descubren, todavía más, ciertas redondeces que deberían de permanecer en el anonimato. El rosa de Hello Kitty se enzarza en un lascivo duelo con el azul de Snoopy dando un largo recorrido a una deriva decadente que parece no tener fin.

Daniel levanta el dedo para decir algo, pero se queda mudo al tiempo que toma consciencia de la situación:

Mis hijas están enrollándose en mi cama mientras

yo las observo completamente desnudo

Su polla hace gala de su impetuosa independencia cobrando una notoria perpendicularidad con el resto de su cuerpo. A sabiendas de la dificultad que conlleva invertir este vergonzoso proceso, se encamina fuera de su propia habitación hasta que:

 

-Papá, ¿dónde vas?-   pregunta Selena entre suspiros.

-… … Creo que es mejor que os deje solas-   sugiere él en un mar de dudas.

-No te vayas-   contesta Katia con el pelo en la cara   -Esta es tu habitación-

-Si quieres nos vamos nosotras-   dice Selena colocándose bien el pijama.

-Pues ahora que lo dices… … puede que sea lo mejor-   en tono de súplica.

-Vale. Apaga la luz y acuéstate, nosotras pronto nos vamos-   contesta pícara Katia.

 

No las lleva todas con sigo, pero se acerca a la cama y apaga la luz, con premura, para esconder su delatadora erección; aunque ya considera imposible que haya pasado desapercibida. Daniel permanece de pie, frente a su lado del colchón. Tras unos instantes de inmovilidad y silencio dice:

 

-¿Os vais?-   con un tono dotado de cierto victimismo.

-Aquí tienes sitio papá-   dice Katia juguetonamente.

-Esta cama es de matrimonio. Es para dos personas-   notando débil su argumento.

-Mamá ocupa el doble que nosotras dos, somos pequeñas-   rebate Selena.

 

Dani piensa en buscar un nuevo pijama, pero cae en la cuenta de que se dejó la última lavadora sin tender. Sin toallas, sin ropa limpia… cómo se nota que no está Mariela. Además, considera una mala opción volver a encender la luz para buscar otra prenda.

Todas sus convicciones se están viendo ninguneadas por esos cantos de sirena que lo atraen hacia su propia cama. La oscuridad parece permitir lo que la luz no permitía. Al fin y al cabo:

Solo estoy regresando a mi lecho

nocturno sin ninguna mala intención.

¿Quién podría reprocharle a un hombre

que se meta en su propia cama en plena noche?

Una inquieta emoción, vestida de incertidumbre, le acompaña en cada uno de sus lentos movimientos cuando vuelve a ocupar su lado del colchón. Se acomoda usando, estrictamente, su mitad de la cama para no sentirse culpable de ningún contacto accidental. Su pene está tieso y, aún a oscuras, Daniel siente que esa tensión fálica rompe la armonía de su postura; así que intenta mantener una absurda compostura tapándose con las sabanas.

Sus pupilas empiezan dilatarse de nuevo y ya percibe formas y movimientos con la escasa luz lunar que entra por la ventana.

El besuqueo entre las niñas sigue a su lado más notorio a cada momento que pasa: las caricias se tornan magreos, las respiraciones se convierten en jadeos y los besos en lametones.

Selena se incorpora para deshacerse de la parte de arriba de su pijama y, levantando los brazos, saca a relucir sus espléndidos pechos adolescentes. Acto seguido, desabrocha los botones de Hello Kitty para igualar la situación. Katia le echa una mano.

En un momento dado, Selena se gira hacia su padre y dice:

 

-Papá, ¿me estas mirando?-   con fingida sorpresa.

-No cariño, solo… … solo intento dormir, pero armáis mucho jaleo-   siguiendole el juego.

-Ah, perdona. Es que Katia es muy escandalosa-   modulando cómicamente la voz.

-¿Qué dices guarra? Si eres tú-   protesta Katia dándole una sonora bofetada.

-Aaahhhhhp-   aspira Sele indignada   -!Toma!-   y le propina otra en plena cara.

 

Se desata un forcejeo entre gritos y risas hasta que Katia empuja a su hermana encima de Daniel, quien permanece rígido.

 

SELENA:  !Ala papá! ¿Qué es esto tan duro que tienes aquí?

DANIEL:  No es nada cariño. Es solo una erección mañanera. Nos pasa a veces.

SELENA:  Ah. Perdona entonces. Jaja. No quería tocártela. Ha sido un accidente.

DANIEL:  No. Nono te preocupes Sele, no… no pa.pasa nada.

SELENA:  ¿No te he molestado? Es qué la cama es espaciosa, pero tú eres grandote.

DANIEL:  Si quieres me… … me arrincono un poco más.

SELENA:  No, espera, no te muevas, yo me adapto.

 

Selena está a cuatro patas. Curvando la espalda estéticamente, hace un puente dorsal por encima de su padre.

 

-Así es más fácil-   susurra al tiempo que su hermana le baja los pantaloncillos.

 

Una vez desterrada dicha prenda, Katia empieza a efectuar ciertos tocamientos que rompen el ya muy forzado temple de Selena, quien nunca hubiera pensado que esa improvisación traviesa acabaría llegando tan lejos. Abochornada, se siente incapaz de rechazar esas inmorales atenciones fraternales:

 

-OoOh… sí… así está bien… … oOoh-   balanceándose.

-Así te gusta, ¿eh zorra?-   le dice cariñosamente Katia metiéndole sus dedos.

 

La sugerente postura de Selena realza sus curvas, eróticamente, mientras se mueve y jadea. Sus preciosas tetas se columpian, a la luz de la Luna, suplicando que alguien las sujete. Su padre ya no puede más y termina por responder a esa subjetiva súplica acariciándolas con avidez. Ese tacto turgente, de suavidad celestial, provoca una cálida corriente en su sistema nervioso, inundándole todo el cuerpo con una portentosa sensación calenturienta. Fruto de tan fastuosos estímulos, unos centilitros de sangre, recién llegados, se propulsan hacia su pene ya colapsado. Su hija sigue actuando como si no se diera cuenta hasta que:

 

SELENA:  ¿Me estás tocando las tetas?

DANIEL:  No cariño, solo te sujetaba porqué me pareció que te caías.

SELENA:  !Qué mentiroso! Jaja. No me lo creo.

KATIA:    Papá, ¿Te gustan más los pechos de Sele o los míos?

DANIEL:  No lo sé. Los dos… … los cuatro son preciosos.

KATIA:    Los míos son más grandes.

SELENA:  Nooo… … puede que un poco, pero también tienes más culo.

KATIA:    Está bien tener un buen culo.

 

Dani empieza a sentirse ajeno a la discusión. No entiende el sentido de esas palabras hasta que Katia le interpela efusivamente.

 

-¿Tú qué opinas? Tócamelas-   empujando a su hermana para ganar la posición.

-!Aaah! ¿Qué haces guarra?-   protesta ella viéndose desplazada.

 

Su padre se encuentra ligeramente incorporado, apoyado en unas grandes almohadas. Selena le rodea el torso con sus muslos, sentada en su cintura, a escasos milímetros de un pene arropado por finas sábanas blancas. Ese firme trabuco, repleto de inquietud, empieza a reclamar su protagonismo con impaciencia.

Daniel usa sus dos manos para sospesar las jovencísimas tetas de Katia mientras ella suspira placenteramente. Pasados unos instantes pasa a tocar las de Selena, recabando con los pulgares en esos discretos pezones. Desearía tener cuatro manos, pero, a falta de dos, intenta apañarse con lo que tiene.

En un determinado momento, parece prestarle más atención a Katia. Su hermana, sintiéndose desatendida, aparta las sábanas y desliza sus nalgas hacia abajo, disimuladamente, para que se encuentren con ese gran pedazo de carne palpitante. Dicha erección termina por acurrucarse, verticalmente, presionando el canalillo de ese precioso culo desnudo.

Sintiendo como las fuertes manos de su padre aprietan sus pechos, Katia pronuncia una trascendental pregunta:

 

KATIA:    Papá, ¿cuál es tu preferida?

DANIEL:  No sé. Me parecen igual las dos.

KATIA:    !NoOh! Ya sabes a que me refiero.

SELENA:  Papá me quiere más a mí. Me lo dijo.

DANIEL:  No, no, yo no quise decir… … en ese momento… … lo que pasa es que…

 

Apenas le llega riego sanguíneo a la cabeza. Nota cómo el culo de su hija presiona, con discretos movimientos, la trayectoria de su miembro ya sin ninguna tela de por medio.

 

-Te lo diría porque lo habías puesto cachondo-   dice Katia escéptica.

-NoOo. Eso fue antes. Cuando me estaba consolando-

-Pues eso: te lo dijo porque eres una llorona-   con voz burlona.

-Pues a ti no te lo dijo ni cuando se te corría encima, así que…-

-!¿Y tú cómo sabes eso?!-   exclama Katia indignada.

-No estaba segura hasta ahora-   restregándole su astucia investigadora   -Pero os oí-

-Chicas, chicas… … No discutáis. Os quiero igual a las dos-   diplomáticamente.

 

Se produce una intrigante pausa hasta que Selena susurra:

 

S:  Papá… … Estaría muy feo que nos follaras aprovechando que no está mamá.

K:  Sí. Además: las dos somos vírgenes y no estaría bien que nuestra primera vez…

D:  Claro niñas. Ni se me había pasado por la cabeza.

K:  De todos modos: lo estamos pasando bien, ¿no?

S:  Si quieres puedo hacerte un masaje en el pecho.

 

Daniel ya no sabe que pensar mientras su preciosa hija le frota los pectorales, balanceándose desnuda encima él. Su polla sigue vapuleada, insistentemente, por las redondas nalgas de su jovencísima masajista. Selena disfruta notando esa cosa tan dura doblegándose ante su culo.

A modo de reivindicación, Katia se inclina sobre el empanado rostro de su padre y, tras un “Te quiero papá” susurrado, le besa suavemente en la boca.

 

-¿Te gusta así?-   murmura ella entre besos.

-Clado pdezioza-   intenta responder en cuanto su hija le mete la lengua.

 

Ese cálido aliento quinceañero le seduce, espantando el recuerdo del aire tóxico que suele exhalar Mariela, con unos pulmones castigados duramente décadas de tabaquismo.

Los labios de Katia lo elevan sobre un cielo repleto de acolchadas nubes de azúcar. Selena empieza a sentirse celosa:

 

-Eh, yo también quiero un poco de eso-   dice al ver cómo su hermana le come la boca.

-Te esperas zorra-   reivindicando su turno.

 

Daniel, intenta abarcar todo el cariño que se le está brindando y se dedica a acariciar los muslos de Selena; quién no ha dejado de masajearle el pecho. Ese hombre está tan cachondo que, todavía sin penetración alguna, ya se hubiera corrido de no ser por la inédita polución nocturna de antes. Si bien parecía un accidente de lo más engorroso, ahora agradece sobremanera tal suceso.

De repente, Selena le agarra firmemente los huevos provocándole una inesperada contracción:

 

DANIEL:  !Aah! !¿Qué haces?!

SELENA:  !Ya está bien! Ahora me toca a mí.

DANIEL:  A ti ya te besé el otro día amor, a Katia no la había besado todavía.

SELENA:  Da igual… … pero con ella te corriste y conmigo no.

DANIEL:  Pero cariño: tú sí te corriste y ella no, no creo ¿No?

KATIA:    !Ya está! Para no discutir tenemos que igualarnos en todo.

 

Daniel se entusiasma rápidamente con dicha idea. Siente que toma partido en una conversación totalmente descontextualizada y escucha extrañas esas palabras pronunciadas, con tanta ligereza y naturalidad, por sus propias hijas.

 

-Me toca a mí correrme esta vez-   dice Katia mientras empuja a su hermana.

-!!Aaaaay valee!!-   protesta ella vencida.

 

Katia se sienta dónde estaba Selena, pero dándole la espalda a su padre, quién se incorpora un poco más para tener mejor acceso a ella. Al sentir como Dani vuelve a sopesarle los pechos protesta:

 

KATIA:    !Ai papá! !No me toques las tetas!… … Tienes que hacer que me corra.

DANIEL:  Vale preciosa. Dime que es lo que quieres.

KATIA:    Para empezar: no me llames preciosa, ni cariño. Llámame cerda, guarra, zorra…

DANIEL:  ¿Cómo quieres que te diga eso cielo?

KATIA:    Tu cielito es ella. Yo soy una niña mala y me merezco un buen castigo.

DANIEL:  Tú eres una buena chica en el fondo amor.

 

Katia menea su redondo culo desnudo envuelto en las grandes manos de su padre mientas, entre suspiros, empieza su particular tormenta de confesiones:

 

-No papaá… … aAahhh… … He suspendido el curso por faltar a clase… … oOh… … Y Derek no es el primer skater con quien me enrollo… … siíiíií… … Además, alguna vez te he robado… … de la cartera y ¿sabes?… … fui yo quien te rallo el coche… … fue un accidente… … ohhh… … Cuando llego al colegio me cambio de ropa… … me cambio para que todo el mundo se fije en lo buena que estoy… … Hasta los profes se ponen cachondos conmigo… … Si te fijas, solo me suspenden… … las profesoras… … oOoh-

 

Daniel se siente sobrepasado por toda esa información, pero:

¿Qué tengo que decir?

No puedo darle ninguna lección moral en ese momento:

!Me estoy acostando con mis dos hijitas menores

aprovechando la ausencia de mi querida mujer!

 

-Es verdad que eres una zorra-   “plax”   empieza a azotarle el culo.

-!Ah! !Sií! He sido una niña mala-   “plax – plax”

-Eres una guarra y una cerda-   “plax – plax – plax”  cada vez con golpes más seguidos.

-!oOh sií! Pégame, me lo merezco-   “plax – plax”

-Dale papá-   le anima Selena   -Dale fuerte. Es una puerca-   “plax”

-!Cállate, que después te va a dar a ti!-   girando la cabeza de golpe para apartar su pelo.

-Noooh, yo soy una niña buena. Soy su preferida-

 

Selena lo aborda para comerle la boca, entre caricias, causando que Daniel se recline y se desentienda del castigo físico que le estaba propiciando su hermana. Katia no protesta demasiado dado que ya empezaba a tener sus nalgas demasiado doloridas; en lugar de eso, aprovecha el receso para cambiar de postura.

Mientras tanto, Selena sigue bañando su lengua en el charco de babas propias que se ha formado dentro de la boca de su padre, el cual no para de masajearle las tetas. Ella se incorpora un poco más para poder restregarle sus juveniles virtudes por la cara, sujetándose con el cabecero de la cama.

Katia empieza a sentirse marginada y celosa y, agarrándole firmemente el trabuco, dice:

 

-Papá, si la apartas de ti te la chupo-

 

Dani contempla este nuevo escenario y decide desprenderse de su amada hija buena para disfrutar de las travesuras de su hija mala. Selena se ve arrollada, entre risas, a un lado del colchón; escandalizada por lo que está a punto de ocurrir.

Katia escupe en la polla de su padre. Se hace de rogar un poco, jugando con el hilo salival resultante, hasta que finalmente se la mente en la boca, relamiéndola con avidez. Sin siquiera usar las manos, intenta tragársela toda entera, pero aún no tiene esa habilidad, pues nunca antes había comido una polla.

Fruto del esfuerzo de esos estériles intentos, alguna que otra lágrima se derrama por sus pálidos mofletes ruborizados. Ya resignada, decide emplearse a fondo mediante otras técnicas orales que no amenacen con inoportunos vómitos.

Dani disfruta ya a otro nivel. A pesar de todo lo ocurrido, nunca antes había metido la polla dentro de una de sus hijas. Tanto rato de preámbulos y juegos le ha dejado la glándula rebosante de esperma otra vez y no se ve capaz de aguantar mucho más.

Katia disfruta de ese prohibitivo manjar cárnico al tiempo que explora nuevos horizontes de su intimidad paternofilal. Siente su boca rellenada por el mayor exponente físico del deseo mayúsculo que despierta en su formal progenitor; alguien que pretende ser un faro para sus valores y los de su hermana.

Al tiempo que se apodera, manualmente, de esa venosa verga hinchada de depravación sanguínea, la chica empieza a comerse los huevos de su padre sin contemplaciones. Primero el uno, después el otro, luego los dos a la vez. Los babea y los mastica suavemente mientras no paran de rodar dentro de su boca.

La tenue luz de la Luna permite que Selena observe, asombrada, las elocuentes muecas que desencajan el rostro de Dani a medida que Katia progresa en el desempeño de esa épica mamada.

 

-OoOh… … oOoh… … mNhgh… … OoOoOoOh-   alienado de sí mismo gime con fragilidad.

 

Daniel se corre dentro de la boca de su hija atacado por cálidos escalofríos de lo más placenteros. Ella se esfuerza por tragar con todo, cuando nota cómo ese pedazo de carne, todavía chorreando, va perdiendo todo su vigor sobre su lengua.

Con un gesto jovial, Katia se incorpora, apretando los labios, y corre hacia el lavabo para limpiarse.

 

-Eso no es lo que habíamos dicho-   proclama Selena disgustada.

-¿A qué… … uffffh… … ¿A qué te refieres?-   pregunta él volviendo en sí.

-Hemos dicho que nos igualaríamos, pero ya te has corrido dos veces en ella y en mí…-

-No te enfades amor, todavía me queda para ti-   buscando su mirada.

-¿Qué dices? Mira cómo se te ha quedado, ya no tienes edad para eso, papá-

-Ya lo sé cariño, pero tú eres tan hermosa que podrías hacer que el abuelo Ambrosio se empalmara, y eso que lleva décadas impotente el pobre-   sin pensar mucho lo que dice.

-!Ala papá! !Qué asco!… ¿Te imaginas?-    esgrimiendo una mueca de repugnancia.

 

La conversación fluye distendidamente. Dani rodea a su hija con el brazo izquierdo y ella le acaricia la calva con cariño. La chica levanta la mirada y pregunta:

 

-¿Te imaginas haciéndolo con la abuela Remedios?-   frunciendo el ceño.

-!¿Qué dices niña?! Eso sería enfermizo-   ofendido.

-!¿Por qué?! Tú te acabas de correr en la boca de tu hija-

-Pero… … las madres son sagradas. Además, mi madre está muy vieja y estropeada-

-Ya pero…-   viéndose interrumpida.

-Así no me ayudas cariño. Así no podré compensarte por lo de Katia-

 

En ese mismo instante llega la susodicha, ya desnuda, acurrucándose a su lado y desestabilizándoles con su ímpetu.

 

KATIA:    Ya estoy bien limpia… … Uy, veo que sin mí esto se ha quedado muy flojo.

DANIEL:  Es culpa de tu hermana, que me hace pensar en la abuela Remedios.

KATIA:    Qué enferma Sele. Tú sí que sabes cómo empalmar a papá.

SELENA:  Es que yo no soy tan zorra como tú.

KATIA:    !Claro! Por eso contigo no se corre ni Dios.

 

Daniel vuelve a experimentar esa sórdida sensación al encontrarse inmiscuido entre sus dos hijas cuando estas no paran de dispararse improperios sexuales impúdicamente.

 

-Yo me ocupo-   dice Katia montándose encima de su padre-

-NoooOh-  protesta Selena   -Ya se ha corrido dos veces en ti, ahora me toca a mí-

-Noo, porque tú ya te corriste y yo aún no, y me lo estoy currado mucho más que tú-

 

Mientras habla, ya está restregando su conejo empapado con el flácido miembro de su padre ondulando su cuerpo eróticamente.

 

SELENA:  !Qué morrrrro!

KATIA:    Aaaah… … Aaaaah… … Aah… … Has tenido tiempo… … hh… … tiempo de sobras.

SELENA:  Estaba esperando que se recuperara un poco de ti.

KATIA:    Oooh… … ooh… … ¿Hablándole… oh… de follar con su propia madre decrépita?

 

Para variar, Dani vuelve a sentirse excluido de la conversación; pero eso no le preocupa demasiado. Empieza a notar cómo su polla se despereza, bañada en los cálidos flujos vaginales de Katia. Ella se frota contra él apasionadamente. Los infartantes encantos recién llegados de ese pequeño cuerpazo podrían resucitar la calentura de un muerto. La charla se ha detenido durante la acción, hasta que Selena vuelve a protestar:

 

-¿Y qué? ¿Te lo vas a follar?-

-Oh… … ohh… … oOoh… … HMnoah-   a modo de respuesta.

 

Los expresivos suspiros de Katia son el mejor hilo musical para esa concupiscente escena. Su voz alberga tanta sensualidad como el movimiento de su precioso cuerpo, como el sublime tacto de sus redondeces, como el morbo de su condición familiar…

El trabuco de Daniel ya vuelve a estar completamente tieso. Se encuentra aplastado entre la barriga de su dueño y el coño de la chica, quien no deja de jadear alentada por sus rápidos meneos.

Hipnotizado por el intenso balanceo de esas jóvenes tetas, el hombre de la casa se apresura a contenerlas con sus manos y las masajea intensamente. Se siente potente y lleno de confianza. Sabe que después de correrse dos veces en la misma noche, el tercer orgasmo se hará de rogar. Lo más difícil era que, a sus años, se le volviera a poner tan dura en tan poco tiempo; pero…

¿Cómo no empalmarse con el entregado ejercicio de esa niña?

Katia está como loca mientras lo cabalga enérgicamente.

Dani no hubiera pensado nunca que una simulación pudiera ser tan placentera. Puede que el contexto nocturno de un acto tan duradero, la completa desnudez de su hija, la lasciva lubricidad que desprende… Todos esos factores marcan la diferencia con lo que experimentó con Selena el pasado domingo. Esa truculenta escena del salón, por inesperada e incompleta, resulto ser tan frustrante y traumática como estimulante y rica en delirios.

 

KATIA:  oOoOh… … Me corroOh… … Síiíi… … Ya… … Ya… … Ahora…

 

Sus gemidos se rompen; su respiración se condiciona; su éxtasis explota, arrollándola por dentro, invadiendo todo su cuerpo y provocándole incontrolables convulsiones pélvicas.

 

KATIA:  !!oOOh!!… … !!Siíiíiíií!!… … !!Por DioOos!!

 

Se corre eyaculando sobre su padre, inesperadamente, para sorpresa de los tres. Su hermana ni siquiera conoce esa clase de vertidos femeninos y no logra interpretarlos con acierto.

Selena ya estaba muy enfadada y celosa por verse arrinconada, pero la visión de esa humedad brillante entre ellos la confunde y le hace pensar que Daniel ha vuelto a premiar a Katia con su esperma. La escasa luz lunar no le ofrece mucha claridad cómo para distinguir lo que ocurre. Presa de su error, se levanta, bajo el influjo de un arrebato repleto de ira, para recoger su pijama con la firme intención de regresar disgustada a su habitación.

Su hermana se ha desvanecido sobre la cama, complacida, subida a bordo de su propia nube emocional.

Daniel, en cambio, no ha perdido aún la lucidez y su vigor permanece en las cotas más elevadas. No está dispuesto a dejar marchar a su hija de ese modo; no antes de darle todo lo que tiene para ella. Su poderosa erección todavía dista de la flojera orgásmica y ese es un regalo que no puede quedar huérfano.

Cuando Selena ya se dispone a abandonar la habitación, se nota sujetada por detrás bruscamente. Su padre la zarandea hasta reclinarla sobre la gran cómoda de madera que reposa junto a la pared. Ella se siente agredida y forzada. No sufre dolor físico, pero Dani la maneja de un modo tan descortés y con tanta urgencia que llega a temer por su propia integridad física.

Ya con los antebrazos apoyados plenamente sobre el mueble, Selena tira algunas de las figuras y fotos familiares que lo decoran.

 

-!¿Qué haces papá?!-   dice temerosa mientras gira la cabeza para verle.

-Te voy a follar-   contesta con plenas convicciones.

-Nooooh. Dijimos que no podíamos hacer eso. Es pronto para mí-   suplica.

 

Los acontecimientos despiertan la curiosidad de Katia, quien yace exhausta sobre la cama. Combatiendo su fatiga, enciende la lámpara de la mesita para vislumbrar mejor esa sórdida escena.

Sus viscosos flujos vaginales aún empapan la tranca de su padre, la cual sigue goteando atrapada entre los carnosos muslos de Selena. Daniel empuja instintivamente, aunque sin metérsela aún.

 

-!No me violes papá! Soy virgen y…   !No llevas condón!-   suplica asustada.

-No te preocupes pequeña. No voy a robarte tu virginidad y tampoco… no te preñaré-

 

Sus respiraciones aceleradas dotan de trascendencia y emoción a lo que está a punto de ocurrir. Cuando la tiene bien sujeta, Dani encula a su niña, penetrándola firmemente.

Selena nota cómo la tremenda polla de su padre se abre paso por su culo hasta lo más hondo, sirviéndose de la inestimable lubricación de su hermana. Esa sensación es tan nueva para ella que no consigue procesarla más allá de su escatológica índole.

Daniel está galopando sobre una realidad muy lejana a sus antiguos conflictos y temores. Poco le importa ya lo censurable de sus actos. Toda su controversia ha sido barrida por esa huracanada lujuria incestuosa. Gobernado por tan imperativo mandato, acelera exponencialmente sus obscenos movimientos pélvicos hasta que logra llevar a su propio cuerpo más allá de sus limitaciones físicas. Ni siquiera logra sincronizar su rápida respiración con tan desmedido ajetreo. Ya desquiciado, empieza a gruñir como un animal enrabietado.

Selena abre mucho sus ojos, sorprendida y abrumada por las embestidas desbocadas a las que la somete su padre. Nota cómo arde su culo al tiempo que esa gran polla transita frenéticamente dentro de él.

 

-!Ay, aaaaay… … aaaahaaay!-   exclama con dolorida sorpresa.

 

Katia les observa boquiabierta, desde la cama, sin dar crédito a lo que ven sus ojos. La energía con la que su padre está follándose a Selena sobrepasa la capacidad que se le podía presuponer. Ciertamente, Daniel parece fuera de sí, como si de una posesión diabólica se tratara.

Supeditada a esas incontables acometidas anales, la chica empieza a notar cómo millones de pequeños destellos de energía se confabulan, llegados de todos los rincones de su ser, uniéndose entre sí a gran velocidad; constituyendo una incandescente y efímera masa orgásmica que termina por eclosionar, nublando su mente y haciéndole perder la noción de la realidad.

 

-!!!Ooooh… …  oOoOoOh… … oOoOoOh!!!!-   evidenciando su estallido.

 

Mientras aún colea esa sensación embriagadora, Selena intenta recobrar su desvanecida consciencia. Aún sacudida salvajemente por su padre, desde atrás, recupera el sentido de su agitada visión. Se centra en el retrato familiar que cuelga de la pared, a escasos centímetros de su cara.

Algo alienada todavía, le cuesta creer que el afable padre de familia, algo rejuvenecido, que en la foto abraza a sus niñas de ocho años, ahora esté penetrando su culo, ferozmente, con su tranca vigorosa al tiempo que brama de un modo tan primario.

Daniel está haciendo ya el esfuerzo final que le permitirá alcanzar su ambicioso objetivo. Sus venas parecen a punto de estallar y su piel brilla humedecida por el sudor. Al borde del derrame cerebral y notoriamente enrojecido, deja de gruñir y detiene su respiración para enfocarse, totalmente, en el colofón final que está a punto de coronar su gran gesta:

 

-AAAAAAAAAAAHh-

 

Toda la energía de su cuerpo se canaliza hacia el interior del culo de Selena. Dani se queda tan seco y exhausto que termina por desvanecerse sobre el suelo, casi desmayándose. Viendo mil estrellitas, nota cómo todo da vueltas a su alrededor. Sus pulsaciones están bajando en picado desde lo más alto, a través de un tobogán de desahogo y relajación.

Cuando su mirada recupera la lucidez, vuelve a buscar a Selena. Ella todavía está reclinada sobre la cómoda, con la respiración acelerada, y le observa a través de su melena despeinada.

 

-¿Estás bien, papá?-   pregunta preocupada por su lamentable estado.

-Sí cariño… solo es que… que me he esforzado demasiado-   recuperando el aliento.

-Estás viejo para estos trotes-   bromea Katia desde la cama.

-Cállate tía. Imagínate que se nos muere aquí, follándome… ¿Cómo lo explicamos?-

-Mamá te mata-   dice Katia lavándose las manos.

 

Daniel, desnudo y tirado en el suelo, intenta incorporarse al tiempo que escucha la frívola conversación de sus hijas, afrontando, de un modo tan ligero, lo que acaba de ocurrir.

Selena se distancia de ese mueble oscuro. Deja, sobre su superficie, la húmeda marca de sus pechos, sus brazos y su vientre, dibujando una artística silueta erótica que se desvanece a cada segundo que pasa.

Sin una justificación anunciada, Katia apaga la luz de la mesilla, dejando la estancia a oscuras de nuevo. Parece que les dé más vergüenza vestirse que desnudarse.

Todavía de rodillas, Daniel echa en falta a Selena, quien ya se ha ausentado sin despedirse.

 

-A mí no me has follado papá-   susurra traviesamente Katia.

-Cariño…   ¿Te parece si lo dejamos para mañana? Es que… … me muero-   extenuado.

-¿Qué hablas tonto? ¿Crees que yo voy a dejar que mi propio padre me folle por el culo?-

 

Daniel, a oscuras, siente cómo los pasos de su hija le rodean para abandonar la habitación al tiempo que una leve caricia peina su calva. Gatea sin fuerzas, como un residuo humano, para encaramarse de vuelta sobre su cama.

Teme que oleadas de remordimientos le aborden una vez desvanecidas sus calenturientas motivaciones, pero, justo cuando Mariela, Maite y su madre Remedios llegaban enfurruñadas a su pensamiento, para cantarle las cuarenta, la realidad se desvanece mezclándose con un montón de ideas absurdas e incoherentes. El cansancio ha hecho mella en él y se sumerge, rápidamente, en un profundo sueño justo cuando los primeros rayos de Sol asoman por la ventana.

 

CÓMPLICE OSCURIDAD

4 cómplice oscuridad

 

-domingo 1 julio-

 

Mariela observa cómo su marido duerme sobre la cama, desnudo y sin el más mínimo decoro. Ronca relajadamente, ajeno a la luz solar que iluminan la habitación.

 

MARIELA:  !Dani! !!Eh, Dani!!

DANIEL:  ¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué?

MARIELA:  !Dani, por favor! Son casi las dos.

DANIEL:  Oh. Mariela. ¿Ya estás aquí?

MARIELA:  No, todavía no he llegado. ¿Te parece?

DANIEL:  Ah, pensaba que…

MARIELA:  La mesa por recoger, los platos sin fregar, la lavadora llena de ropa mojada, no hay toallas en el lavabo… ¿Es que no podéis comportaros como personas adultas cuando no estoy? ¿Cómo estáis durmiendo pasado el mediodía? ¿A qué hora os acostasteis? ¿Cómo se te ocurre dormir desnudo? ¿No ves que podrían entrar las niñas? Ni siquiera tenías la puerta cerrada. ¿Es que quieres traumatizarlas de por vida?

DANIEL:     No tenía ropa limpia cariño.

MARIELA:  Me avergüenzo de ti Dani. No eres bueno ni para contestar al teléfono. Ya puedes levantarte ahora mismo, que dentro de una hora es el entierro de mi hermana. Sí. Ya murió esta noche, cuando vosotros estabais de fiesta.

 

Resoplando, esa malhumorada mujer abandona la habitación con el firme propósito de seguir esparciendo su enojo, a diestro y siniestro, mediante hostiles reproches plenamente justificados.

Daniel tiene los ojos entreabiertos y todavía no ha recuperado del todo la lucidez. Poco a poco su memoria reciente le ilustra acerca de lo que ocurrió anoche.

No. No se trata de un sueño.

Todo eso fue real:

La calenturienta reconciliación entre mis hijas,

Esa teatralizada rivalidad comparativa,

El in crescendo de depravación:

Manual, oral… … anal…

Empieza a tomar conciencia de todo lo acontecido: cada beso, cada caricia, cada jadeo, cada orgasmo…

¿Cómo pude?

¿Cómo he sido capaz?

¿Cómo serán las cosas a partir de ahora?

¿Cómo debo actuar?

Mientras escucha, a lo lejos, la bronca que están recibiendo las niñas, de boca de su mujer, decide ponerse las pilas para no enfurecerla todavía más. Ya habrá tiempo para lamentaciones más tarde. Durante el tedioso funeral que le aguarda.

 

****

 

El día había amanecido soleado, pero, por la tarde, el cielo ha querido acompañar al duelo y llora lágrimas de lluvia sobre la tumba de Dolores. Alrededor, más gente de la que cabía esperar guarda semblante de tristeza durante las protocolarias palabras del reverendo.

Llega el turno de los argumentos más personales: cuándo los familiares más cercanos recitan emotivos textos escritos especialmente para la ocasión. Los oradores deberán soportar una lluvia suave pero constante.

Dani no está por la labor. No es un hombre dado a ceremonias ni a celebraciones; mucho menos hoy. Pal plantado junto a Katia, no deja de reflexionar sobre el futuro que le espera a su familia después de la tórrida y desenfrenada noche que ha pasado junto a sus hijas. Una hilera de preocupaciones camina, en procesión, por su pensamiento mientras, paralelamente, el eco de un sinfín de femeninas risas juguetonas revolotea, sin ningún respeto, desafiando la seriedad de tan trascendentes cávalas.

Con la llegada de Mariela todo han sido gritos y prisas.

 No he tenido tiempo de sentirme incómodo;

de percibir, en las niñas,

la más mínima secuela de lo acontecido

Es el turno de Antonia, quien lee, con aplomo, un texto un tanto poético y no demasiado fiel a la realidad:

 

-Dolores siempre lo dio todo sin esperar nada a cambio. Sufrió en silencio y soledad sus penas y compartió con alegría sus mejores momentos. Aún sin llegar a formar su propia familia, repartió más amor que muchas madres y esposas, ayudó a más necesitados que muchas monjas y misioneros, enseñó más que muchas profesoras y maestros… Nunca pidió nada cuando bien merecía gran cantidad de medallas…-

 

Daniel observa, con cierta incredulidad, cómo su cuñada recita su “adecuada” y pretenciosa composición. Lo cierto es que Antonia y Dolores se aborrecían mutuamente. Recuerda bien las arduas peleas en las que se sustentaba esa malsana dependencia existencial, retroalimentada por reproches e injurias constantes.

Está claro que la muerte enaltece a los muertos y

les despoja de sus defectos

Una voz angelical derriba sus divagaciones repentinamente. Selena tiene la palabra y lee, con emoción, un papel salpicado por la lluvia. Una a una, las gotas convierten en borrosa la tinta que da forma unas frases escritas de puño y letra. Mariela se acerca sujetando un gran paraguas negro encima de su hija.

 

-Puede que no fuera una triunfadora; tampoco era una persona de trato fácil, aunque no quede muy bien decirlo hoy aquí; pero era mi tía y debo decir que tenía buen fondo (como ha dicho Antonia). No guardaba un gramo de egoísmo ni de maldad en su ser. Es cierto que tenía palabras malsonantes en la boca constantemente, pero siempre miró por el bienestar de sus seres queridos. Puedo decir que: conmigo y con mi hermana Katia siempre fue amable y atenta. Es posible que no la conociéramos en profundidad dada nuestra condición de sobrinas, pero se ganó un sitio en nuestro corazón y la echaremos de menos-

 

A Dani se le humedecen los ojos. Percibe mucha más emoción y sinceridad en el texto de su niña que en las previsibles y normativas frases de Antonia. Mientras observa la frágil expresión de Selena, mojada por la lluvia y por sus propias lágrimas, empieza a asustarse. Le invade el pánico cuándo comprende que está locamente enamorado de su hija. Todo se clarifica en un solo instante. Todos sus dilemas y conflictos se reducen a un único sentimiento, tan puro como incomprendido.

 

-Papá, ¿tú querías a Dolores?-   susurra Katia a su lado.

-No-   tajantemente   -Ella nunca me aceptó para tu madre-

 

Daniel habla con la discreción justa para que nadie más le oiga. Tras un largo silencio contemplativo, Katia se acerca de nuevo:

 

-Yo la quería, pero me da la sensación de que debería haberla querido más-

-No. No pierdas el tiempo sintiéndote culpable. No elegimos a nuestros sentimientos. Los sentimientos nos eligen a nosotros-   con rictus trascendental.

-¿Y a mamá la quieres?-   buscando sus ojos tras una breve pausa.

 

Inexpresivo, le devuelve la mirada y, todavía sin contestar, observa sus preciosos ojos negros. Quisiera que no hubiera nadie más para poder comérsela a besos.

Se nubla, de nuevo, ese momento de claridad en que se revelaba su incontestable amor hacia Selena. Todo se vuelve complicado otra vez, pues no concibe que alguien pueda enamorarse de más de una persona al mismo tiempo; menos aún dentro del seno familiar.

Finalmente, la tumba de Dolores desciende lentamente, gracias un arcaico mecanismo, hasta lo más profundo del foso. Katia coge el brazo de su padre, quien sostiene un paraguas rosa con corazones rojos que contrasta llamativamente con la seriedad del negro que tanto predomina en este lúgubre entierro. Había mucha gente y pocos paraguas, por eso le ha tocado ese a Daniel. De todas formas, en el estado en que se encuentra, se la trae floja el protocolo.

 

-miércoles 4 julio-

 

La amistad de Carmen con Mariela va mucho más allá de una simple vecindad. No en vano, se instalaron en la urbanización de Buen Monte por las mismas fechas, hará ya más de diez años, y comparten la pequeña glorieta que hay al final de la calle. Ahora mismo están de cháchara en la entrada de la casa de los Valverde, fruto de una de tantas visitas vecinales.

 

C:   ¿Y las niñas qué tal están?

M:  Bien, como siempre; en la edad del pavo.

C:   Ah pues espérate. A mi hermana le duró hasta pasados los veinte.

M:  Jaja. Menuda debía ser Conchi… … No, a mí el que me preocupa es Dani.

C:   ¿Daniel? ¿Es que estaban muy unidos?

M:  !Qué va! Si no se soportaban…

C:   A lo mejor le impresionó ver la muerte tan de cerca.

M:  No sé. No le ocurrió lo mismo las otras veces, cuando cayeron seres más cercanos.

C:   ¿Qué es lo que le notas?

M:  No sabría decirte exactamente, pero está muy raro desde el funeral.

C:   ¿Has hablado con esa… … Maite? ¿Ella le trata no?

M:  !Noooh! Si hablo con ella Dani me mata.

C:   Aaah, he oído que es muy buena psicóloga.

M:  Espero que sí. Que mi marido esté en buenas manos. De momento lo único que me ha contado es que le ha mandado hacer mucho deporte y cada día se pasa horas corriendo y en el gimnasio. Si sigue así se va a convertir en un Van Damme.

C:   Ojalá mujer. Quien pudiera tener un cachas buenorro en casa. Yo lo cambiaba por mi Manolo ya mismo. No por tu marido ¿eh? Por Van Damme… … y por Daniel también, que carajo.

 

-jueves 5 julio-

 

Encerradas en el garaje, las pequeñas de la casa se maravillan con la nueva adquisición motorizada de la familia. Sin embargo, ese premio pertenecerá solo a la más estudiosa de las dos.

 

-Cómo mola tía-   dice Katia muerta de envidia.

-No es para tanto, solo escogí la más útil-   responde orgullosa Selena.

-!¿Qué dices?! Así roja y negra… ya me la dejarás ¿no?-   haciendo morritos.

-Ni de coña. Ni siquiera te has sacado el carnet todavía-   con gestos altivos.

-Que no voy a llevarla por Fuerte Castillo. Solo quiero pasearme por aquí-

-Lo siento, pero papá me ha prohibido que te la deje, forma parte de tu castigo-

-¿Papá? Seguro que se lo ha dicho mamá-   negando con odio en sus ojos.

-Sí ya ves. Papá es un blando-   ríe Selena.

-Sí, es un blando… … pero a veces se pone duro-   murmura malévola.

-Tíaah…-   susurra más flojo aun, en señal de protesta, mientras baja la mirada.

-¿Qué te pasa? No hay nadie en casa. ¿De qué tienes miedo?-   pregunta incisiva.

-De nada. Solo es que… … dijimos que no volveríamos a hablar de ello-

-Ya lo sé, pero es que… … eres la única persona con quien puedo comentarlo-

-Déjalo Katia, en serio. Solo fue un sueño húmedo, solo eso-

-Pues menudo sueño. Nunca había tenido uno tan real-   levantando sus cejas.

-Olvídate de eso, y olvídate también de mi moto. No vas a ponerle un dedo encima.

-Pues me tocará andar. Cómo no me lleve Derek con el monopatín…-   suspira.

-¿Píllate la bici no?-

-Noooh. La bici es de “mataos”. Yo soy demasiado mona-   guiñándole el ojo.

 

-viernes 6 julio-

 

El miércoles pasado, Daniel canceló la cita con su terapeuta.  Se inventó un par de escusas para aplazar la exposición a tan perspicaz examinadora. No tiene la menor intención de explicarle lo que ocurrió en la noche del pasado sábado, pero, aun así, es buen conocedor de sus nulas artes mentirosas. Aunque no diga una palabra, se siente como un libro abierto bajo la atenta mirada de Maite.

Acomodado en el diván, sigue dando rodeos:

 

M:  ¿Entonces bien no?

D:   No me escuchas Maite.

M:  Creo que sí. Yo creo que sí Daniel. Créeme.

D:   No sabes lo que estoy sufriendo.

M:  Pero sufres solo tú. Era toda tu familia la que estaba en peligro. ¿Te das cuenta?

D:   Pero es que…

M:  Daniel. Mírame. Mírame a los ojos. Los pilares de tu vida se estaban tambaleando. Corrías el riesgo de destrozar a Mariela y traumatizar a tus niñas. La situación se había vuelto insostenible y has conseguido redirigirla hacia la normalidad más absoluta. Tu sufrimiento es temporal, tratable, controlado. No eres el primer caso obsesivo dependiente que trato.

D:   No me catalogues por favor Maite.

M:  No es peyorativo. Es ventajoso. Sabes que es algo conocido y que tiene cura

D:   Tengo que irme.

M:  !No espera!… !Daniel!

 

****

 

Son ya las seis de la tarde cuándo Dani conduce alterado cerca de la costa de la ciudad. Hace un día precioso, pero, bajo la luz de su propia angustia, lo ve todo feo. El cristalino parabrisas de su Audi goza de una limpieza impoluta, pero su transparencia parece roñosa a los ojos de tan deprimido conductor.

No soporta que su psicóloga ningunee sus sentimientos rebajándolos a una simple patología. Es inútil asistir a sus sesiones dado que ella no conoce la mayor parte de los altercados carnales que ha protagonizado junto a sus hijas.

¿Y yo?

Acaso conservo la más mínima noción de la realidad?

Ha pasado casi una semana desde que recibiera esa calenturienta visita filial en la oscuridad de su dormitorio. Desde entonces no ha habido ni un destello, ni un gesto, ni un flirteo… Lo que tan imperativamente deseaba, en el último día del curso, se ha convertido en su peor condena. Cada una de las protestas en forma de “!¿Qué haces?!” o “!Hay, déjame papá!” han cortado de raíz la legitimidad de sus tímidos acercamientos.

¿A caso me culpan de lo que ocurrió?

Puede que fuera demasiado agresivo con Selena.

Un frenazo paraliza en seco su mente. Al pasar junto al parque Lázaro ha visto a Katia. Tiene una actitud demasiado cariñosa con un chico entre monopatines, rampas, música de mierda y malos modales. Daniel aprieta fuerte el volante y, con cara de desprecio, pronuncia “Derek” sin despegar sus dientes.

 

****

 

El final del primer viernes de julio se anuncia tan efímero como el de las últimas jornadas, pues el riguroso insomnio de Daniel emborrona la frontera que separa un día del siguiente desde hace casi dos semanas. Ni siquiera sus pastillas para el sueño logan abatir la pesadumbre de su propia consciencia.

Postrado en su cama, hace un rato, ha presenciado como Mariela se despertaba con uno de sus propios ronquidos. Una vez consciente, su mujer ha empezado a interpelarle y a expresar su preocupación por esa aparente desconexión de Dani con las personas que le rodean:  un matrimonio con la llama apagada, un enfriamiento del tan notorio afecto con sus hijas, unas comunicaciones indefinidamente interrumpidas con sus padres, una ausencia total de amigos… Ese hombre nunca ha sido muy sociable, pero, desde el día del entierro, parece estar todavía más encerrado en sí mismo.

 

M:  ¿Y Tomás? ¿Y Octavio? Antes salías con ellos.

D:   Ya cariño, pero no me caen tan bien. Me cansan.

M:  Pues no se Dani, pero parece que últimamente te cansa todo.

D:   No digas eso.

M:  Será que te matas tanto haciendo ejercicio que no te quedan energías luego.

D:   No será para tanto. Te dije que me lo prescribió Maite. Me va bien.

M:  Si fuera malpensada, sospecharía que tuvieses una amante. Ahahah.

D:  No te preocupes, será una fase: el calor del verano, la medicación de Maite…

M:  ¿Te ha cambiado la medicación?

D:   Bueno, a veces hace pruebas a ver si mejoro. Soy su cobaya.

M:  No sé. Te veo muy raro. Me extraña que las niñas no reparen en eso.

D:   No te preocupes más cariño. Ya me pasará. Cierra los ojos y duérmete.

 

-sábado 7 julio-

 

AGENTE:   ¿Te viene a la cabeza alguien más?

KATIA:      Mmmmm no, creo que no.

AGENTE:   No tenemos apenas pistas, solo sabemos que el agresor llevaba un pasamontañas rojo y que se refirió a ti. Cualquier cosa que se te ocurra…

KATIA:      Es que no he notado nunca nada. No sé…

AGENTE:   Derek no quiere poner una denuncia, pero nosotros tenemos que investigar de oficio. Ahora mismo estamos dando palos de ciego, pero está claro que hay algo y es importante que estés alerta porque… … ese algo gira en torno a ti y no sabemos aún hasta que punto puedes estar en peligro.

KATIA:      Joh, qué mal rollo.

AGENTE:   Toda precaución es poca. Sobretodo intenta restringir al máximo tus redes sociales y no te quedes a solas en sitios peligrosos. Si sales por la noche es recomendable que siempre estés acompañada.

DANIEL:    ¿Cómo está el chico?

AGENTE:   Ya ha salido del hospital, pero puede que las peores secuelas sean psíquicas.

DANIEL:    Y… … respecto a mi otra hija: ¿Hay algún peligro?

AGENTE:   Son mellizas, pero no gemelas. Si tuvieran un gran parecido sería distinto, pero, dado que se trata de un caso obsesivo, el único riesgo para su hermana procede del hecho de compartir vivienda. De todos modos, lo comentaré con el psicólogo criminalista del equipo para despejar cualquier duda.

KATIA:      ¿Podemos irnos ya?

AGENTE:   Sí, enseguida. Solo tenéis que firmar un par de papeles.

DANIEL:    Cualquier cosa que averigüen, manténganos informados.

AGENTE:   Descuide señor. Gracias por haber venido.

 

****

 

El sonido del intermitente adquiere un solitario protagonismo mientras tuercen hacia la derecha. Unas primeras gotas lluviosas empiezan a salpicar el cristal por el que se asoma la ausente mirada de Katia. Su preocupación se podría cortar con un cuchillo. Dani la observa de reojo intrigado por tanto silencio.

 

DANIEL:  Ponte el cinturón cariño.

KATIA:    Ay, papá; déjame.

 

La chica cruza los brazos mimetizando un enfado desfocalizado que va mucho más allá del rechazo a ese consejo paterno.

 

DANIEL:  No te preocupes; verás que no será nada.

KATIA:    ¿Tú qué sabes?… … Ya le has escuchado.

DANIEL:  Será algún chico de tu clase que está celoso. En todo caso, han pegado a Derek porque salía contigo. Eso indica que, quien fuera el agresor, no te quiere mal.

KATIA:    ¿Es que no escuchas las noticias? ¿Y si quien sea opina que si no estoy con él no estaré con nadie y me tira ácido a la cara para desfigurarme? ¿Y si me viola? ¿Y si cada vez que salgo con un chico aparece ese tío encapuchado y le da una paliza? ¿De qué me sirve ser tan guapa si me muero sola porque un psicópata no quiere que esté con nadie?

 

Daniel se siente aludido.

¿Psicópata? ¿En eso se ha convertido?

 

-domingo 8 julio-

 

Parece que los días lluviosos han quedado atrás y que el verano por fin ha tomado posesión del calendario. Hace calor, afortunadamente, en la iglesia se está fresquito. Carmen y Manolo no suelen faltar a su cita semanal. Ahora mismo asisten al sabio sermón del padre Camilo:

 

-… Y dirigiéndose a todos dijo: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda la vida por mi causa la salvará…-   recitando en un tono solemne y embriagado de reverberación eclesiástica.

 

Manolo intenta inspirar paciencia mediante un hondo suspiro, tan lento como discreto. Tiene ganas de ir al bar y tomarse una buena cerveza fría junto a sus bienaventurados amigos herejes.

Lo que hay que hacer para mantener contenta a la parienta…

Pero es que si no, me toca jugar con el niño y eso todavía es peor.

Esta es la mejor manera de endosárselo a mi cuñada Conchi;

la mejor excusa para acercarme al centro mientras

Carmen se recrea luego en el comedor social

Ese hombre vive a remolque de su esposa. No es que sea de carácter servil; simplemente: ha aprendido que vive más feliz cuando no le lleva la contraria. Esa mujer es incansable cuando se trata de discutir. Termina ganando sus peleas por desgaste. Entresemana, no coinciden demasiado por causas laborales; así que solo tiene que lidiar con ella los festivos.

 

-miércoles 11 julio-

 

M:  Se llama síndrome de Munchausen, pero ese no es tu caso.

D:   ¿Entonces de qué se trata? No me parece normal lo que me ocurre.

M:  No quieres llamar la atención de la gente ni le quieres ningún mal a tus hijas.

D:   Pero me gustaría verlas llorar.

M:  Solo porqué así las podrías cuidar. Solo necesitas sentirte útil y necesario.

D:   Siento que soy una mala persona.

M:  Solo quieres sentir que son tuyas aún, que no pueden valerse por sí mismas, que son frágiles y requieren tu protección y cuidado. No es extraño que los padres se revelen contra el crecimiento de sus hijos, sobre todo, cuando son chicas. Te sientes prescindible ahora, pero… … conciénciate de que, en esta edad, los jóvenes se alejan del cobijo de sus padres y prueban cosas nuevas con otra gente. Devalúan la familia y sobrevaloran las amistades y los amores por encima de todo. Es una fase. Ya volverán cuando sean más razonables. A todos nos ha pasado de jóvenes.

D:   Tú lo ves muy claro, pero yo tengo el pensamiento lleno de conflictos.

M:  Los buenos pensamientos propician buenos sentimientos. Es bueno que entiendas lo que te pasa, que lo entiendas y que te perdones. No seas tan duro contigo mismo. Lo que te ocurre es común, pero tú tiendes a magnificarlo todo por tu personalidad obsesiva. Hemos hecho grandes progresos en estos últimos días. Creo que, poco a poco, vamos acercándonos a la normalidad. Recuerda ser constante con la medicación, sino ya sabes que te dan altibajos. ¿Cómo vas con el ejercicio físico?

D:   Creo que es la mejor medicina que me has recetado nunca.

M:  ¿Te sientes mejor?

D:   Me ayuda mucho. Sigo teniendo mis buenos y malos momentos, pero he mejorado en lo que se refiere a ese agobio de no levantar cabeza durante días. Ahora me desahogo y durante unas horas siento mi mente más ligera y lúcida.

M:  ¿Lo ves? Es importante la actitud positiva. Si notas que estás mejorando es más fácil tener fe en que seguirás mejorando. Y si tienes fe en que seguirás mejorando es más fácil que mejores. Es un círculo virtuoso.

 

****

 

Daniel se percata de que las chicas están en la habitación de Katia; hablando de sus cosas. La curiosidad le embauca. Ha empezado afinando el oído, pero, en estos momentos, ya se encuentra sobre el césped del jardín, muy cerca de la ventana por la que fluye la conversación. Arropado por la oscuridad de la noche y haciendo gala de su mayor sigilo, se ha sentado junto a la pared. Pronto comprueba lo frívola que es esa conversación:

 

S:  El rubio de “A todo gas”.

K:  Pero si ese murió, hemos dicho que están buenos, no que estaban.

S:  No sé… … Keanu Reeves entonces.

K:  Aha, exótico, un poco viejuno, pero no se le nota ¿Cual más?

S:  Mmmmmmm… ese… ¿Cómo se llama? El hombre lobo de Crepúsculo.

K:  Otro exótico y que siempre hace de bueno. Te van los buenos chicos.

S:  Será eso. ¿Y a ti?

K:  A mí malotes. Hahaha. El de “Transporter” por ejemplo.

S:  !Ala! Ese sí que es viejuno y no mi Neo.

K:  Nooooh, lo que pasa es que está calvete y parece mayor.

S:  Sisí. Lo que tú digas.

K:  Bardem me pone cachonda también.

S:  El otro… buagh.

K:  Más que el físico es lo que hacen. Cuando se pegan me pongo húmeda.

S:  ¿En serio quieres a un novio violento?

K:  No es decisión mía. Es como ser hetero o lesbi; no se decide.

S:  ¿Entonces Derek?

K:  Si le hubiera dado una paliza a ese tarado me hubiera derretido por él.

S:  ¿Le has dejado?

K:  !Nooooh!  Me ha dejado él. Eso es lo más triste; aunque es mejor así.

S:  ¿Por qué?

K:  Se ha cagado de miedo. El psicópata le dijo que no hablara conmigo y…

S:  ¿Ni siquiera se despidió?

K:  !Qué va! Me ve por la calle y sale corriendo. Ni contesta al móvil, ni watts…

S:  ¿Qué palurdo no?  Ni que fuera culpa tuya.

K:  Y pensar que casi me lo follo… Hubiera perdido la virginidad con un llorica.

S:  ¿Lloró?

K:  Eso me han contado. Lloró como una nena.

S:  Bueno, conservarás tu pureza unas semanas más.

K:  No como tú.

S:  !Cállate! Yo, técnicamente, soy virgen aún. Además… … No quiero hablar de ello… … No me vuelvas a sacar el tema. Ya te dije la semana pasada que quiero olvidarlo.

 

Daniel se sulfura, desde su discreta quietud, al escuchar la primera referencia a lo acontecido, en esa singular noche, en más de diez días. Ya empezaba a dudar seriamente de que todo aquello hubiera sucedido realmente; de que no fuera un sueño o una fabulación fruto de su propia paranoia.

 

K:  Ya lo sé tonta, pero no sé… … me preocupa un poco papá; está muy raro.

S:  Normal. Se sentirá extraño. Ya se le pasará.

K:  A lo mejor podríamos hablarlo con él.

S:  Ni de coña Katia, en serio. Eso se nos fue a todos de las manos. Lo mejor es hacer como si nada hubiese pasado. Imagínate que mamá se entera. Además ¿Qué le dirías? Solo empeorarías las cosas. Ese juego había destruido nuestra amistad e iba camino de romper muchas más cosas. Ahora somos una familia normal y seguiremos así. Ojalá no hubiera pasado nunca.

Ese baño de realidad zarandea el ánimo de Daniel, quien no se pierde detalle arrimando su oreja a esa ventana entreabierta.

!!Eso es!! Las cosas deberían de ser así.

Una familia normal.

¿Qué es lo que estoy haciendo?

A pesar de sus reivindicativos pensamientos retóricos, algo muy íntimo se rebela contra ese anhelo de normalidad.

 

S:  Ahora en serio. ¿No estás asustada con lo de ese loco? Yo estaría… … uffffh.

K:  Porque tú eres una debilucha. Aun así, seguro que podrías con Derek.

S:  Cómo te pasas tía. Pobre chico. ¿Quieres que hable con él?

K:  Deja-deja. Así está todo bien. Es él quien ha quedado como un cobarde. Solo un        .     cerdo cagón dejaría de lado a su amor por unas simples amenazas.

S:  Amenazas no tía, que lo mandó al hospital.

K:  Pues que hubiera peleado como un hombre y no como una nena.

S:  Dijeron que ese tío era grandote. Puede que le pillara desprevenido.

K:  !Nada! Le hubiera tenido que dejar yo sino… … y sería la mala.

S:  ¿Solo porque le han pegado le dejarías? No es su culpa.

K:  Ya te lo he dicho: a mí me ponen los hombres fuertes que se pelean y ganan sus batallas. Me pone que se peguen, pero me pone mucho más que se peleen por mí y si encima… … si me defienden de una ofensa o de un peligro ya… … me vuelvo loca.

S:  Entonces pídele salir al loco encapuchado; ese se pegó por ti.

K:  Pues ¿Quién sabe?… … Si está bueno…

S:  !¿Qué dices?!  Me dan escalofríos solo de pensarlo.

 

Los pensamientos de Daniel entran en incandescencia y empiezan a brotarle ocurrencias absurdas y descabelladas.

 

-jueves 12 julio-   

 

Conchita reside en la otra mitad del dúplex que compró con Carmen hace más de una década. Fue poco después de que enviudara. Se sentía muy debilitada y se aferró a su hermana mayor, quien ejerció su papel de cuidadora fraternal durante sus peores días. Con el paso de los años, su relación se solidificó y, ahora mismo, Conchi se ha consolidado como el cuarto miembro del núcleo familiar de los Cabrero. No solo es la bisagra perfecta para que sus parientes puedan conciliar su vida laboral con los cuidados del pequeño Pedro, sino que también suele ocuparse en tareas culinarias y de limpieza que la mantienen activa.

Manolo trabaja de vigilante nocturno y Carmen hace turnos de enfermera en el hospital. Son unos horarios muy abruptos, por lo que requieren de la buena de Conchi para que les eche una mano con el niño; sobre todo ahora que ha terminado el curso. En agradecimiento por todas sus labores, dicho matrimonio se ocupa del aprovisionamiento de su cariñosa asistenta familiar.

Hoy, Conchita ha acompañado a Mariela al médico. Su corazón no es demasiado fiable. Sufrió un infarto hace unos meses y ha notado leves arritmias recientemente. Ya conduciendo de vuelta a Buen Monte:

 

CONCHI:    Deberías hacerle más caso al doctor. Él sabe de lo que habla.

MARIELA:  Pero si ya lo hago.

CONCHI:    !Qué va! Comes muy mal y no haces nada de ejercicio.

MARIELA:  Me paso el día de aquí para allá haciendo cosas.

CONCHI:    Eso no es lo mismo que hacer deporte.

 

Protectora e intrusiva como la que más, se esfuerza en mentalizar a su vecina para que no vuelva a tener otro aparatoso percance coronario.

 

CONCHI:    No querrás que tu madre pierda a otra de sus hijas. Piensa que tus genes…

MARIELA:  Ya lo sé. No tengo buenos antecedentes. Aunque la enfermedad de Dolores…

CONCHI:    También sufría del corazón, pero… … ¿Cómo pudo ser algo tan repentino?

MARIELA:  No la diagnosticaron como incurable de un día para otro. Estaba avisada.

CONCHI:    No lo sé. Ese domingo estabais tan tranquilas y el lunes… … patapam.

MARIELA:  Me dijeron que no contara nada a nadie, pero, lo cierto es que, cuando fui a verlas el domingo, el mes pasado, ya estaban muy preocupadas. Mi hermana llevaba tiempo encontrándose mal y había tardado demasiado en ir al médico. Estaban esperando los resultados de unos análisis que terminaron por confirmar sus peores temores al día siguiente.

CONCHI:    Pero… … ¿Qué tardó? ¿Una semana?

MARIELA:  Ingresó el lunes y palmó la madrugada del domingo.

CONCHI:    Ya ves. No cumplió ni una semana de ingreso.

MARIELA:  Tú lo has dicho bien. Tampoco quisimos alargar su agonía artificialmente.

CONCHI:    No te pediré que me vuelvas a decir el nombre de esa enfermedad porque…

MARIELA:  No te esfuerces. Era algo tan raro que no lo volverás a escuchar en la vida.

 

Tras aparcar el coche, se despiden afectuosamente y se dirigen cada una a su hogar.

 

MARIELA:  Dale recuerdos a tu hermana, luego igual me paso a verla.

 

****

 

Katia y Selena han quedado un rato con su amiga Laura, quien vive muy cerca de ellas. En cuanto ha llegado la hora de comer, han regresado a casa para asistir a su protocolaria comilona familiar de mediodía. Ahora mismo están sentadas en el jardín. La sombra de uno de los árboles que delimitan la propiedad de la familia Valverde les da cobijo y les ayuda a combatir el calor de esta mañana veraniega.

 

KATIA:    A este paso, terminará el verano y la piscina todavía no estará operativa.

SELENA:  Imagínate que bien nos vendría un buen bañito ahora.

KATIA:    Ya le vale a papá. Podría haber encargado las obras antes.

SELENA:  No te metas con él. Hay mucho papeleo de por medio: créditos, permisos…

KATIA:    Para variar. Sele defendiendo a su papi. Jaja.

SELENA:  Para ti es fácil. Como no la pagas tú…

KATIA:    Cada año le dan la prima. ¿De qué sirve tanta prudencia?

SELENA:  Hay crisis. ¿Y si no se la hubieran dado? ¿Cómo hubiéramos pagado las obras?

KATIA:    ¿“Hubiéramos”? ¿Acaso tú contribuyes?

SELENA:  Somos una familia; un equipo.

KATIA:    Lo que tú digas guapa.

SELENA:  No te quejes. Todo el agujeraco ya está hecho. No falta casi nada ya.

KATIA:    No sé yo. Espero que, para nuestro cumple, esté lista ya. Para la fiesta.

SELENA:  Ssssssht. ¿lo oyes?

KATIA:    Creo que ese es el coche de mamá.

 

Calladas y con la mirada perdida, intentan averiguar la veracidad de su sospecha. Al otro lado de la casa escuchan una frase que confirma sus sospechas:

 

MARIELA:  Dale recuerdos a tu hermana, luego igual me paso a verla.

 

Las dos se miran cómplices y sonrientes, sin decir nada.

 

S:  Tenía médico hoy, por lo del corazón.

K:  Ya tía. Qué fuerte. ¿Te acuerdas?

S:  Casi se nos muere ese día. Qué locura.

K:  Hablando de locuras. He recibido un nuevo mensaje del loco.

S:  !¿En serio?! ¿Y qué dice?

K:  No lo quieras saber, pero no se lo voy a decir a papá.

S:  ¿Por qué no tía?

K:  Ya está desesperado por protegerme. No me lo quito de encima.

S:  Pero ¿Y si estás en peligro?

K:  Si papá lee eso no me dejará salir de casa, y menos por la noche. No te imaginas lo que me escribía en ese mensaje.

S:  Pásamelo.

K:  Qué va. Lo he borrado. Era enfermizo.

S:  Díselo a papá tía; que lo lleve a la policía. A lo mejor averiguan algo.

K:  Naaah. Si se lo digo no me dejara salir y este sábado toca fiestuky.

S:  Al menos no vuelvas sola a casa que esto queda un poco apartado.

 

Selena es la primera en levantarse. Se golpea las nalgas con las palmas para sacudirse los hierbajos que puedan haber quedado en sus shorts tejanos. Inmediatamente, le echa una mano a su hermana. Están hambrientas y ansiosas por probar el plato que estará preparando su madre.

 

-viernes 13 julio-   

 

Magic vigila la casa, discretamente, entre unos abetos. Por un momento, se ve reflejado en la ventanilla de un coche cercano y no se reconoce. Lleva muchas horas ya sin beber, pero la sobriedad no termina por regresar a su cerebro. Demasiados años de continuo castigo alcohólico han dejado su materia gris reblandecida; aun así, su maltrecha razón le permite darse cuenta de que bien vale la pena cumplir el plan por quinientos €.

Ya ha echado cuentas de cuanta cerveza podrá comprar. Mientras extrapola sus cuentas a los briks de vino, un suceso le llama la atención: Mariela y Selena salen a la calle y se alejan a bordo de su coche familiar.

Ha empezado

Magic mira su reloj Casio y ve como se cumplen las siete de la tarde. Empieza a contar los quince minutos que le ha indicado su instigador. Le asaltan algunas dudas al respecto:

¿Cuáles serán los motivos de ese hombre

disfrazado que me contrató?

¿Quién es él?

¿Para qué un plan tan absurdo?

Asustar a una chica que se está sola en casa

¿Por qué es tan importante que

lleve este pasamontañas rojo?…

Algo no le cuadra a ese tipo cuando contempla extrañado esa peculiar prenda montesa que sostiene, pero en su mente están los quinientos € en primer plano y todo lo demás son simples figurantes secundarios.

¿A quién le importan esas memeces?

Quinientos €. Más dinero del que recuerda haber reunido en su vida; claro que: en cuestión de memoria va más bien cojo. No tiene ningún recuerdo de la infancia ni logra recordar porque le llaman Magic. No recuerda haber tenido ningún familiar ni siquiera un amigo. Su mente concibe la existencia como una eterna estancia en la calle alternando las estaciones del año cíclicamente, acompañado de perros callejeros y otros vagabundos olvidados de la mano de Dios.

Por un momento contempla su entorno: las casas son grandes y bonitas, los jardines frondosos y bien cuidados, las calles limpias y los ostentosos coches que se ven aparcados al lado de la acera se ven muy caros. Un sito residencial como ese no tolerará su presencia durante mucho tiempo.

Faltan solo diez minutos para entrar en acción. No tiene miedo: en su vida de indigente ha sufrido muchas penurias y ya no tiene temores. Nada que perder. Nada de nada.

Mira a su alrededor para asegurarse que ningún vecino le haya echado el ojo. Se trata de la calle más remota de esa tranquila urbanización y no hay demasiado movimiento residencial.

¿Cuál era el nombre de la chica?

¿Carla? ¿Clara? ¿Claudia?…

!Katia! Katiakatiakatiakatia

Magic se ha acercado a la casa y está observando a la niña, discretamente, a través de la ventana que da al comedor. Efectivamente, está sola. Desde el sofá, sin dejar de masticar chicle, está mirando un frívolo programa de canis.

 

****

 

Daniel, estresado dentro de su coche, empieza a arrepentirse seriamente de su plan. Ahora le parece una locura.

¿En qué estaría pensando?

Ahora es demasiado tarde.

Solo puedo proceder como había previsto

Faltan apenas un minuto para que todo empiece. Desde el otro extremo de la calle puede ver, a lo lejos, la puerta de su casa, pero aún no ve a su esbirro.

En ese mismo instante, Katia se sobresalta a causa de unos fuertes golpes que vienen de la puerta principal. Asustada, baja el volumen de la tele hasta que reina el silencio más absoluto. Mientras van llegando miles de temores, unos golpes aún más ensordecedores aturden su estado mental, sumergiéndola en el terror más absoluto.

Está segura de que se trata de ese loco que la acecha. Acercándose, temerosa, a la puerta, con todo su sigilo, no para de temblar. Suplica un “basta por favor” con un susurro imperceptible. Se siente vulnerable, pues no hay nadie más en casa que la pueda defender.

Una calma sostenida deja que la esperanza se asome por debajo de la puerta. Ese silencio perdura hasta que alguien susurra al otro lado de la puerta kAtiaAaAaAhcon una inquietante musicalidad.

La chica empieza a llorar y, tras lograr sobreponerse la parálisis que le imponía su propio pavor, corre hacia su habitación cerrando la puerta con un insignificante pestillo. Coge a su osito protector y dubitativa, agarra el móvil e intenta teclear la pantalla. Superando una enorme imprecisión digital, fruto de sus propios temblores, consigue llamar a su padre.

 

-Hola cariño-   contesta Daniel aparentemente calmado.

-Papaáh, papá, hay-hay alguien que-que quiere entrar en ca-casa-   aterrada.

-!¿Qué dices Katia?!-   con repentina inquietud.

-Creo que-que es el lo-loco, papá, ayúdameeeh-   desesperada.

-No te preocupes amor. Estoy muy cerca. Ya llego-   apresuradamente.

-Date prisa papaaáh, correeeee, por favor, te lo suplico. !!!Aaaaaaaah!!!-

 

Un estruendoso sonido de cristales rotos indica que el intruso ya ha encontrado la manera de entrar. Katia se deshace de Teddy para intentar bloquear la puerta con todas sus fuerzas. Tras unos pocos segundos, Magic intenta entrar en el cuarto de la niña articulando el pomo. Después de una pausa inmóvil, vuelve a cantar el nombre de su víctima de modo amenazador “Katiaaah”. La chica intenta silenciar su llanto estampada al otro lado de la puerta hasta que el intruso lanza un violento grito desquiciado:

 

!!!!KATIAAAAAHHH!!!!

-!!Déjameeeh!!-   tiritando entre lágrimas.

!!!Abre Katia, abre de una vez, tengo que verte preciosa!!!–   pateando la puerta.

-!!Nooooh!! Mngh !!Socorroooo!!!-

 

Finalmente, Magic consigue romper la puerta y la chica cae al suelo. En cuanto consigue ponerle las manos encima, Daniel entra en escena y empieza a golpear al agresor encapuchado.

 

****

 

Una agente de policía intenta consolar a Katia mientras su compañero interroga a Daniel:

 

-¿Y entonces qué hizo usted?-   pregunta el agente Román.

-Yo estaba muy cerca. Al recibir la llamada de socorro de mi hija me di más prisa para llegar. Entonces vi la ventana del comedor rota y entré a toda prisa. Ese animal estaba en la habitación de mi hijita forcejeando encima de ella-

-¿Entonces le golpeó?-   escribiendo en su libreta.

-Todo ocurrió muy deprisa. Nos peleamos. Hubieron muchos puñetazos y patadas. No recuerdo claramente lo ocurrido, solo que finalmente pude con él-

-De acuerdo. Es todo por el momento. Le citaremos para que se pase por la comisaria cuando tengamos el caso bien perfilado. Ya ha llegado la ambulancia. Vaya a que le miren esas heridas y le examinen bien-

 

Katia, sentada en el pequeño muro de piedra que delimita el lateral de su jardín frontal, observa, temblorosa, cómo dos policías introducen a Magic, ya desenmascarado, en el coche patrulla. Sin mucha dilación, se lo llevan rodeando la pequeña glorieta que define el final de su calle. Su visión, borrosa por las lágrimas, se vuelve hacia su heroico padre al tiempo que es atendido por el personal sanitario. No será necesario ingresarlo.

 

-Tienes un padre muy valiente-   le dice la agente que se encuentra junto a ella.

 

Katia no logra responder y rompe a llorar traumatizada. Esa mujer uniformada la abraza compungida.

 

****

 

Por la noche, durante una triangular reunión familiar en la cocina, Mariela se sobrecoge mientras su hija se lo cuenta todo con pelos y señales:

 

-Entonces llegó papá y le dio una paliza al loco-   entusiasmada.

-Sería una buena pelea, por cómo han dejado tu habitación…-   suspira.

-Siií. Entonces me dijo que corriera a casa de Carmen y Manolo y que llamáramos a la policía. Vinieron dos coches patrulla en seguida, y una ambulancia después-

-¿Seguro que estás bien cariño? Vaya susto-   mirándola fijamente.

-Aún estoy asustada, pero ya estoy mejor. Papá me ha salvado-

 

Daniel no interviene en la conversación y se limita a gozar de la admiración de su familia. La culpabilidad se ve ninguneada por el triunfo, pues todo ha salido a pedir de boca.

La policía ha detenido, por fin, al supuesto acosador: un pobre hombre olvidado de Dios, sin oficio ni beneficio, que estará más bien cuidado en la cárcel. Ahí lo alimentarán, le darán cobijo y controlarán su preocupante alcoholismo y su desquiciada salud mental. Estará mucho mejor que en las intempestivas calles del polígono donde solía cruzárselo.

Por otra parte, tiene la sensación de que esos brutales acontecimientos han establecido nuevos lazos entre su queridísima hija y él; al fin y al cabo, ese era el único propósito de su descabellado plan.

No puedo creer que todo haya salido tan bien.

Desde luego, mirándolo en perspectiva,

lo que hecho ha sido una insensatez

imprudente e irresponsable

MARIELA:  ¿Qué dice la policía?

DANIEL:     No tienen ninguna duda de que se trata del mismo tipo que pegó a Derek.

KATIA:       ¿Cómo pueden estar seguros?

DANIEL:     Por lo visto, llevaba el mismo pasamontañas rojo. No tiene muchas luces.

MARIELA:  Vaya. Entonces ¿le encerrarán?

DANIEL:     Sí. Le consideran peligroso. Estará una buena temporada encerrado.

KATIA:       Papá, ¿Has enviado esos mensajes que recuperé de mi correo a la Policía?

DANIEL:     Síí. Su manera de escribir lo delata. Su ortografía es inconfundible. Siempre usa la “k”, la “i” y la “s” de modo incorrecto y no usa signos de puntuación.

 

Daniel se paró, un día, a leer el cartel que Magic sujetaba mientras estaba tirado en la calle pidiendo limosna:

 

****

 

Después de una cena de conversación monotemática, Daniel y Mariela se encuentran en la cama a oscuras y dispuestos a conciliar el sueño; aun así, siguen dando vueltas a lo sucedido:

 

MARIELA:  ¿Cómo pudimos dejarla sola?

DANIEL:     Hacía ya una semana de lo de Derek y no conocíamos más indicios.

MARIELA:  ¿Cómo pudo ser tan inconsciente ella… … para escondernos esos mensajes?

DANIEL:     No lo sé, supongo que no quería preocuparnos.

MARIELA:  Siempre nos había considerado a salvo de cualquier peligro.

DANIEL:     Ya pasó todo cariño. No te preocupes más y duérmete.

 

Se establece un silencio poco sospechoso de ser definitivo hasta que Mariela vuelve a romperlo:

 

MARIELA:  Selena no se lo podía creer cuando la he llamado para explicárselo.

DANIEL:     No me sorprende, no es para menos.

MARIELA:  Y Antonia ni te digo. Querían venirse las dos, pero les he dicho que no.

DANIEL:     Mejor, no me apetece tener a Antonia en casa.

MARIELA:  Suerte que Selena se queda unos días con ella. Antonia está muy triste y le hubiese resultado mucho más duro ocuparse sola de las cosas de Dolores. Y tú… … podrías ser un poco más comprensivo con ella, pobre. Ya sé que habéis tenido vuestros más y vuestros menos, pero, aun así…

 

Un “toc-toc”, proveniente de la puerta entreabierta de la habitación, interrumpe su argumentación.

 

-¿Si?-   pregunta Mariela.

-No puedo dormir. Tengo miedo-   dice Katia con voz infantilizada.

-Ven aquí cariño-   sugiere Daniel.

-¿Puedo dormir con vosotros?-   suplica.

-Aquí estaremos estrechos los tres. Vete a su cuarto Dani-   le ordena la mujer.

-Nooooh, quiero estar con los dos. Hay sitio de sobra-   insiste la pequeña.

-Pero es que tu madre es muy gorda cariño-   protesta cómicamente Daniel.

-Cállate tonto-   le reprocha Mariela echándose a un lado.

-Yo me pongo en medio-   dice Katia, juguetona, mientras salta sobre la cama.

-Valeee, pero no montes mucho escándalo-   le manda su madre.

 

Dani se sulfura ante la situación que se le presenta y se siente desnudo. Apenas viste un gastado pantaloncillo de pijama.

Con tan poco sitio, será difícil conservar mi espacio vital

Se percata de que eso no es un inconveniente tratándose de Katia. A pesar de la presencia de su mujer, no hay nada censurable en el hecho de tener a su miedosa hija tan, tan cerca.

 

MARIELA:  Le estaba contando a tu padre cómo han flipado Antonia y Selena.

KATIA:       Ya lo sé. Sele me ha llamado enseguida en cuando se ha enterado.

DANIEL:     No hay que darle más vueltas. Ya paso todo. Ese loco está entre rejas.

KATIA:       Yaaah papá, pero aún tengo el miedo metido en el cuerpo.

 

Daniel desearía meterle otra cosa en el cuerpo, pero intenta reconducir sus pensamientos para no despertar a la bestia.

 

-¿Tú estás bien? ¿Te duele?-   pregunta Katia, mientras le acaricia suavemente torso.

-Sí. Solo han sido unos golpes cariño-   con la mirada fija en el techo.

-Me has salvado la vida papá, te quiero-   le da un beso fugaz en la boca.

 

Ese gesto es la mejor medicina para la torturada sensibilidad de Daniel. Empieza a notar una inquietud fálica del todo inapropiada para tan inocente situación. Mira a su alrededor y siente su discreción arropada por una oscuridad casi absoluta.

 

MARIELA:  Tienes suerte de tener un padre tan fuerte.

DANIEL:     Al final habrá servido de algo hacer tanto deporte estas últimas semanas.

 

Dani bromea, pero nunca pensó que le costaría tanto derrotar a un vagabundo. Ese apestoso ser habrá recibido muchos golpes en su vida y se habrá visto inmiscuido en numerosas peleas; aun así, no parecía demasiado corpulento. Le asusta pensar en lo que hubiera podido ocurrir de no haberle vencido.

 

KATIA:  Sí. La verdad es que te has puesto muy fuerte papá-

 

La mano derecha de Katia, que reposaba estática sobre el pecho de su padre, se activa para constatar esa última afirmación. Empieza a moverse, en círculos, para reconocer esos pectorales refortalecidos. Dichas caricias se recrean lascivamente y terminan por incidir en los pezones de Daniel, bajo la discreción de ese manto oscuro que les cubre.

 

-No es para tanto-   dice Dani mientras sus dedos se encuentran con los de ella.

-Dice Carmen que cambiaría a su marido por ti-   afirma cómicamente Mariela.

-Ay mamá… … Es que Manolo es un gordo asqueroso-   musicando la frase.

-En el fondo, es un buen tipo-   le defiende él   -Pero con poco interés-

 

Al tiempo que hablan los tres, Katia y su padre hacen manitas en un ritual algo confuso que hace volar las ideas de Daniel.

 

MARIELA:  No me sorprende que Carmen pase tanto rato con Conchi.

DANIEL:     ¿Por qué?

MARIELA:  Pues porque Manolo solo piensa en futbol, en porno o en hacer el vago.

KATIA:       Papá tampoco ayuda mucho en casa.

MARIELA:  Sí. La verdad es que podríamos hacer un cambio de maridos.

KATIA:       Ala mamá. Si papá está mucho más bueno que ese gordo seboso.

 

Katia habla con un tono agudo, vocalizando exageradamente, al tiempo que baja peligrosamente la mano hacia el bajo vientre su padre. La chica está inclinada hacia él, a su izquierda, cuando Mariela argumenta su réplica retóricamente.

 

-Sí. Ya ves. Para lo que me sirve…-

-!Aaaahp!-   aspira la chica sorprendida   -¿Es que no le das lo suyo a mamá?-

 

Katia sujeta, por fin, la polla de su padre bajo el pijama. Dani se esfuerza por mantener esa discreta quietud postural, luchando contra viento y marea, hasta que verbaliza su incomodidad.

 

DANIEL:    Cariñoh, emm.m, no le hables a tu hija de nuestras cosas

KATIA:      Oooh. De que cosas se entera una.

DANIEL:    Cada pareja tienes sus etapas hija.

MARIELA:  Sí, pero algunas etapas se alargan durante meses.

KATIA:      Oh. Papáah. No me lo puedo creer.

DANIEL:    Vamos mujer, no te quejes delante de la niña. ¿No eres tú quien siempre dice que no las tenemos que traumatizar?

KATIA:      Papá ¿De verdad te crees que eso me va a crear un trauma?

 

Katia nota cómo el pene de su padre se endurece cada vez más. Ya muy cachonda, emprende un discreto masaje fálico.

 

-Ya no soy una niña pequeña ¿eh?-   con una voz que contradice esa afirmación.

-Eres la niñita de mamá-   dice su madre abrazándola por la espalda.

 

Mariela apenas puede ver los discretos números luminosos del reloj, en la mesilla de noche, mientras rodea a su niña por la cintura con su grueso brazo.

La chica se siente traviesa y nota cómo se le dispara la adrenalina sin dejar de sujetar ese poderoso miembro relleno de palpitante morbosidad incestuosa.

Daniel se mantiene estático cuando detecta el acercamiento de Mariela. Duda entre sí tomar alguna medida física que le pueda salvar el culo o apostar por la quietud cómo mejor opción para que ella no se dé cuenta de nada.

Katia también opta por permanecer inmóvil. Se dedica a apretar y aflojar ese lujurioso tronco que tiene cautivo en su mano. Nota el modo en que se contrae, su tensada lucha por conseguir la verticalidad, la sangre circulando por su interior…

 

KATIA:       !Qué calor mamá!

MARIELA:  Ay. perdona niña. No quería molestarte con la calidez de mi amor.

KATIA:       No te enfades mamá, ya sabes que te quiero.

MARIELA:  A ver si conciliamos el sueño, que mañana tengo muchas cosas que hacer.

 

Mariela regresa a su pose original, boca arriba, y sus blandas ubres se desparraman, de nuevo, hacia los laterales, gozando de la libertad que les otorga ese ancho camisón blanco. Está muy cansada y se le va la mente por momentos.

Katia vuelve a pajear a su padre, quien ya ha conseguido dejar atrás el susto de tan embarazosa situación, y contempla, por primera vez, las posibilidades que se le ofrecen.

Discretamente mete su mano izquierda bajo el pijama de su hija para alcanzar a esos gloriosos pechos adolescentes.

 

-La cabaña d.del árbol n.no… no s d.de madera-   murmura vagamente Mariela.

-¿De qué es?-   pregunta suavemente Daniel, mofándose.

-D.De cardtón, cartón m.mojado-   aún con una pronuncia más incomprensible.

 

Katia apenas puede contener la risa cuando nota cómo su madre está perdiendo la conciencia entre delirantes ideas caducas. Los últimos vocablos de Mariela carecen ya de cualquier parecido con una palabra y su respiración se torna más pausada y profunda. Cuando Daniel ya se siente a solas con su hija:

 

-¿Qué pijama llevas cariño? ¿Es el de conejitos?-

-Adivina-   todavía riéndose.

 

Sus dedos recorren los márgenes de esa algodonada tela, adentrándose en ellos impunemente, mientras Katia se da la vuelta para darle la espalda.

 

-¿Es el de Nemo?-   se aventura.

-!Ahp! ¿Cómo lo sabes?-   sorprendida.

-Me conozco tus pijamas al milímetro amor-   besuqueando su cuello.

-¿Y los camisones de mamá? ¿También los conoces?-   pícaramente.

-No me hagas esto… No me hagas esto pro favor-   murmura torturado.

-Yo no hago nada malo. Yo soy soltera-   se defiende.

 

Daniel le aprieta los pechos, por debajo la ropa, e intenta abrirse paso, tras esa negra melena, para morderle la oreja.

 

-Toda tú eres mala. Eres la tentación más malvada. Eres el pecado encarnado-

-¿Soy el pecado? ¿Y qué pecado soy?… ¿La envidia?… ¿La ira?… ¿la gula?-

-Siíií. La gula, porque estás para comerte-   se escucha depravado a sí mismo.

 

Las largas inspiraciones de Mariela adquieren ya carácter de ronquidos. Entre tanto, al otro lado de la cama, se aceleran unos movimientos cada vez más legitimados por un sueño tan patente.

 

-Dile a mamá que me prefieres a mí-   susurra Katia.

-Claro que te prefiero, mi vida-   todavía más discreto

-Nooh. Díselo a ella-   abriendo un instante tan inmóvil que parece un fotograma.

-Mariela… … tu hija me pone cachondo-   en voz baja.

-Nooh. Eso no es lo que quiero que digas; además: tiene que ser más fuerte-

 

Daniel se arranca con un nuevo intento mucho más notorio:

 

-Mariela… amo a Katia. Amo cada milímetro de nuestra hija y me muero por hacerle el amor con todas mis fuerzas. La amo y la deseo más de lo que nunca te he deseado a ti-

-No vas a hacerme el amor papá. ¿Cómo se te ocurre? Soy tu hija-

 

La niña sigue jugando al desconcierto, pero Daniel no se deja amedrentar y lucha para bajarle ese pequeño pantaloncillo.

 

-¿Qué haces?-   molesta.

-Te voy a follar-   rotundamente.

-Ni lo sueñes. Cómo te pases grito y despierto a mamá-

-No serás capaz-   desafiante.

-!Socorrooh, Mamaá!-   en un tono que sobrepasa de mucho la broma.

-Sssshhhh-   pronuncia desesperado él, intentando no alcanzar demasiado volumen.

 

Mariela se inmuta mínimamente, pero pronto cae de nuevo en una postura ligeramente diferente a la original.

 

-¿Qué haces? ¿Estás loca?-   susurra escandalizado.

-Es para que veas quien manda. A mí no me vas a violar como a Selena-

-Pero ¿qué dices? Yo.yo.n.no.q.que-   tartamudea nerviosamente.

-No seas tonto… … ¿Te gustaría que estuviera ella aquí?-   sinuosa.

 

Daniel percibe que esa pregunta puede tener trampa.

 

DANIEL:  Noooh. Solo te quiero a ti. Ni siquiera me acuerdo de que tengo otra hija.

KATIA:    ¿Prefieres que esté mamá en lugar de ella?

DANIEL:  Cariño… … dime qué quieres de mí.

KATIA:    Quiero que me digas que soy tu preferida.

DANIEL:  Lo eres cariño. Claro que lo eres. Te quiero más que a nada en el mundo-

 

Katia deja que su padre le suba el pijama hasta que esas preciosas tetas quedan al aire. Sus redondas nalgas, tras ciertos movimientos condicionados, también están libres ya de todo ropaje. Dani no aguanta más. Quiere follarla. Quiere meterse en ese generoso culo más de lo que nunca ha querido nada.

 

-Ponte condón papá. ¿Tienes?-   susurra con cierta urgencia.

-Sí, cariño; en el cajón. Espera-   se apresura en alcanzarlo.

-¿Me dejas que te lo ponga yo? Así practico-   moviéndose ahora a su espalda.

 

No hay espacio, en la saturada mente de Daniel, para que esta petición pueda inquietarle más allá del aquí y ahora.

A oscuras, empieza a entrarle el pánico cuando no los encuentra, pero, finalmente, da con ellos y procede a la apertura.

 

KATIA:  Nonono. Dámelo. Yo lo hago.

 

Al recuperar él su posición horizontal, la chica se le encarama encima, apresándolo con sus muslos, un poco por debajo de la cintura. A Dani le bastan unos pocos segundos de caricias para percatarse que su hija ya no lleva ninguna prenda. Se pregunta:

¿Para que el condón?

¿Es solo por el lubricante?

¿O de verdad quiere follar “bien”?

 

-Aixx-   Katia tiene alguna dificultad.

-Creo que está al revés cariño-   sugiere Daniel palpando con sus dedos.

-A vale, ya está… … Joh papá, la tienes tan dura que no se si alcanzará-   riendo.

-Claro que sí, tonta-

-No me llames tonta-   fingiendo enfado.

 

Un esporádico ronquido de Mariela, anormalmente alto, desata de nuevo sus risas interrumpiéndoles. Daniel nota cómo su niña gatea para besarle en la boca. Katia le mete su dulce lengua tan a dentro cómo alcanza. Luego se acomoda y, como quien no quiere la cosa, empieza a frotarse con él, vapuleando su pene al tiempo que, en el plano superior, le muerde los labios.

Por ahí abajo hay tanta presión y tanta lubricación que Dani no alcanza a estar seguro de nada. Está acostumbrado al holgado boquete de su mujer y eso le provoca ciertas dudas.

Durante ese baboso duelo de lenguas, Katia emite un sugerente gemido que mezcla dolor y placer. Ahora sí: Dani está notando cómo su firme polla se adentra por el húmedo y cálido chocho de su hija hasta lo más hondo. Se trata de una estrecha brecha virginal que nada tiene que ver con la de Mariela.

Katia empieza trotando discretamente; pero, alentados por una calentura desmedida, sus movimientos se transforman, rápidamente, en una feroz cabalgada que zarandea la cama golpeándola contra la pared cada vez con más fuerza.

Mariela sigue roncando cuando su rollizo e inconsciente cuerpo se somete a dicho ajetreo. Katia, ajena al previsible despertar de su madre, sigue a lo suyo y gime, contenidamente, mientras se muerde los labios. Dani siente que la situación se le escapa de las manos en diferentes frentes:

*No es capaz de poner freno a tanta indiscreción.

*Está tan cachondo que se disuelve en un orgasmo prematuro.

Ese clamoroso derrame es tan precoz como placentero. Tanto gozo zarandea su mente y le hace perder el mundo de vista por unos instantes. Al regresar, bajo la luz de mil estrellitas que solo puede ver él, la vergüenza por haberse corrido tan rápido no tarda en tomar las riendas de su magullado raciocinio.

Nota cálidos calambres eléctricos; pues, fruto de un imperativo biológico, tiene la necesidad de detener el indecente y perpetuo trajín de su hija. Katia no sabe estarse quieta, así que su padre la sujeta con fuerza para detener su incesante balanceo.

 

-Ssssssssssshh-   dice Daniel con urgencia.

-Oooh… … ¿Qué te pasa papá? ¿Estás bien?-   sintiéndolo más flojo.

-¿Estás loca? Vas a despertar a mamá-

-Perdona papá, es que… … estoy muy cachonda-   susurra avergonzada.

 

Esa sugerente manera de pronunciar tan lujuriosas palabras hace que Daniel se revele contra la idea de desenfundar ese condón repleto de esperma. Tras asegurarse de que su mujer sigue dormida, vuelve a sujetar los pechos de su hija con fuerza, arrancándole un gimoteo dolorido, convencido de que puede contrarrestar el declive de su arma.

 

-¿Te gustan mis tetas papá?-   susurra retomando su erótico balanceo.

-No te lo puedes imaginar-   disfrutándolas bajo esa opaca oscuridad.

-¿Qué es lo que más te gusta de mí? También tengo un buen culo-   suspirando.

-Tu cuerpo entero, tus babas, tu voz, tu olor, tu…-

-En adelante, quiero que hagas todo lo que yo te ordene-   con tono repelente.

 

Daniel empieza a sospechar lo accidentado del jardín donde se está metiendo, pero, ahora mismo, no puede atender ese asunto. Debe concentrarse en lo buena que está su hija para lograr una erección irrefutable. La tiene dura, pero solo lo suficiente para seguir penetrándola y acompañar esos sinuosos movimientos.

 

-Oh siíií. Papá, Fóllameeh-   sintiendo sus manos rodeándole las nalgas.

-Qué traviesa eres. Eres una niña mala-   cada vez con más confianza.

 

Dani teme por los riesgos de seguir con el mismo condón después de una más que generosa corrida, pero el esclavo papel que está representando no le permite echarse atrás. Decide confiar en ese pedazo de látex y sigue disfrutando de tan excepcional experiencia mientras percibe ya la plenitud de su poderoso miembro viril.

 

-Más despacio cariño. Con cuidado-   sin notar casi los ronquidos de su mujer.

-Es que… … me corro papá-   en voz baja, pero con tono ansioso   -Ooh… ooh… mngh-

 

Katia aprieta con fuerza los pectorales de Daniel al tiempo que se corre conteniendo sus gemidos. Fruto de su peculiaridad, no puede evitar regar a su padre con los flujos de su eyaculación.

Tarda unos segundos en recuperar el habla, aturdida por tan arrolladoras sensaciones, pero finalmente se excusa:

 

-Perdona papá; no lo he podido evitar-   avergonzada.

-No pasa nada cariño. No hay mejor premio para mí-

-¿A ti te falta mucho?-   secándolo con su pijama naranja todavía a oscuras.

 

Dani contempla la posibilidad de terminar ahí, con su hombría en lo más alto, pero, al sentir el leve contoneo de Katia, se disipa rápidamente esa opción.

Su polla sigue peregrinando por el interior de su hija, muy despacio, cuando ella justo empieza a recuperar la normalidad en su respiración acelerada.

 

-Quiero tu culo cariño-   susurra.

-¿Qué?… … No sé… … Mi culo es sagrado-   con voz infantil.

-Y mi polla también. Están hechos el uno para el otro-   insiste.

-Pero la tienes muy grande y… … me harás daño-   haciéndose la víctima.

-No amor, verás cómo no. Seguro que te gusta-

-Ya estoy lo bastante dolorida papá; que es mi primera vez-

 

La conversación fluye a lomos de un lento pero constante movimiento que apenas hace sonar las partes móviles de la cama. Las manos de Dani no cesan en el empeño de reconocer el sublime cuerpo de su hija, como si quisiera asegurarse de que todo permanece en su sitio.

 

-Vamos a tu cuarto pequeña-   ardiendo por dentro.

-No. Tiene que ser aquí; con mamá-   exigente.

-¿Por qué? Aquí no puedo desplegar toda mi potencia-

-¿Y si se despierta y hemos desaparecido los dos?-

-¿Y si se despierta y estamos follando a su lado?-

-Pero papaaaá, cada ronquido nos demuestra que sigue dormida y, si despierta, podemos disimular. Además, me pone muy cachonda hacerlo a su lado-

-En el suelo entonces-   en tono de súplica.

 

Katia lo piensa por un segundo. Todavía le duele el chocho. No le hace falta mirar muy atrás para recordar la violenta transformación que sufrió su padre cuando le dio por el culo a Selena. Sin acabar de salir de dudas pregunta:

 

-¿Y me la meterás por detrás?-   con una vocecilla muy aguda.

-Te la meteré hasta lo más hondo-   amenazante.

-Vale, pero… … ten cuidado-   susurra desprendiéndose de él.

 

Daniel siente una primera sensación de ansiedad al salir del caliente interior de Katia, pero pronto se reconforta al cobrar consciencia de lo que está a punto de hacer. Se deshace, por fin, de esa goma liberando su tranca embadurnada de esperma.

 

-¿Cómo lo hacemos?-   pregunta insegura.

-Apóyate en la cama-   la conduce usando sus caricias.

 

Daniel está al rojo vivo. Un deseo abrasador hace que la delicadeza sea una verdadera ilusión. Katia se siente fuera de lugar, por primera vez, y no sabe exactamente cómo ponerse. Una tupida alfombra proteger sus rodillas ya desde el suelo.

De pronto, y sin previo aviso, nota una repentina y profunda puñalada de carne que la penetra sin darle tiempo siquiera a apretar el ojete. La lubricación que esa tremenda polla traía consigo ha facilitado, notablemente, dicha incursión anal. Katia suelta un gemido agudo y roto, lleno de fragilidad, mientras su padre la sujeta firmemente por la cintura.

En escasos segundos, esa bochornosa actividad se acelera, desbocadamente, junto con sendas respiraciones que, aun intentando ser discretas, dejan escapar algún que otro gemido furtivo. La cama vuelve a moverse, esta vez hacia los laterales, fruto de las violentas embestidas que Daniel le profiere a su hija.

Mariela sigue roncando acunada por ese leve balanceo cuando Katia apenas puede mantener su propio silencio:

 

-MmmMmmMmmM-   sincronizando la intensidad de su voz con cada empuje.

 

La niña se nota rellena y siente arder su ojete infernalmente. Tras unos volátiles minutos imponderables, Dani concentra todas sus fuerzas en follarse a su hijita. Ya ni siquiera respira sintiendo inminente su llegada a meta. Una gran ola de placer y desahogo golpea su mente con vehemencia, alienándolo del escenario y convirtiendo la absoluta oscuridad en el blanco más intenso.

Su sensata prudencia ha quedado muy lejos ya y, presa de esa explosiva sensación, suelta un fuerte grito de alivio que, de un modo muy oclusivo, libera toda la tensión que se había ido acumulando, poco a poco, desde que Katia ha entrado en la habitación.

 

-!¿Qué?! !¿QUÉ?!-   dice Mariela asustada mientras se apresura a encender la luz.

-No cariño !!NOh!!-   Daniel, entra en pánico todavía aturdido.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué chillas así?-   mirándole sin apenas abrir sus párpados.

 

Daniel, desolado, siente que está todo perdido. Se prepara para una dramática lluvia de improperios y agresiones de todo tipo. Mariela aún está algo atontada por un despertar tan brusco y, con los ojos entreabiertos, intenta proteger sus pupilas dilatadas. Él tiene la visión más cegada, si cabe, dado que ha mantenido los ojos abiertos todo el tiempo.

 

-¿Estás bien Dani?-   con un tono mucho más razonable del que cavia esperar.

-Oh, sí. Creo que… …-   todavía repleto de temores con el corazón en un puño.

-¿Dónde está Katia?-   pregunta Mariela extrañada.

 

Esa pregunta es música celestial para los oídos de Daniel, quien se inunda de esperanza pese a tan dramática situación. Katia se ha escondido, rápidamente, debajo de la cama. Tiene el pulso a cien. Completamente desnuda intenta controlar su rápida respiración.

 

-Hace rato que se ha ido a su cuarto-   improvisa.

-¿Y tú? ¿Por qué chillas así? ¿Por qué estás sudando? ¿Por qué estás tan cansado?-

-Ha sido… … una pesadilla, una horrible pesadilla, hasta me he caído de la cama-

 

Dani se sorprende, aliviado, de cómo cuadran sus ocurrencias:

 

DANIEL:     Soñaba que ese loco encapuchado se llevaba a Katia y yo no podía evitarlo.

MARIELA:  Oh, Dani… … parece que lo de hoy te ha afectado más de lo que aparentabas.

DANIEL:     Sí. Me hago el valiente, pero… … la verdad es que he pasado mucho miedo.

MARIELA:  Venga vuelve a la cama y tranquilízate. Ya pasó todo.

 

Ese tono maternal resulta más tranquilizador de lo que ella misma podría llegar a sospechar. En ese momento, Dani cae en la cuenta de que tiene los pantalones a la altura de sus rodillas; sobre la alfombra. Afortunadamente el ángulo de visión de su mujer no alcanza a vislumbrar su desnudez inferior.

 

-Sí… … vale… …  pero apaga la luz-   apoyando ya su cuerpo en el colchón.

 

Daniel está recuperando el aliento aún y hace como que descansa reclinado para ganar tiempo. De pronto, nota que una mano le sujeta la polla con fuerza. La tiene bastante blanda ya, pero todavía notablemente hinchada y enrojecida.

 

-De acuerdo-   dice amablemente Mariela   -pero no vuelvas a asustarme así-

-No, cariño; lo prometo-   sosegado, con su amada oscuridad protectora ya de vuelta.

 

Dani regresa a la cama subiéndose discretamente el pantalón. No puede creer que esté saliendo impune de una fechoría tan imprudente. Aun así, no estará a salvo mientras Katia permanezca en la habitación.

Sumergiéndose en una quietud absoluta, junto a su mujer, afina sus sentidos. Pasados unos largos minutos, no escucha nada. Los esporádicos movimientos de Mariela, que termina de acomodarse en diversas fases, son lo único que mancilla el silencio de ese intransigente negro nocturno. Sus pupilas, algo traumatizadas todavía por la reciente agresión lumínica, le ofrecen una visión rota y opaca que enriquece el suspense de esa turbulenta situación.

Desde la nada, emerge un dulce beso bocal, tan inesperado como silencioso, que no rompe la quietud de Daniel. Mariela aún está despierta, pero la presencia de Katia en la habitación no es perceptible; ni siquiera por su padre, más allá de ese beso mudo de despedida. Apenas es capaz de notar el leve movimiento de la puerta ajustada por la que se escabulle su hija.

 

ENTRE DOS AGUAS

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-viernes 20 julio-

 

Selena está acomodada, en la cama de su habitación, abrazando a Bobby y evocando obnubiladas sensaciones de descanso. Ha estado bien pasar tiempo con la tía Antonia, ayudándola con las cosas de su hermana fallecida, pero ya tenía ganas de volver a la normalidad.

No hay nada como faltar unos días para

disfrutar de la vuelta al dulce hogar

Soñolientas nubes se asoman por el horizonte de su mente, mecida por un sutil oleaje de relajación. Un baño y una buena cena la han dejado como nueva y el tenue canto de los grillos es ahora su banda sonora. Una idea mancha su tranquilidad con salpicaduras de inquietud, reclamando atención desde un rincón de su pensamiento. Mira de reojo a esa espinilla que tiene clavada y que ha intentado obviar hasta el momento:

A papá y a Katia se les ve muy acaramelados…

Desde la locura de la calenturienta fiebre del sábado noche, hace ya más de dos semanas, quedaron de acuerdo, con su hermana, en que tenían que reconducir esa enfermiza situación que tanto se les había ido de las manos. Pactaron la edificación un muro de frialdad que las separase su padre. Algo que les ayudara a salir de ese círculo vicioso donde su decencia caía a en barrena, degradando la integridad de una familia que, por lo demás, se podría calificar como ejemplar. Tenían la firme intención de establecer una normalidad que pusiera fin a esa perniciosa rivalidad amorosa de límites desfigurados.

Pero entonces… ¿A qué venían esas señales tan equívocas?

Katia es su mejor amiga, pero a pesar de ello, sabe de lo que es capaz. No le hace falta remontarse a recuerdos muy lejanos para constatar sus temores. Recuerda que su hermana ya le había insinuado, unos días antes, que pensaba en hablar del asunto con Dani en lugar de actuar como si nunca nada hubiera pasado.

El sueño que flirteaba con ella parece alejarse, poco a poco, a medida que sus elucubraciones sacuden, cada vez con más fuerza, sus oscurecidos mantras.

¿Quién sabe qué puede haber ocurrido mientras yo estaba fuera?

Quisiera estar por encima de todo eso, pero no logra calmar su nerviosismo por muy hondo que respire.

Cada vez que se ve en el espejo, se maravilla de sí misma. No es que sea creída, solo es consciente de lo bien hecha que está. Podría escoger al chico que quisiera. Tiene toda una vida por delante para romper mil y un corazones.

¿Por qué seguir preocupándome por papá?

Eso no me lleva a ninguna parte

Recogiendo y empaquetando las cosas de la difunta tía Dolores, Selena se sintió inyectada por una buena dosis de realidad y de conciencia vital; incluso se notaba más madura. Alejarse unos días de su familia le ayudó a verlo todo con más perspectiva, como quién por fin se sitúa en un mapa.

Antonia, desde su tristeza, resultó ser una fuente de inspiración. Hablaron de muchas cosas y le dio muchos consejos.

Cuesta de imaginar que esa mujer

también fue joven y bella una vez.

Mis genes no son tan distintos;

puede que mi belleza empiece a degradarse

y que en treinta años sea tan espantosa como ella

Será cosa de la edad, o del verano, pero últimamente se siente muy caliente. Sospesa los pros y los contras mientras intenta focalizar sus ardientes ideas en algún chico de su entorno:

 

*Javi me gustaba, pero pasó de mí por Katia y eso no se lo perdono.

*Oscar siempre me va detrás, pero tiene una feminidad que me enfría

*David está colado por Laura, pero si me lo propongo…

 

Un tenue ruido interrumpe su casting mental.

“¿Qué ha sido eso?

La quietud de la noche hace perceptibles cosas que pasarían desapercibidas a plena luz del día. Algo ha sonado en la habitación de su hermana. Un susurro sutil, una risa silenciada, un suave golpe…

¿Puede que Katia esté hablando por teléfono?

Agudizando su oído, le parece escuchar más de una voz. Esas sospechas abren la puerta a un sinfín de insostenibles recelos. Se asoma al dormitorio principal y, en cuanto contempla cómo su madre duerme sola, aspira una gran bocanada de ansiedad.

¿Dónde está papá?

La puerta de la habitación de Katia permanece cerrada. Selena regresa a su cama y pega la oreja a la pared. Tras un minuto de incertidumbre, por fin logra diferenciar la voz de Daniel entre las risitas juguetonas de Katia.

Unos sutiles gemidos empiezan a delatar la vergonzosa carnalidad incestuosa que habita tras ese muro; provocando una mezcla de ira, bochorno e indignación que se apodera de la psique de Selena.

La chica, desquiciada, se plantea el abordar agresivamente la situación: golpeando la puerta del cuarto de su hermana entre gritos. Completamente despechada, también contempla la posibilidad de despertar a su madre para alertarla; pero su propio sentido común reacciona abofeteando su orgullo con futuribles y nefastas consecuencias.

Sin despegar la oreja del papel pintado, percibe el ajetreo creciente al que se somete la cama de Katia. Le acompaña unos femeninos gemidos contenidos que ya han perdido su faceta divertida y que ahora desprenden puro frenesís erótico, infantilizado por un tono tan agudo.

Esa audición parece eternizarse mientras las embestidas se aceleran. Paradójicamente, los gemidos cesan por completo en la recta final, dando un indiscutible protagonismo al revelador sonido del colchón.

Un intenso soplo de desahogo pone fin a esa trepidante escalada y vuelve a dar paso a risas y susurros incomprensibles. El silencio vuelve a ganar terreno hasta que un leve crujido señala la abertura de la prohibitiva puerta de su hermana.

Por un momento, Selena teme, a la vez que desea, que su padre aparezca por el umbral de su habitación. Ese anhelado miedo desaparece, paulatinamente, a medida que transcurren los segundos, dejando sitio a la quietud más absoluta.

De haber estado vivo, Bobby habría muerto de asfixia, estrujado por los tensos brazos de su atormentada dueña.

La chica se sumerge en una odisea de colisiones emocionales y racionales al tiempo que intenta sacar el agua clara:

!¿Cómo es posible?!

Me ausento unos días y

¿eso es lo que me encuentro al volver?

No ha sido solo esta noche… … noOh.

Seguro que no ha sido solo hoy.

Habrán follado constantemente

desde que me fui

 

Miles de airados pensamientos chocan entre sí desprendiendo chispas de odio que salpican a todo el mundo:

 

*a Katia: por romper nuestro fraternal pacto de decencia que incluía una               . inequívoca orden de alejamiento de un metro con papá.

*a Papá: por ser tan deshonesto, pervertido, y caer de nuevo en las garras . de esa zorra mañosa.

*a Mamá: por permanecer roncando en su sueño de ignorancia y no darse cuenta de nada nunca.

*a Selena: a mí misma, por haber sido parte implicada y responsable de que todo haya llegado a este punto.

*a Bobby: a ti también, por tu inerte capacidad de defenderme o consolarme desde tu sonrisa tan ausente de empatía.

 

Tras un sinfín de divagaciones, logra vislumbrar una realidad tan clara como simple:

Fui yo la que decidió salir de este

juego para ser una chica normal.

Decidí relegar esa dichosa noche al olvido.

Nada de lo que ocurra entre

ellos debería afectarme.

No es asunto mío.

Estoy fuera

Unos ojos como platos, fijados en el techo, contradicen a sus elocuentes elucubraciones. No es tan fácil reconfigurar sus esquemas emocionales. Será un arduo camino para su disciplina mental; sobre todo si esos calenturientos tortolitos no dejan de restregarle sus indecentes reyertas carnales por la cara.

 

-sábado 21 julio-

Daniel aprovecha los festivos para trabajar en el jardín. Hoy se ha levantado pronto para escapar del azote solar que aún está por llegar. Mariela, activa como siempre, sigue con su rutina de ama de casa. Son casi las diez de la mañana cuando, en la cocina, la generosa tostadora de los Valverde ofrece otro par de rebanadas calentitas a las más pequeñas de la casa.

 

K:  ¿Quieres otra tostada Sele?

S:   No, no tengo hambre.

K:  ¿A quién más invitamos?

S:   No se tía, este año no tengo muchas ganas de fiestas.

K:  ¿Qué te pasa hoy? Estás muy rara ¿eh? con esa cara…

S:   Será que no he dormido bien.

K:  Pues ya se te pasará. Piensa que dieciséis años solo se cumplen una vez en la vida.

S:   ¿Vas a invitar a Derek?

K:  Mmmm. Sí. Ahora que el loco que lo tenía acojonado está entre rejas…

S:   ¿Vais a volver?

K:  ¿Qué dices tonta? Si lo invito será para estar fabulosa y pasar de él.

S:   A papá le gustará mucho que traigas a todos tus fans.

K:  !Eh! Que también tengo amigas chicas ¿eh?

S:   !Ya!

K:  Tía, ¿qué te pasa? ¿A qué viene este tonito?

S:   No sé, pregúntale a tu novio.

K:  ¿A qué novio?

S:   Al que está en el jardín, recortando los setos.

 

Katia congela su expresión con un flash de perplejidad. Tras unos pocos segundos estáticos, arranca con un tono completamente distinto: susurrando con toda su urgencia.

 

KATIA:      Cállate tía que mamá está por aquí.

SELENA:    Eres una traidora Katia.

KATIA:      No tiene nada que ver contigo.

SELENA:    ¿Cómo qué no? Hicimos un trato.

KATIA:      Solo hablamos de lo que había sucedido, no de lo que podía suceder.

SELENA:    ¿Cómo qué no? Es la misma cosa.

KATIA:      No. Esto diferente. No se trata de nuestro juego. Papá está enamorado de mí.

SELENA:    !Ah!. No me digas. ¿Y de mí no?

KATIA:      !No! !Papá me quiere más a mí!

MARIELA:  Papá os quiere igual a las dos niñas, no seáis tontas.

 

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índice:

  • 003   – Enséñame a besar
  • 020   – Examen mamario
  • 034   – Cantos de sirenas
  • 076   – Cómplice oscuridad
  • 123   – Entre dos aguas
  • 163   – La espada de Damocles
  • 217   – Laguna carnal
  • 252   – Secretos y mentiras
  • 298   – La Bruja Lujuriosa
  • 325   – Efecto Mariposa
  • 345   – Epílogo